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MACROSCOPIO El mismo cajón
Dando pasos para atrás, lo seguro es quedarse en la retaguardia
Por:
Humberto Preti
La problemática que aqueja al país cada día se ve más compleja y de difícil solución; y lejos de dar pasos adelante, hay grupos que están empeñados en mantener el atraso, en detener la inversión, en satanizar las actividades productivas, en apoyar las violaciones a la ley con fines políticos y hasta oponerse a la producción de energía barata, con tal de que el pueblo siga mal y así encuentren eco sus populistas e irreales propuestas a la hora de las campañas políticas.
Hoy se encuentra invadida la reserva privada llamada Parque Las Victorias, en la cuenca del Lago de Atitlán.
En esa región es el único lugar donde existe un bosque virgen y protegido por la empresa privada; los alrededores están totalmente deforestados y erosionados, sembrados de maíz y de zacate.
Ahora, los invasores han comenzado a botar árboles inmisericordemente sin que ninguno de ellos haya sido capturado. Si hubiese sido el propietario el de la tala ilegal, ya estaría en la cárcel, como sucedió con un raleo autorizado en la Sierra de las Minas, donde hasta un director del Conap fue a dar al bote, pero como era una empresa privada había que ver cómo se le destrozaba.
En este caso no vemos a los ambientalistas rasgarse las vestiduras, cuando allí sí peligra el abastecimiento de agua para nueve comunidades del área y la desaparición de nacimientos cristalinos que alimentan la cuenca lacustre más bella del mundo.
Este no es un problema de propiedad. Si lo hubiera, se deberá de resolver en tribunales.
El problema es de tala ilegal y eso es un delito flagrante. Sin embargo, no vemos claro el actuar de las autoridades y así le seguimos poniendo otra banderilla al ya casi moribundo estado de Derecho y provocando el desaliento entre todos aquellos que tienen o pretenden tener una reserva privada.
Estas son las reservas mejor cuidadas del país, no como la Laguna del Tigre. Si hay desalojo de los invasores, ya sabemos quienes saltarán de inmediato a protestar y acusar a policías y propietarios de inhumanos y brutales agresores, aunque lo invasores estén armados. Pero, en fin, son pasos para atrás.
De igual manera, se pretende crear problemas para la inversión en otras actividades económicas, como es el caso de la industria textil. Las oportunidades a raíz del Cafta se comienzan a dar, y varias empresas están buscando entre los socios del tratado dónde fincar sus inversiones, y ya varias empresas no han elegido a Guatemala como el país más amigable para hacer negocios; encima se le ocurre a alguien la feliz idea de que los inversionistas extranjeros sean obligados crear fianzas laborales y que si tienen más de 25 trabajadores la sindicalización sea obligatoria. Qué atraso.
La libertad de asociación es algo que ha sido reconocida por la Organización Internacional del Trabajo y su convenio ratificado por Guatemala. Pretender que haya obligación de sindicalizarse me recuerda la época en que los trabajadores deberían por la fuerza pertenecer al los sindicatos estatales, que eran nada más que un fantoche que servía a los intereses políticos del partido gobernante y jamás pelearon por los intereses de los trabajadores.
La sindicalización obligatoria es tan auténtica como los sindicatos de la China Continental o el único que existe en el paraíso cubano.
Aquí en Guatemala la gente no está sindicalizada porque no quiere. El número de sindicalizados, a pesar del crecimiento del número de sindicatos, se mantiene igual desde hace 10 años.
Mientras que otras formas de asociación crecen, pues los trabajadores consideran que tienen más beneficios.
Proponer sindicalización obligatoria y no dejar que sean los trabajadores los que escojan la forma de asociación que quieran tener, es otro paso atrás.
Guatemala tiene que tener una política agresiva para lograr la inversión masiva que genere empleo y no poner regulaciones que asusten a quienes vienen a poner un parche poroso a nuestro dolores, creando empleo.
Habrá siempre buenos y malos empresarios, pero no por eso vamos a meter a todos en mismo cajón.
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