|
EDITORIAL Bolaños necesita apoyo de colegas
Tiene plena justificación la junta de presidentes centroamericanos anunciada para hoy en el aeropuerto de Managua, con el objeto de dar al presidente Enrique Bolaños el apoyo de sus colegas del Istmo, ante el acoso indigno que sufre desde hace tiempo por una de las mancuernas políticas más nefastas de la historia nicaragüense: Arnoldo Alemán y Daniel Ortega, quienes tienen acorralado al citado mandatario, y con sus actitudes ponen en peligro no sólo la estabilidad de Nicaragua sino la de la región.
Se trata de un caso inaudito, increíble. El presidente Bolaños, como todos los mandatarios centroamericanos, puede ser objeto de críticas válidas por sus equivocaciones y falta de habilidad para mantener aliados.
Su principal fuente de señalamientos es haber sido el vicepresidente del gobierno de Alemán y por ello es difícil creer que no haya estado enterado de al menos algunas de las acciones corruptas de quien por eso fue a parar a la cárcel, de la cual quedó libre como consecuencia del mencionado contubernio con Ortega.
La mayoría, tanto en el parlamento como en la Corte Suprema, de la alianza entre Alemán y Ortega, tienen de rodillas al presidente y con ello al país.
En momentos en que el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos empieza a ser una realidad, la crisis nicaragüense trasciende las fronteras del país y abarca a Centroamérica en su totalidad, porque eventualmente quedaría partida en dos, con efectos de aislamiento para Costa Rica y Panamá, en el sur.
El análisis sereno indica que si Bolaños renuncia a su cargo, agobiado por estas presiones y por el drama familiar de la muerte de un hijo y la enfermedad del otro, Nicaragua entraría en un período de ingobernabilidad a consecuencia de que se disolvería inmediatamente la actual colusión entre liberales y sandinistas.
En todo sentido sería un retroceso que convertiría en inútil el esfuerzo y la valentía de haber sacado a Ortega y compañeros por la vía de los votos.
Sería nefasto el retorno de cualquiera de estos dos personajes, porque abriría las puertas a los verdaderos bandoleros y adalides de la corrupción política.
Los presidentes centroamericanos no solamente se deben conformar con dar muestras de apoyo a su colega, sino gestionar que la Organización de Estados los Americanos o que la misma Organización de las Naciones Unidas manifiesten también su preocupación por lo que ocurre en Nicaragua, donde parece estarse desarrollando una durísima prueba para la democracia como sistema de gobierno viable en el Istmo y, en vista de otros casos, en el continente.
Las elecciones libres no son el único pilar democrático. Tiene que haber un mínimo de respeto a la institucionalidad, y al beneficio colectivo ante los intereses politiqueros y coyunturales de unos pocos.
Lo más lamentable, al analizar este caso, es la evidencia de que no se ha avanzado casi nada en los cuatro lustros pasados desde los primeros gobiernos electos.
Ya una generación centroamericana ha vivido en democracia, y está consciente de estos abusos.
No se les puede criticar, entonces, si deciden apoyar los cantos de sirena de políticos no democráticos.
|