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Revelaciones: “Esquisses“ de Gómez Carrillo
Por:
Margarita Carrera
A menudo me he preguntado de dónde sacaba tiempo Enrique Gómez Carrillo para leer y escribir tanto. Que era bohemio, lo era.
Un bohemio que amanecía en los cafés literarios disfrutando dionisíacamente con sus amigos, al mismo tiempo que hablaba de arte y literatura. Se dice que dormía poco.
Seguramente tenía un horario especial para escribir y leer, ya que su erudición jugaba a la par de su creación.
En Bancafé, se acaba de montar una exposición de todas o casi todas las obras del "Príncipe de los Cronistas".
Algo monumental y hermoso. La Asociación Enrique Gómez Carrillo ha venido publicando muchos de sus títulos.
El último, "Esquisses", contiene breves bosquejos sobre los grandes escritores de su tiempo. El pequeño libro toma como punto de partida la edición de Madrid en 1892. Algo verdaderamente exquisito.
El subtítulo de "Esquisses": "Siluetas de escritores y artistas". Oscar Wilde, Armand Silvestre, Charles Maurras, Paul Verlaine y otros son presentados más allá de la crítica literaria, más acá de la intuición que se funde con la "impresión" (también existe el "impresionismo" en literatura).
Bajo el patrocinio de Bancafé, Magna Terra Editores realizó un trabajo precioso. Ariel Ribeaux aún pudo tener a su cargo el cuidado de esta edición.
Como afrancesado y a la vez cosmopolita, Gómez Carrillo eligió la palabra francesa"esquisses", que significa esbozos, bosquejos, siluetas, advirtiéndonos que "Su título solo, en un idioma extranjero, hará sonreír, con risa de compasión, a la banda de críticos españoles", a los que consideraba pasados de moda.
En su época -nos dice Gómez Carrillo- las escuelas en boga eran: el Simbolismo, el Romanismo, el Psicologismo.
El Naturalismo era visto como caduco. Y eso lo sabían muy bien los literatos jóvenes del Nuevo Continente que trataban de "asimilar nuestra literatura a la literatura nueva de Francia", centro alrededor del cual giraba la modernidad. "Para ellos ya no es un misterio, como lo es en España, la muerte del Naturalismo".
El primer autor seleccionado es Oscar Wilde. De él bosqueja un retrato magistral: "Su manera singular e insinuante de hablar francés...su enorme rostro de adolescente triste y soñador...no es hermoso; pero goza, en su envoltura gigantesca, de cierta distinción especial que atrae las miradas femeninas..."
Gómez Carrillo -que tenía amistad con Wilde- le hacía visitas matinales, yendo a su "deliciosa habitación del boulevar des Capucines". Solía encontrarlo "vestido apenas con una camiseta descotada de lana roja". Su robusto torso de atleta lo hacía pensar "en las figuras inmortales de Rubens" y "Su talle de gigante" le recordaba un retrato de Tourguéniev.
"Sus ojos largos, húmedos y oblicuos, tienen cierta expresión en las pupilas que ni la voz tristeza, ni la voz melancólica alcanzan a denotar; son ojos pálidos...con la palidez en la expresión y no en el color...Y con todo esto, cierto amaneramiento raro, pero natural, que constituye su encanto, por lo menos su expresión original y propia". Pero no se queda atrás el retrato que Enrique hace de Verlaine, de quien también era amigo.
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