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Plástica: El Cristo y la Cruz
Por:
Irma de Luján
Este símbolo cristiano se convirtió en un tema constante del arte.
“Los pies tocan la tierra./ Los tres maderos son de igual altura./ Cristo no está en el medio. Es el tercero./ La negra barba pende sobre su pecho./ El rostro no es el rostro de las láminas./ Es áspero y judío. No lo veo/ y seguiré buscándolo hasta el día último de mis pasos por la tierra./ El hombre quebrantado sufre y calla./ La corona de espinas lo lastiman./ No lo alcanza la befa de la plebe,/ Que ha visto su agonía tantas veces./ La suya o la otro. Da lo mismo./ Cristo en la cruz. Desordenadamente/ piensa en el reino que talvez lo espera, piensa en una mujer que no fue suya./ No le está dado ver la teología,/ la indescifrable Trinidad, los gnósticos./ las catedrales la navaja de Occam,/ la púrpura, la mitra, la liturgia,/ lo conversión de Guthrum por la espada,/ la inquisición, la sangre de los mártires, los atroces cruzadas, Juana de Arco,/ el Vaticano que bendice ejércitos/. Sabe que no es un dios y que es un hombre/ que muere en el día. No le importa./ Le importa el duro hierro de los clavos./ No es un romano. No es un griego. Gime/. Nos ha dejado espléndidas metáforas/ y una doctrina del perdón que puede/ anular el pasado (Esa sentencia/ la escribió un irlandés en una cárcel)./ El alma busca el fin, apresurada. Ha oscurecido un poco/. Ya se ha muerto/. Anda una mosca por la carne quieta/ ¿De que puede servirme que aquel hombre/ haya sufrido, si yo sufro ahora?” (Jorge Luis Borges).
Para el poeta Borges, escribir sobre la crucifixión de Cristo es casi como ensayar una magia y en su lenguaje como siempre misterioso. Menciona a Cristo y a la Cruz siempre unidos. La cruz símbolo de martirio y de la fe cristiana.
La crucifixión como pena capital, surgió probablemente entre los Fenicios. Debido a su crueldad los romanos la reservaron para ejecutar esclavos y criminales. Era tan infamante que no se le aplicaba a los ciudadanos romanos.
En el transcurso del tiempo, a medida que el cristianismo se abrió camino en el mundo, la cruz, que había sido señal de ignominia, instrumento de muerte infamante, se convirtió en símbolo del amor divino y del sacrificio redentor.
Tanto la Natividad como la pasión se convierten en tema esencial en el arte. El Cristo abrumado de dolor y dudas como en la crucifixión de Grunewald, el artista resalta la extrema intensidad emocional muy paralelo al poema de Borges.
El cristo de Velázquez alcanza una serena unidad ambiental alejándose de la retórica barroca. Luca Giordano lo llamó “La Teología de la pintura”, porque igual que la teología es superior a todas las demás ramas del conocimiento, este cuadro es el mejor ejemplo en la pintura.
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