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EDITORIAL No deben renacer los viejos temores
Muchas fueron las secuelas de la guerra interna sufrida por Guatemala durante 36 años, pero entre las más difíciles de superar se encuentra el miedo que, sobre todo en las áreas rurales donde actuó la guerrilla, sienten los hombres, mujeres y niños ante la presencia súbita de personas armadas, con o sin uniforme de fuerzas de seguridad, en especial si van acompañados del ruido de helicópteros y aviones, así como del equipo pesado que se utiliza para estas misiones.
A consecuencia de esto, una de las tareas más importantes cuando se ejecutan actividades que tienen como fin el combate del narcotráfico, o bien la búsqueda de armas que puedan ser utilizadas por el crimen organizado, es no permitir que renazcan los viejos temores y se despierten los recuerdos de hechos que en muchos casos marcaron para siempre la vida de familias -campesinas o no- que residen en las áreas donde hay sospechas que justifiquen la actuación de la fuerza pública.
El tema debe tratarse luego de lo ocurrido el lunes en áreas de Quiché, donde se realizó un operativo de fuerzas de seguridad -por cierto, inefectivo, porque no tuvo el resultado deseado-.
Ya se supo, en esta capital, de casos en que grupos campesinos han iniciado un nuevo éxodo hacia México, de la misma manera como se vieron obligados a hacerlo cuando estaban en su apogeo las hostilidades entre militares y guerrilleros.
El aumento de las actividades del narcotráfico en el país hace que sea necesario planificar operaciones como la aquí comentada. Para ello, las autoridades guatemaltecas pueden actuar con la asesoría y colaboración de los países a los que interesa la disminución o erradicación de todo lo relacionado con el negocio ilícito de las drogas y que tiene como teatro de operaciones a Guatemala. Es conocido que no todos los operativos serán exitosos, y precisamente por ello hay que estar preparados para, literalmente, no asustar a los pobladores.
Los guatemaltecos de todas las clases sociales, etnias, condiciones socioeconómicas y lugares de residencia están de acuerdo en que el Gobierno debe hacer algo respecto de este problema.
Pero muchas veces no se comprende que en esa lucha hay resultados colaterales, que pueden ser muy graves y afectar a personas inocentes, como aquellas que no comprendían el porqué de la presencia de las aeronaves, equipo y personal militar. Es en este campo donde se debe explicar a los ciudadanos cuál ha sido el motivo de las operaciones indicadas, obviamente después de ejecutadas.
Las razones de este temor de las personas residentes en zonas alejadas deben ser explicadas a los guatemaltecos que viven en las áreas urbanas, sobre todo en la capital, porque no tuvieron que afrontar la dura experiencia de vivir la guerra de la manera como se hizo en los departamentos que fueron los campos de batalla.
Hasta en eso hay una división en el país: unos guatemaltecos sufrieron la guerra con crudeza, mientras para otros fue un hecho lejano. No es exagerado exclamar que no se puede consentir el resurgimiento de los fantasmas del dolor.
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