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Guatemala, jueves 24 de agosto de 2006

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Opinión

IDEAS
CubaMitos III

La verdad sólo la sabremos cuando el régimen haya pasado a la historia.
Por: Jorge Jacobs A.

El debate sobre el régimen “fidelista” ha dejado claro que el tema es uno de los más escabrosos de tocar debido a la intolerancia, principalmente por parte de los defensores del autoritario Gobierno isleño.

Aunque el inicio de la discusión fue sobre el tema de Salud, creo que lo más importante no es saber exactamente cuál es el verdadero estado de tal sistema, sino más bien la imposibilidad de saberlo a ciencia cierta precisamente por el velo de misterio que un régimen así tiende sobre todo lo que pasa en la isla.

Otro tema interesante son las incongruencias que saltan hasta por los poros de los defensores del régimen, que en nuestros países supuestamente se rasgan las vestiduras ante la más mínima mención de algún suceso “antidemocrático” o que “viole” los derechos humanos, pero cuando se habla del régimen “fidelista”, entonces la cosa cambia completamente.

El que Fidel se haya mantenido como dictador durante 47 años y que para ajuste de penas herede el trono cual monarca de antaño, no presenta ningún problema “democrático” para estos seudodefensores de la democracia.

El que los ciudadanos cubanos no puedan expresar su oposición al régimen, ni puedan entrar o salir libremente de la isla, tampoco es una violación a los derechos humanos, nuevamente según los seudosdefensores que aquí se horrorizan por cualquier cosa.

El solo hecho de que en Cuba alguien que no está de acuerdo con Fidel sea llamado “disidente” debería ser suficiente para que los “defensores” de los derechos humanos pusieran el grito en el cielo; sin embargo, en su contorsionada escala de “valores”, allá eso es justificable.

El que, por ejemplo, se condene a un “disidente” a 7 años de cárcel por intentar “salir ilegalmente” del país (elPeriódico, 16/08/06, p. 20: “Gustavo Arcos, el compañero de Fidel que se tornó disidente”), tampoco levanta ni una pestaña en los defensores del régimen.

Indistintamente de cómo lo justifiquen, y cómo se justifiquen a sí mismos los incongruentes, lo cierto es que establecer un régimen que va en contra de la acción humana sólo se puede hacer a la fuerza y mantener bajo coacción.

¿Para qué, si no, se necesita todo el aparato de “control” en un Estado totalitario? ¿De qué otra manera se puede concebir que la gente arriesgue incluso su vida por escapar de un régimen así? (Con todo lo que digan sus detractores, por lo menos en el caso de Estados Unidos es para entrar, no para salir, que la gente se arriesga).

La verdad, no espero convencer a nadie con mi argumentación, ya que me quedó muy claro que en este tema no hay argumento que valga. La verdad del régimen, más allá de la propaganda, sólo la conoceremos hasta después de que éste ya sea historia.

P.S.: La presentación que dio origen al debate y la discusión subsiguiente la encuentra en: www.radiopolis.info/foro/viewtopic.php?t=426

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