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SENTIDO COMÚN ¿TLC con el mundo entero?
¿Discriminar a países con los que no hay TLC?
Por:
Manuel F. Ayau Cordón
Poco a poco, vamos caminando hacia un comercio más libre. Algún día se preguntará la gente: ¿cómo pudimos haber sufrido tanto económicamente y por tantos años, como consecuencia de nuestros desaciertos como el de mantener barreras arancelarias que hoy con entusiasmo y esperanzas eliminamos con los tratados de libre comercio (TLC)? Entre tanto, otros países pequeños no tan bien dotados por la naturaleza, pero con economías más libres, prosperaron y prácticamente terminaron con su pobreza.
A los pueblos se les acostumbra plantear, como únicas alternativas, los tratados de libre comercio o, como de costumbre, seguir con las aduanas. Pero esas dos alternativas no son ni han sido ni las únicas ni las mejores opciones.
La mejor opción de todas es la apertura unilateral, la supresión de los pocos impuestos de importación que aún quedan. Esto no lo prohíben los tratados así como tampoco prohíben hacer tratados con todos los demás países. Es decir, la eliminación de nuestras aduanas como acto soberano, indistintamente de lo que otros países hagan. No olvidemos que, al fin y al cabo, los impuestos de importación no los pagan los extranjeros, y los problemas aduaneros los sufrimos nosotros mismos. Ambos son autoinfligidos.
La entrada libre de nuestros productos en los países con quienes tenemos tratados ya está asegurada por los mismos tratados, pues ello ha sido su principal justificación. Lo que ahora nos conviene hacer es eliminar la discriminación hacia el resto de países. El Gobierno no “sacrificaría” ingresos importantes porque con tanto tratado la mayor parte de lo que importamos viene de países con quienes tenemos tratados y, por tanto, no paga impuestos.
¿Por qué no simplemente eliminar los pocos impuestos de importación que quedan y de una vez suprimimos las aduanas, que sólo sirven para encarecer y atrasar abastecimientos de materias primas y repuestos, encarecer mercaderías y aumentar inventarios, amén de fomentar corrupción y contrabando? Debemos eliminar y disminuir los artificiales obstáculos y dificultades que nos hemos impuesto, pues ya afrontamos bastantes retos que son inevitables o naturales, como las distancias, la falta de infraestructura eficiente, la escasez de recursos, etc.
Pero también eliminaríamos un costo que rara vez se toma en cuenta: la discriminación que hacemos contra los países con quienes no tenemos tratados no es gratis. Por ejemplo, algunas veces nos convendría importar algo de algún país donde es más barato, pero con el cual no tenemos tratado, y por lo tanto, paga impuestos; pero lo pedimos a otro país con el que sí tenemos tratado, porque no paga impuestos.
A la persona que importa le podrá salir más barato sólo por el hecho de no pagar impuestos, pero al país le sale más caro. Ocurren casos en que parte de lo que el Gobierno deja de percibir en impuestos de importación sirve para pagar un precio más alto al proveedor del país con el que sí tenemos tratado. Esas distorsiones imprevistas las eliminaríamos si tratáramos a todos los países por igual, libres de impuestos. Exonerar de impuestos lo de unos países discrimina contra los demás países cuyas exportaciones sí pagan impuestos.
Las aduanas son arcaicas hoy día (siempre lo fueron). Son estorbos artificiales autoinfligidos cuyos efectos empobrecedores los seguirá sufriendo el pueblo, pues en tanto existan, seguirán elevando el costo de vida e impidiendo la producción eficiente (productividad) del país.
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