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LA BUENA NOTICIA El fin del mundo
La enseñanza acerca del fin del mundo va siempre acompañada de un llamado a la responsabilidad moral.
Por:
Mario Alberto Molina
En los evangelios encontramos una enseñanza de Jesús, que en algunas épocas de la historia del cristianismo ha traído más desasosiego que serenidad. Se trata de la enseñanza sobre el fin del mundo y la futura venida del mismo Jesús al final de la historia.
Incluso interpretaciones artísticas de esa enseñanza, como el famoso fresco del Juicio Final pintando por Miguel Ángel en la Capilla Sixtina o el himno Dies irae, de la antigua misa de difuntos, y al que Mozart le puso sentimiento musical en su Réquiem, destacan lo temible, lo tremendo de esa enseñanza.
Jesús pronunció su discurso para motivar a los pecadores y a los incrédulos a la conversión. Sin embargo, se trata de una buena noticia, que debe traer alegría, serenidad y paz a los fieles creyentes.
La enseñanza cristiana sobre el fin del mundo es la contraparte de la enseñanza sobre la creación. En las primeras páginas de la Biblia, se nos enseña que todo cuanto existe es creación de Dios, es bueno y hermoso, y está puesto bajo el cuidado de la humanidad y a su servicio.
La enseñanza acerca de la creación destaca que el mundo es un regalo que la humanidad recibe, sin que pueda dar razón plena y cabal de su existencia. Se atribuye al filósofo Kant la afirmación de que la pregunta más importante que puede hacerse un hombre es ¿por qué existe algo en vez de que no exista nada, si una por una, todas las cosas que conocemos pudieran igualmente no existir?
La enseñanza sobre el fin del mundo complementa la enseñanza sobre la creación, al destacar que este mundo hermoso y bueno es frágil y caduco. Las grietas en la creación se ven por doquier.
Son las que Jesús señala como signos del fin del mundo: terremotos e inundaciones, hambres y guerras, cataclismos y calamidades. Esas grietas perennes en la creación muestran su fragilidad y son una llamada de atención para que busquemos un suelo más sólido sobre el cual construir la vida.
Debemos apreciar y agradecer la creación, sin hacer de los bienes de este mundo la razón de nuestra vida.
El suelo sólido sobre el que se puede fundar la vida está más allá de la creación, en su autor, Dios mismo. El anuncio de la futura venida de Jesús glorioso es una afirmación del valor eterno de toda persona.
Dios nos invita a construir una vida que valga la pena, por medio de la conducta éticamente fundada. Por eso, la enseñanza acerca del fin del mundo va siempre acompañada de un llamado a la responsabilidad moral.
Dios nos invita a superar la caducidad del mundo y de nuestra propia vida. De eso se trata, de tomar conciencia de que el sentido y valor de la vida se logran por algo tan al alcance de todos como la responsabilidad moral ante Dios.
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