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El crimen y sus hipótesis
Autoridades de Gobernación diseñan planes de seguridad, con base en obras de connotados sociólogos, sicólogos y criminalistas de fama mundial
Por:
Claudia Méndez Villaseñor
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| Asaltos en autobuses, robos de teléfonos celulares, saqueos de viviendas y otros hechos ilícitos puede prevenirse con una base teórica que defina campos de acción. |
PERIODISMO COMUNITARIO
¿Cuáles son las causas de la delincuencia común? ¿Qué factores influyen en la proliferación del crimen? ¿Dónde se forma un delincuente? ¿Cómo se organiza?, y ¿cómo enfrentarlo?, son preguntas a las que intentan responder las diferentes teorías criminalistas, validadas por connotados sociólogos y sicólogos, y utilizadas por el Viceministerio de Apoyo Comunitario para elaborar la política de seguridad ciudadana del país.
Hugo Frühling, director del Centro de Estudios de Seguridad Ciudadana, de la Universidad de Chile, explicó, en un taller dirigido a personal del Ministerio de Gobernación, cómo el conocimiento teórico puede contribuir a encontrar soluciones prácticas a fenómenos como la delincuencia común, desde la prevención.
En un primer paso, y antes de introducirse en el conocimiento de las teorías vigentes, para el experto resulta fundamental que se comprenda la delincuencia como fenómeno social, multicausal y multidimensional, expresado mediante una conducta que quebranta el orden social.
Frühling resumió las teorías así: sicoanalítica, de la personalidad, del orden social, de la anomia, del desorden social, del aprendizaje social, de la ecología del crimen, y de control y lazos sociales.
También existe la teoría sobre la racionalidad, y una de sus variantes es la de la elección racional y de las actividades rutinarias, entre otras.
Problema complejo
Silvia Vásquez, viceministra de Asuntos Comunitarios, tiene claro que la suma del conocimiento de dichas teorías contribuirá a encontrar una solución viable para el problema, en Guatemala.
Por ejemplo, “la teoría de la anomia (ausencia de ley) se aplica en algunos casos a los hijos de migrantes. Los niños se quedan solos, con los abuelos o los vecinos, a quienes no ven como autoridad. Caen en la transculturación que produce la radio y la televisión, y para ser alguien hay que vestir y calzar artículos de determinada marca, aunque no se posean recursos económicos suficientes para adquirirlos”, dijo.
“Entonces ocurre que se delinque para obtener dinero, porque también se sabe que, por la ineficiencia del sistema judicial, no habrá un castigo considerable”, agregó.
Otra teoría vigente de la criminología clásica percibe al delincuente como una persona normal que calcula los beneficios y riegos que traerá consigo cometer un delito. “Eligen conductas legales o ilegales, de acuerdo con los castigos vigentes. Eso puede explicar la reincidencia”, añadió.
La proliferación de las pandillas juveniles puede ejemplificar este caso.
Estudiosos de este fenómeno atribuyen el origen de esos grupos a una respuesta al abuso y maltrato familiar, pero tal respuesta perdió su naturaleza cuando los jóvenes aprovecharon la organización para delinquir, sin temor al castigo, tras haber comprobado el descalabro del sistema judicial.
La Policía Nacional Civil se queja de que, aun cuando logra capturar a docenas de pandilleros en comisión de delitos, el deficiente trabajo del Ministerio Público permite que los casos no prosperen en los tribunales y que, por ello, los delincuentes queden libres. Algunos jóvenes cuentan en su historial criminal hasta 27 ingresos en los centros de detención.
Rutinas peligrosas
Otras investigaciones criminalistas se centran en descubrir las oportunidades que tiene un individuo para delinquir; a esta teoría se le denomina de actividades rutinarias.
“El delincuente está al acecho; elige a su víctima, porque tiene oportunidad de hacerlo. Tal es el caso de una mujer que debe caminar obligadamente por un sitio oscuro a la misma hora”, ejemplificó Vásquez.
Frühling consideró que la teoría también se puede aplicar en el robo de automotores. “Un sector donde queda un número considerable de vehículos estacionados en la calle puede convertirse en un blanco fácil para la delincuencia”, afirmó.
¿Qué hacer en este caso? Frühling recomendó incentivar el uso de bastones u otros mecanismos de seguridad dentro de los vehículos, pagar estacionamientos privados que proporcionen relativa seguridad, o contratar guardias privados, entre otras medidas.
Sin embargo, las teorías no deben perder de vista el problema estructural que engendra la delincuencia común, y que es la desigualdad y el debilitamiento del estado de Derecho, añadió Vásquez.
Qué hacer: Posibles intervenciones
Los expertos consideran que las acciones preventivas responden a cuatro dicotomías:
Factores estructurales o detonantes: al reducir la pobreza, disminuirá la violencia en el largo plazo. Se logra con la modificación de los incentivos en el mercado laboral, creación de más empleo e incremento de las oportunidades económicas de los jóvenes y mujeres pobres.
Factores sociales y situacionales: crear programas sociales y desarrollar acciones diseñadas para hacer menos rentable el crimen.
Prevención focalizada: acciones que primen el control de armas de fuego y fortalezcan las capacidades de niños en situación de alto riesgo social.
Prevención primaria: programas para prevenir la violencia y delincuencia en escuelas, de infraestructura recreativa, y que promuevan la retención escolar.
Prevención secundaria: dirigida a grupos en riesgo, como pandilleros o drogadictos.
Prevención terciaria: para niños y jóvenes que han delinquido y requieren rehabilitación y apoyo para readaptarse a la sociedad.
Detrás del ilícito
Para intentar explicar el comportamiento delictivo, expertos en conducta humana elaboraron una serie de hipótesis para sustentar la teoría criminalista. A continuación, un resumen de los planteamientos principales.
1.- Sicoanalítica
Señala que la conducta delictiva podría tener sus raíces en anomalías o desórdenes en las etapas de la más temprana infancia del desarrollo emocional (Friendlander 1947, citado por Akers 1997). Esta teoría responde a la corriente sicológica que sostiene que el delincuente común presenta rasgos criminógenos que se manifiestan en su personalidad, y esto predispone a ejercer un comportamiento delictuoso.
2.- De la personalidad
Sostiene que los delincuentes tienen personalidades anormales, inadaptadas o rasgos que se diferencian de aquellos que cumplen las normas. Una variante de esta teoría apunta a que los rasgos de la personalidad en la niñez que después podrían propiciar una conducta delictiva son: impulsividad, agresividad, rebeldía, hostilidad, propensión la peligro, frialdad y desapego emocial al entorno social.
3.- Anomia
Propone que la naturaleza y nivel de la delincuencia en una sociedad reflejan las características centrales de su organización, es decir, de su cultura y su estructura (Messner y Rosenfeld 1996).
De acuerdo con esta teoría, el orden social, la estabilidad y la integración conducen a la conformidad social, y ésta, al cumplimiento de las normas legales. Al contrario, el desorden y la falta de integración promueven la delincuencia.
4.- Aprendizaje social
Según esta teoría, la conducta delictiva es adquirida, repetida y modificada por el mismo proceso que da origen a la conducta. El sociológo Edwin Sutherland (1947, citado por Akers 1997) consideró que la conducta criminal es aprendida en la interacción con otras personas, y que este aprendizaje incluye técnicas para cometer delitos y las orientaciones específicas de los motivos, racionalidad y actitud criminal.
5.- Ecología del delito
Esta teoría hace referencia a que existen áreas urbanas donde existen altas probabilidades de que alguien cometa un delito (Stark 1996). Es decir, que en las ciudades hay lugares o comunidades donde se concentra la delincuencia a causa de las condiciones que presentan, en su mayoría, de hacinamiento y pobreza. También favorece la proliferación de criminales el hecho de que son lugares de tránsito y poseen áreas abandonadas.
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