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Guatemala, domingo 03 de diciembre de 2006

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Además, en esta sección:

EDITORIAL
Una incógnita en Venezuela

Hoy tendrán lugar en Venezuela unas elecciones que ponen a prueba tanto el apoyo de los sectores pobres del país al presidente Hugo Chávez, como la posibilidad de la oposición de lograr que quienes no se han decidido por quién votar, lo hagan por el candidato Manuel Rosales, quien por primera vez representa a la oposición unida y con ello aumenta sus posibilidades de victoria, lo cual no significa en manera alguna que ésta sea fácil.

Chávez tiene una complicada red de apoyo, que incluye una Constitución hecha a la medida; los militares, las autoridades electorales y, sobre todo, un porcentaje aún importante de los sectores populares, que por otra parte señalan en las encuestas estar molestos y preocupados por el aumento notorio de la inseguridad y de la criminalidad, en particular en Caracas y en otros centros urbanos importantes.

En los estratos medios de la población se agregan la rampante corrupción, que coloca a Venezuela en uno de los peores lugares del continente, así como la inflación. Muchos de estos ciudadanos rechazan las actitudes populistas del Gobierno.

Y, por supuesto, los sectores empresariales, académicos y algunos eclesiásticos se encuentran preocupados porque a mediano y largo plazos los pobres empiecen a desbordarse ante el incumplimiento de las promesas del presidente, así como del derroche de dinero en el exterior, como parte de su campaña para construirse una figura de líder mundial.

Seis años más de Chávez en Venezuela significan una válida preocupación por el balance político-social de la región sudamericana. Ecuador acaba de elegir presidente a Rafael Correa, quien se apresuró a expresar públicamente su disposición de estrechar relaciones con el presidente venezolano.

Para Perú, la situación significa algún estado de alerta, lo mismo que para Chile, aunque por razones distintas. Y para Argentina y Brasil, el asunto se complicaría, sobre todo por la amistad entre el presidente Evo Morales y el militar que tiene en Fidel Castro a uno de sus personajes políticos preferidos.

Para Centroamérica, la reiteración de Chávez como mandatario de Venezuela tiene efectos muy importantes, ya que mucho del petróleo importado proviene de esa nación, y a causa de las particularidades de la conducción política chavista, el abastecimiento y el precio podrían afrontar cambios.

Todos estos elementos hacen que sea de gran interés para el área centroamericana y para el resto del continente lo que ocurra en el final de este también sui géneris proceso electoral.

La incógnita principal acerca de este tema no se refiere a una victoria de la oposición, que aún no parece ser tan fuerte como para lograr su objetivo, sino sobre si el actual mandatario venezolano estaría dispuesto a entregar el poder, en caso de que el resultado fuera contundentemente contrario a su interés de continuar su pintoresco régimen.

Para el respeto del voto popular, sería necesaria una acción firme y decidida de la comunidad internacional representada en la Organización de los Estados Americanos, lo cual está por verse.

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Fo
Por: fo@guate.net.gt

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TIEMPO Y DESTINO
¿México dividido por los políticos?

Causas del fenómeno izquierdista latinoamericano.
Por: Luis Morales Chúa

Algunos comentaristas internacionales insisten en afirmar que los resultados de las elecciones presidenciales en México han dejado dividido a ese país.

En verdad, siempre lo ha estado y por mucho tiempo seguirá dividido.

Los citados comentaristas toman como punto de partida la existencia de un gobierno institucional, presidido por Felipe Calderón, y otro paralelo, no oficial, encabezado por Andrés Manuel López Obrador, candidato derrotado en la contienda reciente.

Pero lo cierto es que uno de los dos no es gobierno, sino una manifestación de la dinámica partidista que, en este caso, coloca frente a frente a un partido que representa a grandes sectores populares y otro que es portaestandarte de la opulencia conservadora.

Y en una correcta interpretación de los hechos, no debe hablarse de una división de México ni de los mexicanos, porque el Estado permanece por encima de las corrientes políticas, sea cual fuere la importancia de éstas, de sus éxitos y de sus fiascos electorales.

Lo mismo sucede en todo el mundo, porque el sufragio desemboca siempre en el posicionamiento de dos corrientes partidistas mayoritarias: demócratas y republicanos, en los Estados Unidos de América; conservadores y laboristas, en Gran Bretaña; socialistas y liberales, en España; socialistas y empresarios en Venezuela; liberales y conservadores, en Colombia, etcétera. Y, en términos muy generales, entre izquierdistas y derechistas.

El problema, sin embargo, consiste en definir qué es actualmente la izquierda.

La diferencia -dicen algunos- consiste en que la izquierda tiene como fin fundamental la igualdad; la derecha, en cambio, se bate por el principio de libertad. Definición que resulta chocante para quienes repudian el igualitarismo en cualquiera de sus expresiones. ¿Igualdad? -preguntan airados-. ¿Cuál igualdad, si todos los seres humanos somos diferentes? ¿Igualdad económica? ¡Nada! ¿Cultural? ¡Imposible! ¿Social? ¡Menos!

Y si bien no puede encontrarse pensamiento más ordinario que ése, cierto es que responde a una definida corriente política que casi siempre ha triunfado en todas las elecciones, sean democráticas o antidemocráticas. Pero los principios de igualdad y libertad no se contraponen.

Están indisolublemente unidos, aunque de poco sirvan en la práctica, cuando sobre la razón impera la arbitrariedad; el abuso de poder y la intolerancia, sobre el Derecho.

“En Guatemala -dice el artículo 4o. de nuestra Constitución Política- todos los seres humanos son libres e iguales en dignidad y derechos”.

Y se trata de un texto elaborado por políticos entre los cuales no había izquierdistas. ¿Qué es lo que sucede entonces, electoralmente, estos años en varios países latinoamericanos? Es el predominio de necesidades sociales sobre conceptos políticos; el despertar de los pueblos indígenas; un pulso electoral entre pobres y ricos, entre la escasez y la abundancia, como es evidente en Ecuador, por la lucha cívica entre el multimillonario derechista Álvaro Noboa, considerado el hombre más rico de su país, y el izquierdista Rafael Correa, proveniente de una familia de clase media baja, que nunca tuvo un automóvil y durante muchos años no pudo comprar un televisor a color.

Es lo que el editorial de Prensa Libre, en su edición de ayer, expresa con estas palabras: “Mientras haya estómagos vacíos -por el hambre- y seres humanos heridos en su dignidad -a causa del racismo y la discriminación-, serán infructuosos los esfuerzos por conducir el país hacia el desarrollo sostenido y la convivencia armónica y pacífica”.

Eso es. Nuestros países no están divididos por la política, sino por la opulencia de unos pocos y la pobreza de todos los demás. Y eso marcará, quiérase o no, las elecciones durante el presente siglo, en todas partes. Guatemala ha tomado ya ese camino.

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SENTIDO COMÚN
¿TLC con el mundo entero?

¿Discriminar a países con los que no hay TLC?
Por: Manuel F. Ayau Cordón

Poco a poco, vamos caminando hacia un comercio más libre. Algún día se preguntará la gente: ¿cómo pudimos haber sufrido tanto económicamente y por tantos años, como consecuencia de nuestros desaciertos como el de mantener barreras arancelarias que hoy con entusiasmo y esperanzas eliminamos con los tratados de libre comercio (TLC)? Entre tanto, otros países pequeños no tan bien dotados por la naturaleza, pero con economías más libres, prosperaron y prácticamente terminaron con su pobreza.

A los pueblos se les acostumbra plantear, como únicas alternativas, los tratados de libre comercio o, como de costumbre, seguir con las aduanas. Pero esas dos alternativas no son ni han sido ni las únicas ni las mejores opciones.

La mejor opción de todas es la apertura unilateral, la supresión de los pocos impuestos de importación que aún quedan. Esto no lo prohíben los tratados así como tampoco prohíben hacer tratados con todos los demás países. Es decir, la eliminación de nuestras aduanas como acto soberano, indistintamente de lo que otros países hagan. No olvidemos que, al fin y al cabo, los impuestos de importación no los pagan los extranjeros, y los problemas aduaneros los sufrimos nosotros mismos. Ambos son autoinfligidos.

La entrada libre de nuestros productos en los países con quienes tenemos tratados ya está asegurada por los mismos tratados, pues ello ha sido su principal justificación. Lo que ahora nos conviene hacer es eliminar la discriminación hacia el resto de países. El Gobierno no “sacrificaría” ingresos importantes porque con tanto tratado la mayor parte de lo que importamos viene de países con quienes tenemos tratados y, por tanto, no paga impuestos.

¿Por qué no simplemente eliminar los pocos impuestos de importación que quedan y de una vez suprimimos las aduanas, que sólo sirven para encarecer y atrasar abastecimientos de materias primas y repuestos, encarecer mercaderías y aumentar inventarios, amén de fomentar corrupción y contrabando? Debemos eliminar y disminuir los artificiales obstáculos y dificultades que nos hemos impuesto, pues ya afrontamos bastantes retos que son inevitables o naturales, como las distancias, la falta de infraestructura eficiente, la escasez de recursos, etc.

Pero también eliminaríamos un costo que rara vez se toma en cuenta: la discriminación que hacemos contra los países con quienes no tenemos tratados no es gratis. Por ejemplo, algunas veces nos convendría importar algo de algún país donde es más barato, pero con el cual no tenemos tratado, y por lo tanto, paga impuestos; pero lo pedimos a otro país con el que sí tenemos tratado, porque no paga impuestos.

A la persona que importa le podrá salir más barato sólo por el hecho de no pagar impuestos, pero al país le sale más caro. Ocurren casos en que parte de lo que el Gobierno deja de percibir en impuestos de importación sirve para pagar un precio más alto al proveedor del país con el que sí tenemos tratado. Esas distorsiones imprevistas las eliminaríamos si tratáramos a todos los países por igual, libres de impuestos. Exonerar de impuestos lo de unos países discrimina contra los demás países cuyas exportaciones sí pagan impuestos.

Las aduanas son arcaicas hoy día (siempre lo fueron). Son estorbos artificiales autoinfligidos cuyos efectos empobrecedores los seguirá sufriendo el pueblo, pues en tanto existan, seguirán elevando el costo de vida e impidiendo la producción eficiente (productividad) del país.

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T-MAX
Izquierdas y muros

Mi discurso es más sencillo, pero no por eso vacío.
Por: José Eduardo Zarco

La izquierda en América Latina era y para muchos sigue siendo una tipa con una reputación dudosa, algo así como que una mujer ultrabella, que tiene la peculiar característica de haber poseído un fenomenal glande que fue cortado inmisericordemente por un carnicero que estudió tres años de medicina.

Con tres divorcios y el grave problema de haber perdido aquel falo que hizo a muchos creer que su esencia era bestial, potente, morbosa, desinhibida, lasciva, cochina, atrevida, lamida y pecaminosa en todos los sentidos.

Ese perfil sexo-político incomodó a muchos líderes ideológicamente ateos que se morían de las ganas de tenerla en su dominio, pero que a la hora del momento especial se decepcionaban porque se percataban de que era una equivocación terrible el haber caído bajo los encantos de una izquierda pijuda, que les demostraba que las apariencias engañan y son peligrosas porque en más de una ocasión los que salieron baboseados, y analmente lastimados, fueron los seguidores del principal impulsador de esa señora que ya en Cuba cumplió 47 años, y sigue sorprendiendo a muchos incautos que se sienten menos apenados que las víctimas del pasado, porque simplemente hoy ser gay es in.

Otra anomalía que se le reconoce es la ausencia del placer de cagar en la mañana leyendo el diario que uno elija, porque al único que se tiene acceso es el que dicta el régimen. Esto continúa devaluando a la izquierda inteligente, enemiga de la violadora de coños, que no puede crecer en otras naciones en las que urge sea implementada, querida y respetada, ya que su naturaleza es bella y de mucha sensibilidad social para todos, pero la reputación de la hermana puta bisexual, hija de los Castro, la desprestigia todo el tiempo.

Hoy una de las nietas de la hermana buena, canadiense, es aplaudida por inteligente, justa, y que hace posible que se pueda pensar en la posibilidad de un sueño que los escépticos, los avaros y los adictos al pisto no creen ni quieren creer, nos está diciendo con hechos que en América Latina ella, la inteligente, puede demostrar que es la solución.

Nombres como Chávez, Evo, Lula, Néstor, Bachelet, Ortega y Correa nos entusiasman a quienes consideramos ingrato que en nuestros paisitos centroamericanos abunden tanto los jets como las lombrices en las barrigas de niños que difícilmente llegan a vivir cinco años.

En una reciente entrevista hecha al nuevo presidente de Ecuador, expresó algo que a cualquiera lo pone a pensar un poco más allá. Lea usted las palabras de este líder hijo de la izquierda buena: “La sociedad debe servirse del mercado, porque el mercado como amo es el peor de los tiranos (atención, marroquinistas); no soy comunista, creo en el libre comercio en igualdad de condiciones”.

Mi discurso es más sencillo, pero no por eso vacío. Ahí les va: “A los gringos les dieron ganas de poner un muro al estilo Berlín, para que los mojados se jodan. Están en su derecho, pero entonces, que hoy empiecen a botar las asquerosas jardineras que, gracias a Álvaro Arzú, instalaron frente a su búnker en Guatemala, sobre nuestro paseo de La Reforma.

Si no lo hacen, demostrarán una vez más que son prepotentes y abusivos, y nos continúan viendo como raza inferior. En las manos del alcalde está la decisión; a ver si actúa como hombrecito, y a manera de ayuda, le doy este argumento para los imperialistas: si ustedes ponen un murote que insulta nuestra dignidad, entonces, por favor, sólo háganlo allá, y aquí en NUESTRO país, respeten, cabrones.

Si se atreve, aquí va la respuesta que le van a dar: “Fuck you, pinche frijolero, white trash, go do your shit and never forget who is the boss! Understand?”.

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COLABORACIONES
Protección a enfermos de Sida

En manos de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos se encuentra la decisión de establecer si el Estado guatemalteco está obligado a garantizar la salud y bienestar de quienes padecen VIH.

Cada día mueren cinco personas a causa del sida

El Estado debe cumplir con la asignación del debido presupuesto.

Por: Cristina Calderón*

A diciembre de 2005 se registraron oficialmente nueve mil 172 casos de sida, de los cuales, han muerto mil 10. Se estima que 80 mil personas viven con el VIH. Desde el inicio de esta epidemia en Guatemala, se ha observado falta de voluntad política para dar una respuesta efectiva.

La Constitución Política de la República, en su artículo 1o., señala la obligación del Estado de velar por la vida, la seguridad y la salud de los habitantes del país, y las personas afectadas por el VIH, sin tratamiento a tiempo y permanente, están prácticamente condenadas a muerte. El VIH ya no es una enfermedad mortal, sino crónica, siempre y cuando la persona reciba la atención y tratamiento adecuado.

El Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social ha dejado esa responsabilidad en entes privados y organizaciones no gubernamentales, que se manejan con fondos de países amigos. Esto ha dado como resultado que la mayoría de las personas que viven con el virus en Guatemala no reciban ningún tipo de tratamiento.

En julio de 2002 se interpuso un amparo en la Corte de Constitucionalidad, por 26 personas afectadas y algunas organizaciones, en el cual se demandó atención integral, pero fue denegado. Dada la gravedad y falta de cumplimiento del Estado, se elevó la denuncia a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), no sin antes haber librado una batalla legal, igualmente estéril en Guatemala, con lo cual se logró que lo poco que este gobierno ha estado haciendo sea un paliativo al cumplimiento de su obligación, que debiera ser traducida en acciones concretas y disposición de fondos suficientes para cumplir con ese compromiso.

Con esta demanda a nivel internacional, se ha logrado que se otorguen medidas cautelares a las personas demandantes del caso y que la CIDH lo admitiera para su trámite. También ha servido de presión al sector gubernamental para que reaccione y vislumbre la magnitud de la epidemia.

Falta un largo camino por recorrer, pero la incidencia que conlleva el proceso es un precedente que permitirá parar más muertes. Inicialmente, 49 personas que viven con el VIH demandaron al Estado, seis han muerto durante el proceso.

El Estado asumirá su responsabilidad cuando cumpla con la asignación del debido presupuesto, asegurando la atención integral de forma universal y la correspondiente descentralización de la misma.

* Presidenta de la Fundación Iturbide

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Estado debe velar por derecho a la vida

Debemos reafirmar la obligación de desarrollar campañas de prevención de epidemias.

Por: Frank La Rue*

De todos los derechos fundamentales, el derecho a la vida y a la dignidad humana son los que dan sentido a todos los demás. Es por ello que defender, proteger y prolongar la vida y la calidad de ésta es la obligación fundamental de todo Estado.

Esta concepción es la base del desarrollo de la nueva política de “seguridad humana” planteada por las Naciones Unidas, pues el concepto de “seguridad” es visto en forma circular como toda forma de protección de la vida de los seres humanos.

Es precisamente en este principio que las personas portadoras del VIH/sida tienen el pleno derecho de pedir del Estado que no sólo provea los servicios de atención médica dentro del Sistema de Salud, sino, además, que provea de los medicamentos necesarios para el tratamiento de las personas infectadas, que les permitan prolongar y mantener cierto nivel de calidad de vida.

Desde lo legal, podemos analizar que el Estado es signatario de la Convención Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), en cuyo artículo 1o. se establece: “Los Estados parte en esta Convención se comprometen a respetar los derechos y libertades reconocidos en ella y a garantizar su libre y pleno ejercicio a toda persona que esté sujeta a su jurisdicción, sin discriminación alguna por motivos de raza, color, sexo, idioma, religión, opiniones políticas o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición”, por lo que está obligado a cumplir y garantizar el ejercicio de todos los derechos fundamentales en dicha Convención, en particular, los relativos a la protección de la vida.

Debemos interpretar que, dentro del derecho y acceso a los servicios de salud, se debe priorizar a quienes padecen de alguna enfermedad que atenta contra su vida y su integridad personal.

Debemos reafirmar la obligación de desarrollar campañas masivas de prevención de epidemias y de enfermedades infecto-contagiosas, así como planes nacionales de atención para quienes padecen alguna de estas enfermedades.

En el caso de Guatemala, hay una denuncia y petición ante la CIDH, por 39 personas portadoras del VIH/sida que exigen que, como medida cautelar, el Estado les provea de los medicamentos necesarios.

Este es un caso simbólico que nos hace reflexionar sobre la necesidad y urgencia que tendrán todas las personas portadoras de sida de recibir dicho tratamiento, que no sólo constituye un derecho humano personal, sino una necesidad en las políticas de prevención de las que debemos gozar todos en el país.

*Comisionado presidencial de Derechos Humanos.

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LA BUENA NOTICIA
El fin del mundo

La enseñanza acerca del fin del mundo va siempre acompañada de un llamado a la responsabilidad moral.
Por: Mario Alberto Molina

En los evangelios encontramos una enseñanza de Jesús, que en algunas épocas de la historia del cristianismo ha traído más desasosiego que serenidad. Se trata de la enseñanza sobre el fin del mundo y la futura venida del mismo Jesús al final de la historia.

Incluso interpretaciones artísticas de esa enseñanza, como el famoso fresco del Juicio Final pintando por Miguel Ángel en la Capilla Sixtina o el himno Dies irae, de la antigua misa de difuntos, y al que Mozart le puso sentimiento musical en su Réquiem, destacan lo temible, lo tremendo de esa enseñanza.

Jesús pronunció su discurso para motivar a los pecadores y a los incrédulos a la conversión. Sin embargo, se trata de una buena noticia, que debe traer alegría, serenidad y paz a los fieles creyentes.

La enseñanza cristiana sobre el fin del mundo es la contraparte de la enseñanza sobre la creación. En las primeras páginas de la Biblia, se nos enseña que todo cuanto existe es creación de Dios, es bueno y hermoso, y está puesto bajo el cuidado de la humanidad y a su servicio.

La enseñanza acerca de la creación destaca que el mundo es un regalo que la humanidad recibe, sin que pueda dar razón plena y cabal de su existencia. Se atribuye al filósofo Kant la afirmación de que la pregunta más importante que puede hacerse un hombre es ¿por qué existe algo en vez de que no exista nada, si una por una, todas las cosas que conocemos pudieran igualmente no existir?

La enseñanza sobre el fin del mundo complementa la enseñanza sobre la creación, al destacar que este mundo hermoso y bueno es frágil y caduco. Las grietas en la creación se ven por doquier.

Son las que Jesús señala como signos del fin del mundo: terremotos e inundaciones, hambres y guerras, cataclismos y calamidades. Esas grietas perennes en la creación muestran su fragilidad y son una llamada de atención para que busquemos un suelo más sólido sobre el cual construir la vida.

Debemos apreciar y agradecer la creación, sin hacer de los bienes de este mundo la razón de nuestra vida.

El suelo sólido sobre el que se puede fundar la vida está más allá de la creación, en su autor, Dios mismo. El anuncio de la futura venida de Jesús glorioso es una afirmación del valor eterno de toda persona.

Dios nos invita a construir una vida que valga la pena, por medio de la conducta éticamente fundada. Por eso, la enseñanza acerca del fin del mundo va siempre acompañada de un llamado a la responsabilidad moral.

Dios nos invita a superar la caducidad del mundo y de nuestra propia vida. De eso se trata, de tomar conciencia de que el sentido y valor de la vida se logran por algo tan al alcance de todos como la responsabilidad moral ante Dios.

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