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COLABORACION La importancia de la microempresa
Para observar la presencia de estas microempresas, basta salir a la calle y ver la tienda de la esquina.
Por Atilio Lara y Lara
Hace poco más de 20 años, en compañía de unos amigos, constituimos la Fundación de Asistencia para la Pequeña Empresa (FAPE), con el propósito de atender las necesidades financieras de la población en pobreza, en el sector conocido como “informal” o microempresa.
A lo largo de estos años, FAPE ha financiado muchos proyectos, especialmente a cargo de mujeres.
Cabe señalar que las microempresas mantienen una fuerza laboral que, muchas veces, se ha estimado en dos tercios de la población económicamente activa. Desde luego, no cuentan con tecnología de vanguardia, porque la mayoría trabaja con tecnología propia: una adaptación y modificación a su proceso de producción y un uso intensivo de mano de obra.
Así, pueden fabricar blocks para construcción, textiles, o simplemente dedicarse al comercio.
El impacto de la microempresa en la economía del país se puede calcular por encima de un 30 por ciento del PIB, pero no sólo son trascendentales por su aportación al PIB, también tienen una importancia social por el número de empleos que generan todos los años y el sustento representado para miles de familias.
Pese a nuestro interés en “graduarlos” para que se integren al sector formal y cumplan con todas las regulaciones pertinentes, ello casi nunca es posible por múltiples factores, iniciando en el nivel educativo del microempresario.
Para observar la presencia de estas microempresas en el sistema económico del país, basta salir a la calle y ver la tienda de la esquina, el taller de reparación de calzado, los talleres mecánicos, y muchos más, que todos los días abren sus puertas, acaso sin saber de la importancia para la vida económica del país.
Además, no se trata de empresas que requieran de nueva tecnología, ni de estudios de mercadotecnia; simplemente, se requiere de personas que tengan alguna habilidad o algún oficio, lo aprovechen y, ante la falta de oportunidades y empleo para las mayorías, se autoempleen. Si a ello podemos agregar capacitación y financiamiento, su crecimiento y contribución a la economía del país puede aumentar con gran facilidad.
Es en esas dos áreas: capacitación y financiamiento, FAPE ha basado su apoyo a este importante sector. Una de las estrategias ha sido orientarnos a atender a la microempresa del altiplano central, especialmente mujeres; muchas de ellas, madres solteras y otras que han decidido establecer su negocio en apoyo a la economía familiar.
La metodología empleada proviene, en gran parte, de la experiencia del ahora premio Nobel de la Paz, doctor Muhammad Yunus, creador de la misma y fundador del Grameen Bank en Bangladesh.
Algo más que conviene mencionar es que el nivel de desarrollo de estas empresas y su crecimiento en términos de empleo, utilidades y productividad, es de suma importancia para la economía, ya que se genera un puesto de trabajo.
Ahora bien, las características de sus negocios, los montos de inversión, la tecnología incorporada y las estrategias seguidas para su crecimiento, sugieren que existe una marcada heterogeneidad en el desempeño de los pequeños empresarios y de sus empresas.
Por ejemplo, los microempresarios radicados en la capital son emigrantes que llegaron en busca de mejores oportunidades, o bien, huyendo de la violencia, mientras que en el altiplano generalmente son propietarios de una pequeña parcela, o de una casa, y de alguna maquinaria que les ha servido para iniciar su proyecto.
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