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UCHA´XIK Criminales con suerte
A Pinochet, al igual que a Lucas, la muerte -en agradecimiento- se los llevó antes que la justicia los alcanzara.
Por:
Sam Colop
La muerte se convierte a veces en socia de la injusticia. La muerte de Pinochet frustra, como escribió el columnista de Associated Press que reportó, a los pocos minutos el deceso, las esperanzas de muchos de los familiares de sus víctimas para llevarlo a juicio.
A este criminal que se le atribuyen más de tres mil asesinados por razones políticas y miles de desaparecidos, según aquella información de prensa, escapó de la justicia haciéndose el enfermo, mental y físicamente. Las reacciones no se hicieron esperar ese domingo por la tarde.
La presidenta de la asociación de familiares de las víctimas de aquella dictadura declaró que era irónico que Pinochet falleciera en el Día internacional de los derechos humanos. La presidenta chilena Michelle Bachelet declaró que sería una “violación a su conciencia” atender un funeral de Estado para dicho individuo.
Ante esto, uno se pregunta: ¿para qué haber matado y desaparecido a tanta gente, si al final todos vamos a morir? Además, y en su caso, las cuentas bancarias y los lingotes de oro que se le señalan haber robado, de nada le sirvieron. ¿Para qué tanta riqueza, si en sus últimos días fue un farsante, fingiendo demencia y exagerando los achaques normales de la vejez que, al final, le cobraron la factura?
En términos comparativos, las muertes y desapariciones atribuidas a Pinochet son un número pequeño a lo que el conflicto armado interno produjo en Guatemala. La CEH registró 42 mil 275 víctimas, de las que fue plenamente identificado 83 por ciento de mayas y 17 por ciento de ladinos.
Este dato se basa en testimonios de sobrevivientes que se atrevieron a declarar. Aún así, aquí a ningún genocida se le juzga. Más bien, la justicia ladina, para lavarse las manos, pasa de un tribunal a otro el expediente. A ella se suman, en la arena mediática, ex funcionarios de aquellos gobiernos con la tarea de defender a sus ex jefes acusados de crímenes de lesa humanidad.
Para suerte de quienes buscan justicia, Ríos Montt y sus colegas todavía están “patojos”. Si este genocida llega a la edad de Pinochet, quedarían otros 15 años y, en ese lapso, tal vez llegue a establecerse un verdadero estado de Derecho en el país y la justicia se le aplique.
A Pinochet, al igual que a Lucas García, pareciera que la muerte -en agradecimiento a “su colaboración”- se los llevó antes de que la justicia los alcanzara. El fallecimiento de Pinochet no es motivo de alegría, porque este criminal debió pasar sus últimos años en la cárcel.
El bienestar económico de ciertos grupos chilenos no debe anteponerse al crimen. La justicia debe ser pareja, y su muerte tampoco cierra los procesos porque, como dice el juez Garzón, hay otros responsables, y en España hay 15 personas más asociadas a aquel dictador, quienes están siendo investigadas por genocidio.
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