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EDITORIAL Plausible apoyo contra impunidad
Debido a que la impunidad es una de las peores lacras presentes en la vida cotidiana de Guatemala, la creación de un ente internacional que ayude al país a combatirla debe ser considerada un paso adelante y dársele el beneficio de la duda, ya que se trata de los hechos impunes de hoy, no de los de ayer.
La firma del documento que crea la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (Cicig), realizada ayer en Nueva York entre el vicepresidente Eduardo Stein y el subsecretario de Asuntos Políticos de la ONU, Ibrahim Gambari, puede significar el inicio de una lucha exitosa, prevista para dos años de trabajo.
La impunidad corroe las bases de las sociedades que intentan avanzar en el desarrollo de sus instituciones. No solo consiste en el campo de las violaciones a los derechos humanos, pero es aquí donde se notan más.
En parte, es el resultado de los grupos criminales y organizaciones clandestinas que evitan que la justicia pueda funcionar, amenazan a los ciudadanos, y están de manera directa relacionados con capos, tanto nacionales como extranjeros.
Ya se han reducido enormemente las posibilidades de que estas organizaciones criminales estén vinculadas con el Estado o actúen para cumplir planes preparados con anticipación, como en forma directa o indirecta existieron en el tiempo del largo conflicto armado.
Otra tarea importantísima de la Cicig se refiere a apoyar todo esfuerzo para que los ciudadanos se atrevan a acudir a las instancias legales, con el objetivo de permitir el funcionamiento del sistema.
En este momento, quien lo hace se arriesga de manera demasiado clara a ser víctima de la acción de los criminales. El silencio, como consecuencia del temor, es una de los valladares más altos y, por ello, difíciles de derrumbar.
Es en este campo donde se cumple uno de los objetivos de la Cicig: combatir a aquellos grupos de criminales integrados con posterioridad a la firma de los acuerdos de paz. La principal característica de éstos es que no tienen ninguna sustentación ideológica, sino son nada más criminales interesados en destruir a la sociedad guatemalteca como una entidad organizada, y dejarla a merced de matones y asesinos de toda laya.
Es un hecho positivo que las autoridades de la comisión sean nombradas en el propio seno de la ONU. Eso tiene las ventajas de que no se puede temer la interferencia de gente infiltrada, y al mismo tiempo, a quienes sean nombrados les permite comprender no solo el alcance del problema, sino sus similitudes con otros países y, por tanto, puedan aplicar planes ya comprobados.
Numerosas son los países del mundo en desarrollo que se encuentran apresados bajo el control de lo que se puede convertir en ejércitos privados. No es el caso de Guatemala, por fortuna, pero con el trabajo de la Cicig y la colaboración de ciudadanos y de autoridades nacionales, puede ser la razón por la que ello nunca ocurra en este país.
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CATALEJO La muerte como tema de alegría
La muerte de Pinochet me hizo pensar en la manera como se debe reaccionar cuando se termina la vida de gente como él.
Por:
Mario Antonio Sandoval
EL DOMINGO PASADO, la muerte de Augusto Pinochet me hizo pensar en dos aspectos. Uno, lo inevitable de la finalización de la vida humana. Todos nos moriremos algún día y no podemos hacer nada al respecto. Y dos, si la muerte es también una liberación y la manifestación evidente de la voluntad del Juez Supremo, ¿cuál debe ser la actitud correcta cuando muere alguien a quien queremos o a quien no admiramos, o incluso odiamos por razones talvez válidas o talvez incorrectas? Cuál es, en palabras más sencillas, el imperativo moral ante estos casos. Detenerse a pensar un poco en esto no implica de manera alguna aceptar o apoyar las acciones de quien ha muerto, ni tampoco cubrir con un velo de olvido y de perdón sus actos reprochables.
ANTE LA MUERTE, UN HECHO natural y fatal, es decir, sin posibilidades de cambio, la cualidad humana de la razón debería permitir a hombres y mujeres asumir una posición de hacer un alto en el camino y aceptar esa parte de la vida como uno de los factores imposibles de controlar. Pero no es así. A muchas personas les es imposible evitar colocarse en una actitud de pena y de dolor exagerados porque se cumpla el ciclo de la vida. Pero también es posible lo contrario: la manifestación de alegría por el hecho de la muerte en sí misma. Como si fuera un castigo, como si no todos fuéramos a morir. Esa actitud, al ser analizada con un poco de serenidad, resulta inaceptable y hasta cierto punto la comprobación de un alto nivel de inmadurez.
PENSÉ EN ESTO AL VER LAS fotos, tanto de quienes lloraban la muerte del ex dictador chileno, como de quienes bailaban por las calles de Santiago. Me parece más lógica, porque es explicable, la actitud de quienes lamentan este desenlace porque no permitió el castigo de quien violó los derechos humanos de tantos de sus conciudadanos. Obviamente, los juicios y demás instancias legales dentro y fuera de Chile, deben mantenerse si hay otras personas acusadas, porque tales juicios le permiten funcionar al sistema legal. La muerte no es necesariamente un sinónimo de perdón. Los hechos históricos de los cuales se le acusa están allí y no pueden ser cambiados. Cambiará nada más, con el paso del tiempo, el nivel de emotividad para juzgarlos.
EL JUICIO DE LA HISTORIA es más duro, por ser definitivo. Conforme pasa el tiempo, se pueden explicar las verdaderas causas de las acciones de los grandes personajes de la historia, entre los cuales caben por igual Pinochet o Fidel Castro. La enfermedad del dictador cubano hace pensar en su fallecimiento dentro de un tiempo imposible de ser largo. De hecho, estos dos gobernantes ya son parte de la historia latinoamericana. Pasó su hora. Por eso también me causaría incomodidad ver a gente bailando en las calles de Miami cuando se sepa del fallecimiento de quien gobernó Cuba durante 47 años, antes de demostrar ser nada más un ser humano, pese a todos los amores, los odios, los honores, independientemente de su justificación o no.
ESTA ACEPTACIÓN DE LA muerte no debe implicar un cambio en la actitud personal de uno respecto de quien muere. Señalar esto no es contradictorio, pero por decirlo de otra manera, el odio y el amor deben terminar en un determinado momento. Y la muerte es un buen punto para hacerlo. Con Pinochet se demostró lo evidente: los dictadores son, además, corruptos. Quien manda a matar, o mata, roba también. Punto. Esa verdad será imposible de explicar para quienes aún ahora lo lloran, como lo hacen quienes consideran su muerte como una mala suerte para la justicia. Esto es solo una pequeña prueba de cómo son de complicados los temas relacionados con dictadores y, en general, presidentes y mandatarios de este convulso continente.
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DE MIS NOTAS La adopción es un rescate
No es epitafio o eslogan de campaña política; es la página que lo confronta a usted, a mí, a todos.
Por:
Alfred Kaltschmitt
El niño o la niña tirada en el suelo comiendo basura. Su carita teñida de suciedad y mocos húmedos jugando entre los lloriqueos de otros hermanos, igualmente sumergidos en el cuadro de su paupérrima pobreza.
El padre, tan ausente como la mirada de la madre, concentrada en amamantar a su sexto vástago de 8 meses de edad y la desesperación de saber que está de nuevo embarazada.
Hambre, pobreza, enfermedad, lloriqueos y carencias: ese es el destino de muchos niños semiabandonados en la imposibilidad del buen cuido de sus pobres padres.
Si la sociedad no ventila esa necesidad, y de ella la mano caritativa para resolver el problema no surge, el dolor y la muerte seguirán echando raíces en esta sociedad, que es la suya, la mía, la nuestra.
Abogar por los niños abandonados, los niños no deseados, los niños maltratados, los niños muertos del futuro, los niños de la calle del futuro, los niños maleantes del mañana, los niños prostitutos y prostitutas que ayer fueron eso y hoy son escoria encerrados en Pavones y cárceles de ignominia, no es epitafio o eslogan de campaña política; es la página que lo confronta a usted, a mí, a todos.
¿Seguimos?... Mejor no. Da vergüenza. Y da vergüenza porque frente a mí, en una mesa opuesta en el restaurante del Hotel San Carlos, muy cercano a la embajada estadounidense, en donde se me ocurrió escribir esta columna, está una madre sin vientre propio, sosteniendo a un pequeño entre sus brazos.
Se mece de un lado a otro; su mirada no está perdida, sino totalmente enfocada en el rostro del infante. Su canto de madre adoptiva llega hasta mi mesa, se clava en mi corazón y ya no puedo seguirle el hilo a la reunión de negocios. Pierdo totalmente la concentración y me fijo en el rostro de esa madre, más madre que todas las madres paridas de la tierra.
Esa madre, que ha viajado miles de kilómetros, gastado miles de dólares, tramitado cientos de horas, entrevistado a innumerables burócratas y que hoy sigue tan dispuesta como hace un año, en querer darle la mano del para siempre a uno de esos niños que ayer vivía en ese cuadro que se pinta en todas las regiones del país.
Los dolores de parto no los tuvo unas horas, los ha sufrido durante todos esos meses de ilusiones, de expectativas, de retrasos, de trámites engorrosos y papeleos irreverentes, en donde las contracciones de dolor no venían del útero sino del corazón.
Hoy, sus ojos publican su felicidad. Ha terminado este parto con dolor, creado por la burocracia y la gente bien pensada que con las mejores intenciones genera lo apuesto a lo que apunta. Se lleva al niño a su nuevo hogar.
Un niño es el futuro del planeta. Es una semilla en cuyo gen se encuentran todos los niños del mundo, al infinito. Salvar a un niño es salvar el mundo. A uno solo. Y el amor de una madre y un padre adoptivos puede brillar con igual o más intensidad que los biológicos.
Y si hurgamos más, en la problemática de nuestra realidad tercermundista, la realidad es que la adopción es un rescate. El rescate de un infante condenado a un destino paupérrimo y miserable. Y el encuentro a una dádiva divina de invaluable significado: el amor. El amor de un compromiso de por vida y un destino programado por la mano misma de Dios.
Y por ello, como sociedad, no sólo no debemos impedirlo, sino con agradecimiento favorecer su consumación.
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UCHA´XIK Criminales con suerte
A Pinochet, al igual que a Lucas, la muerte -en agradecimiento- se los llevó antes que la justicia los alcanzara.
Por:
Sam Colop
La muerte se convierte a veces en socia de la injusticia. La muerte de Pinochet frustra, como escribió el columnista de Associated Press que reportó, a los pocos minutos el deceso, las esperanzas de muchos de los familiares de sus víctimas para llevarlo a juicio.
A este criminal que se le atribuyen más de tres mil asesinados por razones políticas y miles de desaparecidos, según aquella información de prensa, escapó de la justicia haciéndose el enfermo, mental y físicamente. Las reacciones no se hicieron esperar ese domingo por la tarde.
La presidenta de la asociación de familiares de las víctimas de aquella dictadura declaró que era irónico que Pinochet falleciera en el Día internacional de los derechos humanos. La presidenta chilena Michelle Bachelet declaró que sería una “violación a su conciencia” atender un funeral de Estado para dicho individuo.
Ante esto, uno se pregunta: ¿para qué haber matado y desaparecido a tanta gente, si al final todos vamos a morir? Además, y en su caso, las cuentas bancarias y los lingotes de oro que se le señalan haber robado, de nada le sirvieron. ¿Para qué tanta riqueza, si en sus últimos días fue un farsante, fingiendo demencia y exagerando los achaques normales de la vejez que, al final, le cobraron la factura?
En términos comparativos, las muertes y desapariciones atribuidas a Pinochet son un número pequeño a lo que el conflicto armado interno produjo en Guatemala. La CEH registró 42 mil 275 víctimas, de las que fue plenamente identificado 83 por ciento de mayas y 17 por ciento de ladinos.
Este dato se basa en testimonios de sobrevivientes que se atrevieron a declarar. Aún así, aquí a ningún genocida se le juzga. Más bien, la justicia ladina, para lavarse las manos, pasa de un tribunal a otro el expediente. A ella se suman, en la arena mediática, ex funcionarios de aquellos gobiernos con la tarea de defender a sus ex jefes acusados de crímenes de lesa humanidad.
Para suerte de quienes buscan justicia, Ríos Montt y sus colegas todavía están “patojos”. Si este genocida llega a la edad de Pinochet, quedarían otros 15 años y, en ese lapso, tal vez llegue a establecerse un verdadero estado de Derecho en el país y la justicia se le aplique.
A Pinochet, al igual que a Lucas García, pareciera que la muerte -en agradecimiento a “su colaboración”- se los llevó antes de que la justicia los alcanzara. El fallecimiento de Pinochet no es motivo de alegría, porque este criminal debió pasar sus últimos años en la cárcel.
El bienestar económico de ciertos grupos chilenos no debe anteponerse al crimen. La justicia debe ser pareja, y su muerte tampoco cierra los procesos porque, como dice el juez Garzón, hay otros responsables, y en España hay 15 personas más asociadas a aquel dictador, quienes están siendo investigadas por genocidio.
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ECLIPSE Futuro patentado
Uno de los casos dramáticos es el referido a la modificación genética.
Por:
Ileana Alamilla
Es irónico que todas y todos estemos preocupados y empeñados a diario por aspectos intrascendentes de la vida. Es un proceso lógico, producto de la cotidianidad y de nuestro involucramiento en actividades básicas y necesarias.
Sin embargo, lo trascendental para la existencia de la humanidad y, por lo tanto, el legado a nuestros descendientes, ni siquiera lo pensamos. No hay tiempo ni es parte de nuestra área de trabajo. Lo dejamos para los desocupados, para los excéntricos y radicales, a quienes muchas veces discriminamos.
Las creaciones de la naturaleza y de la sociedad que heredamos de manera conjunta y libre; las ondas de radio; la madera, los minerales, el aire y el agua; el derecho a tener acceso a las orillas de mares, ríos y lagos; los avances de la ciencia; la creación colectiva y, en general, todo lo que hemos heredado en conjunto y que debemos transferir, sin merma, es lo que se ha dado en llamar “los comunes”.
Todas esas cosas compartidas, perdurables, administradas para el beneficio común a largo plazo, todo ese bien con que contamos y que nos sirve de sustento básico para la existencia, así como el vasto acervo de ciencia, de arte, las costumbres y leyes de la humanidad que son semillero de toda la creatividad humana, son “los comunes”.
Incluyen la comunicación, el lenguaje, Internet, los árboles, los parques, las calles y, por supuesto, la cultura; es decir, todo aquello que, sin percibirlo, lo compartimos.
Pero los comunes ya no son tan colectivos; están siendo acaparados por propietarios, en una peligrosa transgresión de la frontera de lo racional. Pero lo grave es que esto genera enormes desequilibrios y profundiza las desigualdades en las sociedades, gracias a las ambiciones desmedidas causadas por el mercado que, al no tener regulación alguna, es como un gran monstruo, una máquina insaciable que nos devora y avanza sin control, que no entiende de necesidades y de protección, que no se interesa en catástrofes ambientales, riesgos sociales, ni en sensibilidades humanas.
Hay una tendencia al confinamiento de los comunes, que obviamente despoja de su goce y disfrute a la colectividad y pone peligro su existencia.
Uno de los casos dramáticos es el referido a la modificación genética. La quinta y sexta letras del genoma humano ya han sido patentadas. Estamos entonces a las puertas de nuevas empresas de creación de vida, de producción de sociedades artificiales, y todo esto a las mayorías nos es ajeno.
No nos damos cuenta de que los comunes están dejando de ser tales, y que a medida que avancen en su registro, el futuro de la humanidad estará patentado.
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A CONTRALUZ El fin del dictador
Pinochet representa un período de oprobio que nunca más debe repetirse.
Por:
Haroldo Shetemul
EN OCTUBRE DE 1973, pocos días después del golpe de Estado que derrocó a Salvador Allende, un escuadrón del Ejército chileno recorrió ese país con una misión muy concreta: exterminar a los opositores. Ese grupo, que recibió el nombre de “Caravana de la muerte”, se movía en helicóptero e iba de prisión en prisión para ejecutar a los prisioneros, a partir del 11 de septiembre de ese año. Las víctimas eran asesinadas y luego enterradas en tumbas sin nombre. Los familiares recuerdan que en la norteña localidad de Calama, por ejemplo, fueron elegidos al azar 26 prisioneros, a quienes torturaron, fusilaron y enterraron en una fosa común. Ese era el sello personal del régimen de terror que instauró Augusto Pinochet y cuyos métodos criminales extendió a Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, a través del Plan Cóndor.
TREINTA AÑOS DESPUÉS, en noviembre de 2003, Pinochet diría: “¿De qué voy a pedir perdón?”. El dictador jamás se arrepintió de sus crímenes, como sí lo hicieran varios militares del Ejército chileno cuando se enteraron de la magnitud de la devastación que ese régimen produjo en su país: tres mil asesinados, 35 mil torturados y 800 mil exiliados. Esa deuda con la justicia le habría jugado una mala pasada con su muerte, ya que ésta ocurrió en el Día internacional de los derechos humanos. En efecto, el tirano logró escabullirse de los tribunales y falleció sin conocer la cárcel que le correspondía. La única vez que la pasó mal fue entre octubre de 1998 y marzo de 2000, cuando estuvo bajo arresto domiciliario en Londres, luego de que el juez Baltasar Garzón pidiera su extradición a España por numerosas acusaciones judiciales.
PERO SI LA IZQUIERDA definía a Pinochet como un criminal, la derecha lo presentaba como un estadista que refundó la República chilena y eliminó el estado de bienestar. La dictadura les permitió a los Chicago Boys aplicar las enseñanzas de Milton Friedman para liberalizar la economía chilena, la cual fue publicitada como el modelo que seguir por las decadentes economías latinoamericanas. Para la derecha, no importaba que esa economía se hubiera levantado sobre los cadáveres de miles de opositores, ni que casi regalaran las empresas estatales. Pinochet era un dios, un intocable, porque hasta entonces navegaba con bandera de haber sido muy honrado.
“ESTE ES UN GOBIERNO honorable. Por eso es que el pueblo chileno nos apoya. Y cuando yo tenga que irme, llegaré hasta la notaría y retiraré mi sobre con mis haberes, nada más. Incluso, a lo mejor me voy con menos de lo que tenía cuando asumí este cargo”, dijo Pinochet, el 13 de septiembre de 1975. Esa imagen incólume, de adalid del anticomunismo y la honradez, se hizo añicos 30 años después. En 2005, un informe de la Subcomisión de Investigaciones del Senado de Estados Unidos reveló que el tirano había abierto 125 cuentas bancarias y depósitos en, al menos, siete bancos norteamericanos para guardar unos US$40 millones. La investigación determinó que el Riggs Bank actuó como banquero personal de Pinochet, y le ayudó a ocultar y trasladar fondos que provenían del Estado chileno. Se descubría públicamente que Pinochet había sido un corrupto que se sirvió de su poder ilimitado para robarle al pueblo chileno.
HOY YA NO EXISTE MÁS. Pinochet ha muerto sin que la justicia lo condenara por sus crímenes ni por su corruptela. Sin embargo, aún queda pendiente definir cuál será el destino de esa inmensa fortuna que amasó y que elegantemente recibiría el nombre de riqueza inexplicable. Ahora, la lucha deberá ir dirigida a que sus familiares no puedan disfrutar de esos fondos provenientes de la corrupción, y que deben ser empleados para resarcir a las víctimas de su tenebroso régimen. Es difícil esperar que descanse en paz; quizá lo mejor sea pedir que sus víctimas descansen en paz, porque ha muerto el victimario.
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CARA PARENS ¿Guate-malos?
Vivimos en una sociedad que inspira desconfianza.
Por:
Hosy Orozco
La reciente encuesta sobre los “modelos mentales de los guatemaltecos”, patrocinada por Prensa Libre y realizada por la firma Vox Latina, fue una gran intuición, y sus resultados, muy importantes y críticos.
La mayoría de personas encuestadas, concluye el informe, concibe a los guatemaltecos como “pesimistas, inseguros, temerosos, no aceptan sus errores, dicen mentiras y son envidiosos”.
Esta es una situación social muy grave; refleja que vivimos en una sociedad que inspira desconfianza, de la que no estamos satisfechos y que, por tanto, necesita ser sanada. Sanar esta sociedad supone, entre otras acciones, modificar los modelos mentales negativos de los guatemaltecos. Pero éstos son difíciles de modificar, porque son supuestos hondamente arraigados en nuestro inconsciente, fruto de nuestras anteriores experiencias personales.
Muy seguramente, las personas encuestadas contestaron que los “otros” guatemaltecos tienen todos esos defectos, pero ninguno de ellos aceptaría que personalmente es así, ni que conscientemente deba cambiar algo de ello.
Otro aspecto delicado de los modelos mentales es que actúan como una especie de “anteojos”, que nos hacen ver, interpretar y actuar en la realidad de cierta manera. Aún más: somos el fruto de nuestros modelos mentales.
Así, la actual investigación sicoeducativa ha determinado que nuestros esquemas y modelos mentales personales nos facilitan o impiden comprender y aprender determinado contenido educativo, y le dotan de distinto significado.
Por citar un ejemplo, el estudio del conflicto armado de Guatemala tiene un significado sicológico diferente para un miembro de uno u otro bandos, para alguien que perdió a un familiar durante dicho conflicto, o para quien no lo vivió. Cada individuo tiene su propia versión y valoración del mismo acontecimiento.
Por esta razón, la esencia de la educación, si de verdad pretende educar, supone originar cambios, conflictos y reacomodos en los esquemas y modelos mentales de los estudiantes.
Por ello, en la formación y actualización de los educadores, el tema de los esquemas y modelos mentales es un imperativo. El proyecto GuateÁmala y el nuevo proyecto de seminario del Mineduc son buenos esfuerzos en este sentido, pero hace falta más que eso.
Es necesario convocar a influyentes comunicadores, educadores, líderes sociales, religiosos y políticos, para buscar una estrategia educativa nacional que permita revertir estos tristes “modelos mentales de los guatemaltecos”.
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OPINIÓN DE LOS LECTORES Educación: Útiles escolares
Por:
Cartas
Sería bueno que el Ministerio de Educación revisara y regulara la enorme cantidad de útiles que los colegios y escuelas piden a los educandos. No importa si los niños van para párvulos, las listas son excesivas y ridículas, y hay que comprarlo todo, a toda costa, a principios de año, como si lo fueran a utilizar el primer día o como si después de enero fueran a cerrar las librerías.
He tenido la oportunidad de visitar alguna librería en enero, y aquello es caótico. ¿Por qué no planifican las listas de útiles por orden prioritario? Además, algunos centros educativos especifican en qué librería hay que comprarlos.
¿Acaso les dan algún porcentaje? Muchos padres de familia hacen sacrificios para inscribir a sus hijos en colegios privados, pero eso no significa que sean acaudalados. Se deberían crear bibliotecas en las escuelas públicas y privadas, para que los estudiantes dispongan de fuentes de consulta, sin tener que tener que adquirir todos los libros, y para que se les inculque el buen hábito de la lectura.
Rita Corado, corita_54@yahoo.com
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Cuentas: ¿Dónde está el dinero?
La Junta Monetaria pide tiempo y paciencia para informarnos en qué banco podemos solucionar el asunto de los fondos de pensiones y las cuentas en dólares que muchos adquirimos en el ahora extinto Bancafé. Sin embargo, los días pasan y no se ve nada claro; al contrario, nos piden que paguemos las deudas (financiamientos, préstamos o seguros), que ya fueron trasladadas a otros bancos del sistema nacional, pero nuestro dinero sigue sin aparecer.
¿Qué pasa? ¿Acaso piensan que, al pasar los meses, nos vamos a olvidar de que un día tuvimos ese dinero? Exigimos una respuesta clara, que vaya acompañada de acciones. Queremos ver nuestro dinero en algún banco, cualquiera que sea, pero que exista.
Mónica Martínez, monicamar_13@yahoo.com
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Información: Control de visitantes
En relación con la carta que el señor Rolando Gómez Sánchez publicó el 4 de diciembre último, en esta sección, la gerencia del parque Xocomil, del Instituto de Recreación de los Trabajadores (Irtra), informa sobre lo que realmente ocurrió:
El señor Gómez visitó nuestras instalaciones. A las 11.15 horas se presentó a las oficinas administrativas, para reportar que había dejado sus pertenencias en la entrada del parque.
Éste ofrece el servicio de casilleros, donde se pueden guardar efectos personales y evitar este tipo de incidentes, ya que la administración no se hace responsable de objetos que los visitantes abandonen en algún lugar de las instalaciones.
Se procedió, no obstante, a realizar la búsqueda de la mochila olvidada, y se logró recuperar. Ésta había sido tomada por dos niños, y se les sorprendió revisándola en el vestidor de caballeros.
Se solicitó entonces la presencia del afectado en las oficinas administrativas, a fin de entregarle sus pertenencias; y, después de haber revisado que todo estuviera completo, el señor Gómez se retiró satisfecho. Queda demostrado que, a pesar de manejar un número importante de visitantes en el parque Xocomil, no se pierde el control, como queda constancia en este caso en particular.
Relaciones públicas, Irtra
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Infraestructura: Vecinos sin respuesta
La Asociación de Vecinos de Kaminal Juyú 1 está inscrita en el Registro Civil, folios 114 a 127, tomo 286, desde el año 2000. A pesar de haber presentado varias solicitudes a la municipalidad capitalina sobre varias obras de infraestructura, hasta ahora no hemos obtenido respuesta.
Rosario de León S., I-9 41,834
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Pasarelas: Olvidan a peatones
Las municipalidades de Guatemala y Villa Nueva se llenan la boca diciendo que velan por el bienestar de sus vecinos; sin embargo, para inaugurar el Transmetro, han eliminado las pasarelas de la 20 calle y calzada Aguilar Batres, entrada a Monte María, zona 12, sin importarles qué va a suceder con el paso de peatones.
Llora sangre que sendos jefes ediles, orgullosos de sus jardines y flores, actúen sin pensar en los más necesitados, y olviden las medidas preventivas. ¿Quién se ocupa de las familias de los hoy atropellados y fallecidos por falta de planificación?
Aldo Bonilla V., A-1 88,425
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Embotellamientos: Se necesita puente
Cansa y desespera a los conductores el atasco diario en la carretera de Boca del Monte a la capital, a pesar de que no es época escolar. Aunque la Policía Municipal de Tránsito de Villa Canales dirige la circulación para mayor fluidez, su intervención no es suficiente entre las 6 y 8 horas.
Urge una solución de mayor envergadura, como un puente entre Villa Canales y la capital. Por esta razón, se solicita al Ministerio de Comunicaciones y a la Municipalidad de Villa Canales que tomen en cuenta esta sugerencia, con el fin de resolver este problema.
Manuel Ramírez, A-1 53,139
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Actitudes: Negligencia
La palabra negligencia se utiliza muy raramente en nuestro lenguaje cotidiano, pero es la actitud y el modelo de comportamiento más común en nuestra sociedad. ¿De dónde la adquirimos? Nadie lo sabe, pero esta actitud nos ha hecho pagar un precio que no puede cuantificarse.
Algunos ejemplos: perdimos Belice por negligencia, pues siempre se dejó para el gobierno siguiente la solución del problema. Al final, nada se arregló.
Mantenemos el grueso de nuestra población con hambre e ignorancia, por la misma razón.
Lo mismo vemos con la actitud de no enfrentar la delincuencia, la corrupción, etcétera. ¿Qué precio pagamos? La ausencia de paz, confianza y progreso.
Sólo imaginémonos si no fuéramos negligentes: Guatemala, con tantos recursos naturales, ofrecería abundancia de trabajo a sus ciudadanos. Nuestra belleza natural atraería a millones de turistas, lo que fortalecería la economía, y el guatemalteco podría disfrutar de la vida a cualquier hora, sin temores.
Pronto iniciaremos otro período electoral. El régimen saliente abundó en negligencia, que heredará el próximo; y, si nos abstenemos de votar o de participar, perderemos todo.
Debemos estar de un lado o del otro, pero nunca permanecer inactivos. Debemos ser democráticos para intercambiar ideas, pero ser exigentes para lograr que se cumpla lo acordado.
Reflexionemos en esta temporada navideña.
Luis Avilés, luis_aviles@yahoo.com.
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