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Guatemala, jueves 14 de diciembre de 2006

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Opinión

HORIZONTES
Augusto Pinochet

El debate alrededor de Augusto Pinochet no quedará cerrado.
Por: Francisco Beltranena.

Con la muerte de Augusto Pinochet Ugarte desaparece una de las figuras que marcaron la historia latinoamericana en siglo XX. Pinochet, ex comandante en jefe del Ejército y ex Presidente de la República de Chile, es objetivamente la personalidad chilena que mayor impacto produjo en la historia mundial reciente.

Todo esto lo ratifica de manera plausible, para bien o para mal, la controversia que ha provocado su fallecimiento en los principales medios de comunicación del orbe. Todos los juicios emitidos están, por demás, ardorosamente divididos entre partidarios y adversarios, entre admiradores y enemigos, hoy por hoy, irreconciliables.

Nada de esto es de extrañar, ya que las divisiones del pueblo chileno no se dieron a partir de Pinochet, sino más bien desde la década de los 1960, momento en el que la Revolución Cubana quiso encontrar entre los marxistas chilenos su émulo.

El Ejército y las Fuerzas Armadas de Chile actuaron en su momento ante la insoluble situación a la que había llevado el conflicto que la sociedad civil y política no lograron superar por medio de los causes constitucionales. Allende no escuchó a nadie.

Su ruta estaba marcada y el derrotero que perseguía era el totalitarismo marxista. De nada sirvieron la intervención y gestiones ante el presidente Allende de la Corte Suprema de Justicia, del Congreso, del ex presidente Eduardo Frei Montalvo e incluso del que en ese entonces era presidente del Partido Democracia Cristiana, Patricio Alwyn.

Pinochet y las Fuerzas Armadas de Chile intervinieron ante una crisis que para ese momento estaba fuera de control. Debemos ser francos ante el siglo XXI y aquellos que no lo vivieron. La intervención de las Fuerzas Armadas en Chile, no obstante su altísimo costo en cuanto a imagen e incomprensión por parte del mundo, evitó a Chile una guerra civil, la que seguramente hubiera sido muy sangrienta o la caída de esa, hoy pujante nación, en totalitarismo marxista.

Chile recibió como legado de su gestión un modelo emprendedor basado en la libertad individual y el derecho a la propiedad, valores que en 1973 se hallaban en imposibilidad de ejercerse. De esto, surgió un modelo económico que resucitó al país y que todavía hoy conserva la Concertación.

El legado positivo de Pinochet se lleva la sombra y gravemente lo compromete por la inadmisible violación de los derechos humanos, los que, después del pronunciamiento militar y consolidación, no tuvieron justificación ni explicación alguna.

El debate alrededor de Augusto Pinochet no quedará cerrado en mi tiempo, y quizás, mis hijas y nietos tampoco lo verán cerrarse. Chile se merece continuar hacia un futuro nuevo, uno en el que el peso de este debate no limite las oportunidades a sus ciudadanos y mantenga las heridas abiertas. Ojalá me equivoque y los chilenos puedan cicatrizar las heridas de esta división. ¡Hasta la próxima!

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