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Guatemala, jueves 14 de diciembre de 2006

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Opinión

ALEPH
Justicia a la española

Lo de la soberanía es también un pretexto absurdo.
Por: Carolina Escobar Sarti

Comencemos desde abajo: Pinochet cumplió sus 91 años en condiciones de arresto domiciliario, repudiado por muchos de sus antiguos admiradores, gracias al escándalo desatado a raíz de la aparición de sus cuentas millonarias; aquél que durante su dictadura derechista tanto hablara de transparencia en el manejo de los fondos públicos, fue descubierto en su condición de ladrón.

Pero más allá de la distancia que han marcado sus más cercanos colaboradores de antaño, está la vergüenza que enfrentó ante la humanidad por haber conducido una Operación Cóndor que bañó a su país y a la región sudamericana en sangre, sin que al final se hiciera justicia.

Un poco más arriba, en Uruguay, y después de una lucha que demoró 15 años, acaban de ser encarcelados el ex dictador uruguayo Juan María Bordaberry (1973-1976) y el que fuera su canciller, Juan Carlos Blanco, acusados por homicidios y violaciones a los derechos humanos y a la Carta Magna de su país durante su mandato.

El juez imputó a Bordaberry y a Blanco los asesinatos de dos legisladores refugiados en Buenos Aires, y de dos presos políticos que estaban en Argentina. Allá en el Cono Sur, la justicia se ha hecho sentir también en otros países, como Argentina y Paraguay.

Guatemala, más cerca del norte, aún está comenzando a transitar por esa vía. Rigoberta Menchú, premio Nobel de la Paz 1992, fue quien comenzó formalmente el proceso de justicia por violaciones a los derechos humanos durante la guerra.

Siete fueron los inculpados. Sin duda, lo ideal para todos sería que la ropa que se ensució en casa se lavara en casa, pero como no se pudo, Rigoberta le pidió a España que metiera las manos en el asunto.

Y como hubo ciudadanos españoles que fueron víctimas en nuestra guerra, su petición fue escuchada. Acá saltaron los de siempre, principalmente con el tema de la soberanía.

No entro a desmenuzar leyes, porque en primer lugar ese es territorio de abogados, y en segundo, porque la interpretación de la ley es tan amplia, que una misma norma puede ser usada simultáneamente por el condenado y por quien lo condena.

En Guatemala, leyes sobran, y hay una para casi cada cosa, así que voy a hablar de justicia, porque es de lo que carecemos absolutamente. De otra manera, estaríamos juzgando a los genocidas y violadores de derechos humanos aquí, y no pidiendo auxilio en las cortes españolas.

Insisto en que hay tres argumentos poco válidos para entrar a calificar lo del juicio en España contra Efraín Ríos Montt, Óscar Mejía Víctores, Aníbal Guevara, Donaldo Álvarez Ruiz, Germán Chupina Barahona, Pedro García Arredondo y Benedicto Lucas García: 1) Que en la guerra todo se vale, 2) que la soberanía es primero, y 3) que la amnistía es un recurso válido.

Eso de que en la guerra todo se vale es un sofisma, porque -como ya lo dije una vez en este mismo espacio- si bien es cierto que en la época antigua las potencias se arrogaban “el derecho a la guerra” (ius ad bellum), luego se creó una serie de normas de usos internacionales denominadas “el derecho en la guerra” (ius in bellum).

Así que en la guerra todo está calculado y cualquiera que se pone al frente de un ejército sabe bien cómo se actuará en determinadas situaciones.

Lo de la soberanía es también un pretexto absurdo, sobre todo de quienes dicen sí a la intromisión económica por la vía de los tratados y las concesiones, pero no a la intromisión en materia de derechos humanos. Si vamos a ser soberanos, seámoslo absolutamente, pero en un contexto de globalización, eso suena absurdo.

Por otra parte, cuando a América Latina le tocó vivir la guerra, muchos gobiernos militares de la región dictaron amnistías para autoprotegerse. Hoy, esa figura es considerada una monstruosidad a la luz del Derecho Internacional, e incluso Chile la descartó para el caso Pinochet.

Estamos siendo apoyados por la justicia española, sólo porque aún no funciona la justicia guatemalteca. Cuando la paz nos llegue a través de la justicia, sólo entonces la historia se escribirá de otra manera.

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