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Guatemala, sábado 23 de diciembre de 2006

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Opinión

EL QUINTO PATIO
Una vaca muerta

En el preludio de una campaña electoral que se prevé tan intensa como turbia, vale la pena ventilar algunos temas sensibles para la población.
Por: Carolina Vásquez Araya

De acuerdo con investigaciones realizadas y publicadas por diversas instituciones, entre ellas la Organización Panamericana de la Salud y el Instituto de Vacunas Albert Sabin, en nuestro continente dos niños mueren cada hora por enfermedades prevenibles causadas por el neumococo.

Esta elusiva bacteria es un microorganismo que al evolucionar se vuelve progresivamente más resistente a los antibióticos, ocasionando enfermedades como neumonía, meningitis, sepsis y otitis media en niños menores de 7 años, así como en la población mayor de 65.

En el simposio sobre neumococo celebrado en Sao Paulo, Brasil, en el cual se reunieron más de 300 expertos en salud pública de todos los países de América Latina, se conocieron los resultados de la campaña de vacunación efectuada en Estados Unidos.

Ésta redujo en casi un 80 por ciento las enfermedades por neumococo en niños menores de 5 años, impactando de paso en la reducción del contagio entre adultos mayores.

A raíz de este informe, algunos países latinoamericanos ya comienzan a evaluar la importancia de comprometerse en la lucha contra esta bacteria y se conoce de un acuerdo entre 25 países para promover el uso de la vacuna a partir del 2008, especialmente en la población de más alto riesgo.

Guatemala, una de las naciones con una población infantil extremadamente vulnerable –por deficiencia de los servicios de salud tanto como por desnutrición crónica y aguda– no está en ese acuerdo.

Muy diferente fue la reacción a nivel mundial cuando se produjo la crisis de las vacas locas. Una vaca muerta en el campo fue suficiente para desatar una reacción en cadena con el resultado de que en América Latina, ya en 1995, prácticamente se había erradicado el peligro de la fiebre aftosa, gracias a la cobertura de vacunación del 95 por ciento del ganado.

Dos niños muertos cada hora, en cambio, no provocan pánico en los mercados internacionales, ni afectan el sistema de exportaciones, ni la balanza de pagos, ni el producto interno bruto y, por ende, tampoco a los políticos.

La decisión de erradicar definitivamente enfermedades provocadas por microorganismos contra los cuales ya existe vacuna, debería ser una meta prioritaria en los planes de salud de los gobiernos.

El establecimiento de programas masivos de vacunación tiene un alto costo, pero la vida humana no tiene precio y la inversión se vería ampliamente compensada por la menor carga de casos por enfermedad en el sistema sanitario y por la mayor productividad de una población más saludable.

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