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EDITORIAL Finaliza un año de sobresaltos
A pocas horas de finalizar este 2006, el aspecto más sobresaliente es que se trató de un año de contratiempos y de situaciones difíciles de explicar si no se agrega el factor de la improvisación o de quienes tienen en sus manos la conducción del país en una buena cantidad de temas.
Fue un año horrible para el sistema bancario. Éste se encuentra en su peor momento desde hace al menos medio siglo, con la confianza popular reducida a un bajísimo nivel, como consecuencia de la casi increíble combinación de factores como la intervención de Bancafé, el rumor malintencionado y falso acerca de la supuesta quiebra del Banco G&T Continental, pero sobre todo la falta de billetes suficientes, por un descuido de las autoridades del Banco de Guatemala que se remonta a principios del año pasado.
Cientos de guatemaltecos perdieron sus ahorros de toda la vida, por haber confiado en una institución como Bancafé y sus entidades relacionadas. Luego, el temor se apoderó a causa de la campaña negra ya mencionada. Pero la falta de billetes se convirtió en una estocada final contra la confianza, al afectar la capacidad de compra de miles de personas precisamente en Navidad.
Desde el punto de vista político, se mantuvieron las mismas actitudes inmaduras de los políticos, en especial de los diputados, que no desperdiciaron oportunidad para aumentar el preocupante desprestigio del Congreso.
Las celebraciones de los diez años de la firma de la paz provocaron la renovada discusión del verdadero efecto que han tenido en el país, así como de sus logros y sus desafíos. La separación de las celebraciones en el Palacio y la Municipalidad demostró que hay políticos dispuestos a mantener la división en nuestra sociedad hasta en un hecho como este.
Pero, además, demostraron que los largos años de la guerra interna no significan mucho para la mayoría de la población, que, por su juventud y porque esa parte de la historia nacional no se ha escrito todavía, la siente como un hecho anecdótico y lejano, que en realidad sólo interesa a quienes son descendientes de las víctimas directas de ambos lados.
Los acuerdos de paz, a dos lustros de su firma, empiezan a ser vistos como una guía de lo que debe hacer y aún no se ha hecho. Se deben adaptar a las circunstancias del mundo de hoy, que no existían cuando fueron firmados, como, por ejemplo, el avance vertiginoso de la tecnología y de la comunicación instantánea, lo que ha provocado algunos adelantos poco conocidos e inesperados, pero sin duda no suficientes.
El gran reto de este momento es lograr que más sectores sociales, en especial los que han estado marginados, logren beneficiarse de manera más directa de los avances que, a pesar de todo, se van logrando en el país.
Termina, pues, un año de sobresaltos y de situaciones inesperadas. Pese a ello, es un imperativo ver al próximo año con esperanza y con espíritu de realizar un esfuerzo personal de cada uno para hacer de Guatemala un país mejor.
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