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COLABORACIÓN El muro del oprobio
Millones de inmigrantes han buscado en Estados Unidos una esperanza de libertad y prosperidad.
Por:
Luis Fernando Andrade F.
El presidente de Estados Unidos, el republicano Ronald Reagan, quien enarboló y promovió con firmeza y elocuencia durante sus dos períodos de gobierno (1980-1984 y 1984-1988) la libertad y la democracia, denunció en 1987 con particular vigor en nombre del pueblo estadounidense la brutal división del continente europeo marcada por el denominado Muro de Berlín.
Reagan, desde ese muro del oprobio, desafió al entonces al secretario general del partido comunista de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), Mikhail Gorbachev, a que si realmente deseaba la paz y la prosperidad para la URSS y para Europa Oriental, que entonces derribara el Muro de Berlín.
El actual presidente de Estados Unidos, George W. Bush, también miembro del partido republicano dijo en el 2004 al referirse a Reagan en el panegírico de su funeral, “El creyó que América no era sólo un lugar en el mundo, sino la esperanza del mundo”.
Efectivamente, millones de inmigrantes, sobre todo latinoamericanos incluidos nuestros compatriotas guatemaltecos desde el derribamiento del Muro de Berlín han buscado en Estados Unidos una esperanza de libertad y prosperidad.
Sin embargo, en este país que se preció en la Guerra Fría de ser el adalid en contra de la opresión totalitaria y en el que se ha promovido la integración económica y la cooperación entre pueblos y gobiernos democráticos, hoy se discute una propuesta de ley denominada Protección Fronteriza, Antiterrorista y Control de Inmigración Ilegal, que implicaría, de ser aprobada en la cámara del Senado, entre otros asuntos, ampliar la construcción de un muro en la frontera mexicana. Se pretende limitar aún más la libertad de movimiento de personas como lo decidieron hacer los soviéticos al aislar Berlín Oeste del resto de Europa Occidental.
Hay que recordar también que el ex presidente demócrata John F. Kennedy, en un momento de alta tensión mundial, pronunció en junio de 1963 ante el Muro de Berlín un discurso en el cual hizo suya la siguiente expresión, “... esto es una ofensa en contra de la humanidad, separando familias, dividiendo esposos y esposas, hermanos y hermanas, y dividiendo gente que desean estar juntos”.
En las actuales circunstancias, los gobiernos de la región dan la impresión que no han planificado ni previsto políticas y/o estrategias nacionales e internacionales sólidas y coordinadas para denunciar esta propuesta de ley antiinmigrantes y contribuir en alguna medida a que no se apruebe esta iniciativa tal como esta planteada.
Sin embargo, considero que hay todavía condiciones para ejercer alguna presión moral y política que influya en el debate interno que está pendiente se produzca en la cámara del Senado de Estados Unidos durante los primeros meses de este 2006.
Los presidentes de México, de los países Centroamericanos y de otros países de América Latina podrían al igual que en su momento lo hicieran Ronald Reagan y John F. Kennedy denunciar conjuntamente, en este caso, ante el pueblo estadounidense y desde la propia frontera mexicana la construcción de lo que vuelve a ser un muro del oprobio.
Asimismo, hay que desafiar al presidente George W. Bush a que también contribuya a modificar esta iniciativa de ley. En este contexto, hay que resaltar los valores que precisamente Reagan y Kennedy enarbolaron ante el Muro de Berlín.
Hay senadores republicanos y demócratas conscientes de la barbaridad que implica la aprobación de esta ley y sobre todo que están conscientes de que Estados Unidos deben seguir siendo, como dijera Reagan, la esperanza del mundo.
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