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ALEPH Lo que nos salva
Guardo en mi corazón la esperanza de un mundo cada día mejor.
Por:
Carolina Escobar Sarti
El ser humano es necio en su esperanza, y creo que es lo único que ha salvado a esta especie de no perecer en el pantano de su propia estupidez. No importa a qué cultura se pertenece y tampoco importa mucho la concepción que esa cultura tiene del tiempo; no importa cuánto dinero se tiene o si no se tiene ninguno, todos parecemos creer que el minuto siguiente o el día siguiente o el año siguiente, las cosas podrán ser mejores.
Los seres humanos parecemos estar convencidos, aún en nuestro más recóndito y negado yo, de que todo puede cambiar con el tiempo. Aún los suicidas, que se matan creyendo que habrá algo mejor que este mundo de dolor y lágrimas.
Lentejas en las mesas de año nuevo para atraer la abundancia durante todo el año próximo; promesas de nuevas rutinas de gimnasia, de nuevos hábitos de estudio, de dejar de tomar y de comer, de ser mejores personas con quienes hemos tratado mal este año; nuevas intenciones, acordes a nuestros particulares oficios y formas de ver el mundo; nueva ropa interior de color rojo o amarillo para atraer otras miradas; copas de champagne conteniendo doce uvas que han de tomarse de corrido, pidiendo un deseo para cada mes del año que viene; sueños de que en el próximo año sí habrá pan en la mesa porque el Gobierno amanecerá siendo mejor (igual que todas las personas), el 1 de enero del 2006. Un ser humano puede perderlo todo, menos la esperanza.
Pocas canciones como aquella de John Lennon que le ha dado la vuelta al mundo una y mil veces, para cantarle a la esperanza: “Imagínate que no hay cielo. Es fácil si lo intentas. Que no hay infierno allá abajo, que arriba hay sólo firmamento. Imagínate a toda la gente viviendo por hoy. Imagínate que no hay países. Que no hay nada por qué morir o matar. Que tampoco hay religiones. Imagínate que no hay propiedades, me pregunto si podrás. Que no hay hambre ni miseria. Que somos una hermandad de hombres. Imagínate a toda la gente compartiendo el mundo. Me vas a decir que soy un soñador, pero sólo sé que no soy el único. Espero que un día te unas a nosotros y entonces el mundo será uno”.
Tenemos esperanza, por eso soñamos. Por eso desafiamos a la muerte con cirugías plásticas, cremas contra la vejez, descubrimientos científicos contra el cáncer y otras enfermedades mortales; profesamos religiones que nos ofrecen la inmortalidad y nos hacen tener la esperanza de una vida mejor en el más allá y en el más acá; levantamos nuestras copas en los cumpleaños y la noche del año nuevo, añorando porque el siguiente tiempo sea mejor que el que estamos dejando atrás.
Si no fuera por la esperanza, nadie habría observado jamás los astros y ninguna cultura habría situado cuidadosamente al Sol, la Luna y Júpiter como los ejes de su calendario. Buscamos la esperanza donde podemos, se la robamos al tiempo, al cielo, a los océanos y a nuestras propias supersticiones y mitos. Hay gente que no siente que comienza el día hasta no haber leído su horóscopo; allí está cifrada su esperanza de cada día. En que alguien le decida su destino.
Vivimos, individual y colectivamente, en función de la esperanza. Quizá mañana aparezca la cura para mi enfermedad, quizá en poco tiempo esta persona cambie, quizá será mejor el próximo marido o la próxima mujer, quizá nosotros seamos mejores mañana, quizá los hijos recapaciten, quizá en la otra vida podamos hacer lo que en ésta no se puede, quizá en otro plano nuestros espíritus se encuentren, quizá el próximo gobierno sea mejor que éste, quizá los buenos acaben con lo malos (como en las caricaturas), quizá el año que viene Guatemala logre ser distinta.
Y nos volvemos quijotes; unos más que otros. Creemos que viviremos para ver la miseria desaparecer, que tendremos la posibilidad de conocer el mejor lado de la especie humana, que los 365 días que denominamos 2006 serán mejores para toda la humanidad.
Bien decía Nietzsche que la esperanza es el peor de los males, pues prolonga el tormento del ser humano. ¿Será porque, como decía Maurice Maeterlinck, la desesperanza está fundada en lo que sabemos, que es nada, y la esperanza sobre lo que ignoramos, que es todo?
En fin, guardo en mi corazón la esperanza de un mundo cada día mejor para todos los guatemaltecos y para todos los seres humanos.
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