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Guatemala, lunes 16 de enero de 2006

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Opinión

EDITORIAL
El encontrón Chávez-Toledo

El gobernante venezolano, Hugo Chávez, parece haber recibido una lección con las declaraciones de su homólogo peruano, Alejandro Toledo, quien reaccionó con energía ante los dos comentarios en una semana de su colega sobre un tema que pertenece, evidentemente, a la esfera de los asuntos internos de Perú: las próximas elecciones presidenciales de ese país.

Aparte del apoyo o rechazo que pueda despertar el presidente Chávez en los diversos círculos latinoamericanos y de otros países occidentales, aun quienes lo consideran positivo para Venezuela deben admitir que esta vez cruzó una línea inadmisible, pero que el tema se vuelve todavía más sensible a consecuencia de las referencias que ha hecho al respecto de la situación política de los países del continente, además de su cercanía con el régimen castrista, lo que también le abre unas pocas puertas, pero le cierra muchas otras.

Esto puede ser válidamente calificado como desestabilización, como lo considera el presidente peruano.

Las palabras de respuesta pronunciadas por el presidente Toledo son dignas de aplauso, también con independencia de que se le considere un gobernante bueno o malo. Por otra parte, lo expresado por Chávez debe ser motivo de análisis para el recién electo presidente boliviano Evo Morales, sobre todo después de que haya aceptado un diálogo directo con Estados Unidos, en una medida que parece ir dirigida a tranquilizar a los sectores preocupados por la retórica que mantuvo cuando era líder popular y en los días posteriores a su victoriosa elección.

La reacción venezolana ha sido aun peor. El vicepresidente de Chávez, José Vicente Rangel, calificó de fracasado a Toledo, adjetivo que en todo caso sólo le corresponde utilizarlo a los venezolanos o a cualquier ciudadano del mundo que no sea presidente de un país. Ello evidencia una actitud poco serena que comprueba la imposibilidad o el poco deseo de admitir un error tan grueso que coloca en tensiones a la relación existente entre los dos países.

Otro problema colateral para Venezuela es que las opiniones de Chávez respecto de un líder político peruano con quien él simpatiza, por la razón que sea, implica que puede repetir ese error en otros países con elecciones este año: Chile, por ejemplo. O que lo haga en torno a Guatemala, que llamará a los electores a ir a las urnas el año entrante.

Las actitudes de este tipo, que son comunes en el mandatario venezolano, solamente demuestran una incapacidad política, pero sobre todo una inefectividad de quienes integran su equipo de asesores.

Declaraciones como las del presidente venezolano obligan a reacciones como las de su colega de Perú. Pero para el ciudadano común y corriente de América Latina, da una muestra del nivel de atraso en que se encuentran nuestros gobernantes. Es imposible pensar siquiera que eso haya ocurrido entre dos países de Europa, desde donde estas acciones solamente comprueban que aún nos queda mucho camino por recorrer en el campo político.

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