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Guatemala, lunes 16 de enero de 2006

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Opinión

TASSOLILOQUIOS
El Otro

Felicito a la nueva junta directiva del Movimiento Cuarto Mundo de Guatemala.
Por: Tasso Hadjidodou

Desde su nacimiento leo, mes a mes, Le Monde Diplomatique, de París, fielmente, descubriendo en él, nuevos valores a nivel mundial para deleite del agregado de prensa jubilado que soy.

Anteayer me pareció que sería conveniente compartir con mis lectores un breve resumen de las dos páginas centrales del mensual.

Encabezado por “Ninguna cultura es superior a la otra” y “Reencontrar al extranjero es evento fundamental” lo firma el escritor y periodista polaco Ryszard Kapuscinski, homenajeado recientemente con un Doctorado Honoris Causa por la Universidad Ramón Llulli, de Barcelona.

Dice: “El asalto desesperado de los candidatos a la inmigración, ... bochinches... imágenes fuertes simbolizan que sube el miedo y la intolerancia, dentro de una miseria social por el mundo. Sin embargo, sólo el diálogo con el extranjero, el intercambio de experimentos pueden hacer vibrar la cuerda de la humanidad común, tan necesaria en el mundo contemporáneo”. Meditando sobre sus viajes afirma más que fronteras, frentes, peligros, dolores le preocupa más el encuentro con “los demás”.

El encuentro con el Otro, con seres humanos diferentes, constituye desde siempre la experiencia universal y fundamental de nuestra especie. Fue un fabuloso descubrimiento cuando una familia tribu encontró a otra familia tribu.

Hace miles de años se planteó a nuestros ancestros qué actitud tomar frente al Otro: ¿duelo?, ¿conflicto?, ¿guerra? Los campos de batallas y las guerras demuestran el fracaso del hombre quien no supo o no quiso encontrar una manera de entenderse con el Otro...

Algunos se aislan edificando las Puertas de Babilonia, la Gran Muralla de China o las fortificaciones de los incas.

Sin embargo, abundan muestras de cooperación, vestigios de mercados, puertos, ágoras, santuarios, universidades, academias. Recordemos también las rutas de la seda, del ámbar, de la sal, del oro... Poco a poco, el Otro dejaba de ser sinónimo de individuo hostil, adversario, peligro mortal o encarnación del mal... Tres reacciones: guerra, aislamiento o diálogo.

La guerra revela la quiebra del ser humano y plantea la cuestión de lainteligencia del hombre. Por ejemplo, por doquier, el apertheid afirma: “Todos pueden vivir como se les antoja, pero que sea lejos de mí si no pertenece a mi raza, a mi religión y a mi cultura.

El Otro fue también calificado de perro, rata o reptil por el apartheid “doctrina de odio, desprecio y repugnancia hacia el “extraño extranjero”. En cuanto a la época de las creencias antropomórficas, cuando los dioses podían revestir aspectos humanos, el Otro podría ser dios u hombre... ambivalencia que sugería que el peregrino que encontraba uno pudiera ser dios u hombre... Así nació la cultura de la hospitalidad.

Dice Cyprian Norwid, poeta maldito polaco del siglo 19 , que en la Grecia antigua, detrás de cada mendigo, de cada vagabundo extranjero, percibían un ser divino, rematando: “¡Los griegos de Homero no conocían “el último de los mortales”! El hombre era siempre el primero, es decir, divino. Así nace la necesidad de salir al encuentro del otro.

Por lo general, la noción del Otro era definida desde el punto de vista del blanco, del Europeo. Kapuscinski relata que cuando paseaba en Etiopía grupos de niños matándose de la risa lo señalaban gritando: “¡Ferenchi!”, que significa “otro” o “extranjero”.

En la segunda mitad del siglo 20 dos tercios de la población mundial se vuelven ciudadanos de Estados independientes adentrándose más y más y con orgullo en su pasado, su cultura, su imaginario, sus mitos, sus leyendas, sus raíces y su identidad.

Malinovski viajó en las islas del Pacífico deseoso de conocer las personas, las culturas, sus vecinos, sus costumbres. Descubre que los blancos que viven allí desde hacía años no conocen nada de la población local y su cultura y, además, tienen una idea errónea.

También afirma: “No hay culturas superiores e inferiores, sólo hay culturas diferentes, las cuales, cada una, a su manera satisfacen las necesidades y las esperanzas”. La cultura se vuelve cada vez más híbrida, más heterogénea, mestizada. A cada cultura le cuesta entender a la otra. Mi experiencia de coexistencia con otros, muy lejanos de nosotros, me enseñó que sólo la buena disposición hacia el otro ser humano es la única manera de hacer vibrar la cuerda de la humanidad común.

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