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Soledad. . .
Amada por unos, repudiada por otros
Por:
Patricia Orellana
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| Cuando la soledad no está bien encauzada puede generar problemas emocionales como tristeza extrema. |
Favorita de filósofos, poetas, pintores, músicos y otro número de artistas que encuentran en ella la mejor aliada para desarrollar su creatividad.
Por ello la soledad se ha convertido para éste y otro grupo de personas, un instrumento más de catarsis.
Pero para otros no, y pensar en ella o peor aún sentirla, es una verdadera pesadilla. Esto ocurre cuando se define sicológicamente como un sentimiento que conlleva melancolía y vacío interno, señala la sicóloga Beatriz Valle de Sandoval.
La reacción tiene una explicación socio y sicológica a la vez. La primera se debe a que el ser humano es social por naturaleza y necesita de las demás personas —aun más si hay vínculos estrechos— para desarrollarse, opina el sociólogo Edgar Montúfar.
Entonces, cuando por cualquier circunstancia, el individuo percibe esa sensación, se desestabiliza, porque especialmente en la cultura latinoamericana, no nos han enseñado a disfrutar de ella.
Al contrario, desde la infancia permanecemos rodeados de tantas personas que hasta nos sobreprotegen y nos hacen dependientes, al punto que cuando llega el momento de sentirnos solos, nos deprimimos, añade Valle.
También se le teme por no querer experimentar de nuevo las sensaciones desagradables de acontecimientos sucedidos en la infancia. Por ejemplo, la muerte de alguno de los progenitores que de cualquier manera generaron vacíos espirituales.
La pareja, un punto aparte
La presión social influye en gran medida a que las personas experimenten soledad cuando llegan a cierta edad sin compañero (a) sentimental o sin hijos, señala Montúfar.
El mismo sentimiento ocurre cuando concluye la relación con alguien con quien se ha compartido mucho tiempo.
Sin embargo, una sana valoración de sí mismos ayuda a que esa necesidad de vacío se anule y busquen formas de entretenerse, señala Miriam Álvarez, de la clínica Amisol.
Clasificación
Existe soledad espiritual y física. Según Álvarez, la primera se refiere a la sensación de tristeza esporádica o periódica como resultado de distintas situaciones: no tener pareja, perder a un ser querido con quien se convivía, contar con pocos amigos, y en el caso de los adultos, sentir que los hijos crecen y se van de la casa. Ésta a su vez es consecuencia de la física.
Sin embargo, alguien puede vivir sin estar rodeado de personas y no experimentarla, añade la terapeuta.
Esto va a depender del nivel de autoestima de las personas, del carácter y las circunstancias que la provocan.
Pero están más propensas a sentirla quienes son ansiosas, depresivas, hipomaniacas, tímidas e inseguras de sí mismas.
¿Cómo se manifiesta?
La ansiedad, depresión, abatimiento, malhumor y a veces pesimismo, son manifestaciones de quienes atraviesan periodos de soledad.
También lo son, el abuso de reuniones sociales o uso de estupefacientes, pues ambos constituyen una forma de llenar esos agujeros existenciales u ocultar el aislamiento que se vive sin desearlo, opina Álvarez.
No obstante, está comprobado que nada de lo anterior ocurre cuando un individuo por convicción decide permanecer solo.
En este caso no hay sentimiento negativo, pues éste se transforma en un fenómeno de independencia y por lo tanto, del que disfrutan al casi 100 por ciento.
Similar a la melancolía
La soledad asociada a un vacío espiritual genera entonces, episodios de tristeza y/o depresión, señala Valle.
Como consecuencia se vuelve un círculo vicioso ya que en este estado anímico hay una reducción de la actividad social y la soledad a su vez provoca que el individuo se deprima.
Ambos sentimientos deberían ser transitorios tras una situación (ya sea la pérdida de un ser querido, abandonar un trabajo o estar sin pareja por largo tiempo), pero cuando se extiende por mucho tiempo se habla de un problema emocional, que debe ser tratado.
Se sabe que quienes más la experimentan son los adultos mayores. Debido a su condición (no laboran y se reduce su actividad social, se enferman constantemente), tienden a ensimismarse, añade Álvarez.
De ahí que se les deba estimular para que se sientan seres productivos y necesarios.
Fuentes consultadas: sociólogo Montúfar: lenchom@yahoo.com, Amisol: 2439-3011, Beatriz Valle: 5391-6565
Sicología: Alimente su espíritu
Cuando la soledad no está bien encauzada puede generar problemas emocionales como tristeza extrema.
Como consecuencia disminución del sistema de defensas que a su vez genera enfermedades.
Así que, los profesionales entrevistados sugieren lo siguiente:
Aproveche estos momentos para meditar y reflexionar acerca de su persona.
Inspírese y exteriorice por cualquier medio, ese cúmulo de creatividad que lleva consigo.
Si no le gusta permanecer solo (a) en su casa, acérquese a sus seres queridos y comparta con ellos.
Si su soledad es física, practique actividades que puede resolver sola (o).
Si es emocional, encuentre el por qué. Después trate de rodearse de personas que le levanten el ánimo y verá como poco a poco esta sensación empieza a desaparecer.
Si lo cree conveniente, acuda a terapias de apoyo grupal que le ayudan a encontrar un significado más profundo a su vida.
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