|
DE MIS NOTAS Contarlo para vivir
Muchos desconocen la historia del Triángulo Ixil. En menos de 8 meses la región completa se había transformado de una zona bélica de muerte, desolación y hambre.
Por:
Alfred Kaltschmitt
Cuando el país estaba tronando y las crisis de la guerra era diaria realidad, decidí darle una mano a mi país involucrándome en desarrollo rural. Escogí el lugar de mayor conflicto: El Triángulo Ixil.
En ese tiempo Harris Whitbeck no había bautizado aun con ese nombre el triángulo que conforman los municipios de Nebaj, Chajul y Cotzal.
La guerrilla tenía tomada casi toda esa región. Para entrar al triángulo había que adherirse a un convoy de vehículos blindados del ejercito para tener protección contra los ataques del ejercito guerrillero. Eran momentos difíciles y durante el día y en las noches se escuchaban los ecos de numerosas balaceras. El transporte público casi no existía. La economía del lugar estaba paralizada.
La mayoría de las aldeas estaban desiertas. Sus pobladores habían huido a las montañas o a los centros urbanos para evitar estar “ensangüichados” entre las exigencias de dos ejércitos violentos que los trataban muy mal si se enteraban que habían cooperado con uno u otro bando.
“Ni con Dios ni con el diablo se puede vivir aquí”, me dijo un día Manuel Asicona, actual alcalde de Chajul, con una mirada de melancolía y desesperación, mientras tratábamos de planificar la compra de una finca cercana a Chajul para unas 40 familias que no tenían tierra y eran los más pobres de los pobres del pueblo.
El golpe de Estado había colocado a Ríos Montt en el epicentro de un conflicto complejo. Pero al poco tiempo comenzaban a verse cambios radicales en la metodología y estrategia de cooperación del Ejército con la sociedad civil.
A Harris Whithbeck y a mí nos había autorizado a coordinar la reubicación de los desplazados que volvían de las montañas aprovechándose de una amnistía recién decretada. Al proyecto le llamaron “Fusiles y Frijoles”. Miles de desplazados llegaron a Ach Tumbal, la pista de aterrizaje de Nebaj, la cual se había convertido en el primer centro de refugiados.
Otros campos de refugiados se fueron abriendo con el tiempo. A las familias reubicadas en sus aldeas se les proporcionaban semillas, útiles de labranza, fertilizantes, láminas y alimentos hasta la próxima cosecha.
El esfuerzo de carácter asistencial maduró hacia uno de desarrollo. Había necesidad de implementar proyectos de agua potable, luz eléctrica, alcantarillado, viviendas apropiadas, escuelas, centros de salud, y lo más importante: metodologías de desarrollo para fortalecer la cohesión comunal. Los ixiles eran individualistas y estaban acostumbrados a vivir dispersos.
En menos de 8 meses la región completa se había transformado de una zona bélica de muerte, desolación y hambre, a una de reconstrucción y esperanza. Fue la batalla decisiva que derrotó a la guerrilla. La estrategia funcionó. Trasladar al campo de la cooperación civil la guerra.
La guerrilla se convirtió de la noche a la mañana en victimaria y el Ejército en cooperadores. Las patrullas de autodefensa civil se incrementaron por decenas de miles.
Cuando defenestraron a Ríos Montt dos años después, iniciamos una ONG y le bautizamos "Fundación Agros". Hoy, 22 años después, Fundación Agros tiene un derecho de piso ganado a puro sudor y permanencia. Más de 50 proyectos de desarrollo, 16 fincas compradas en el Triángulo Ixil, 4 más en Barrillas y 3 en el Ixcán.
El jueves pasado en Nebaj, cuando el Presidente de la República, el Viceministro de la defensa y este servidor firmaron el convenio para otorgar en usufructo a Fundación Agros 10 manzanas de terreno en el antiguo destacamento militar de Nebaj, para lo que será el “Parque Tecnológico Ixil”, se culmina una larga carrera de servicio.
Y de los chiquillos asustados y desnutridos que encontramos hace dos décadas, 23 de ellos se están graduando de la Universidad Del Valle,en Sololá, como parte del programa Agros.
Esto es esperanza y la promesa de un día mejor.
|