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CATALEJO Derechos humanos y religión personal
Entre los derechos humanos debe estar el de escoger, mantener y pedir respeto a la religión.
Por:
Mario Antonio Sandoval
A CONSECUENCIA DE una serie de hechos ocurridos en los últimos meses, considerados por muchas personas como ataques a las religiones, es necesario preguntarse si dentro de los derechos humanos se encuentra en derecho a la religión, es decir a permitirle a cada uno, por decisión individual, encontrar una nueva forma o mantener un conjunto de creencias acerca de Dios, la forma de venerarlo y temerle, y de normas de oración y culto aceptadas por la sociedad. También se debe respetar el derecho de quien no desea creer o no desea ser o continuar siendo una persona religiosa practicante. Ambas posiciones, respetables, además deben implicar el derecho a no ser molestados y sobre todo no ofendidos por su decisión a este respecto.
LA FE ES UNA DE las actitudes humanas más difíciles de explicar y comprender. El ejercicio de una religión es un derecho fundamental y en ese sentido es necesario pensar un poco más acerca de la validez de la tarea de convencimiento, de apostolado para cambiarle a alguien sus creencias, ritos, culto, oraciones y demás. En resumen, toda religión es positiva porque su fin es obtener un mejoramiento de la persona, a través de las creencias en su tarea en la Tierra y en su premio o castigo en la eternidad. Cuando alguien cambia de religión, altera también su cultura, sus tradiciones, porque la manera de comunicarse con la divinidad, y de conceptualizarla, es una de las escalas de medida del avance de una civilización o de una cultura.
EL DERECHO A NO hacer obligatoria la práctica de una religión y a aceptar la multiplicidad de creencias religiosas, debe incluir el derecho a no ser molestado por ello. En ese sentido, el ejercicio de otra libertad fundamental, la de emisión del pensamiento, implica una responsabilidad muy grande al referirse a las creencias religiosas de los demás. El campo religioso no encaja en la serenidad ni en la reflexión cuando está centrada en aspectos puramente humanos, es decir, alejados del dogma o la doctrina religiosa. El derecho individual a expresarse respecto a las creencias de los demás debe ser ejercido con enorme cuidado, si no se desea convertirlo en fuente de división, discordia u odio, porque existe el derecho a ser dejado en paz respecto de la religión.
HACE ALGUNOS MESES, la publicación de caricaturas sobre el Islam provocó serios incidentes. Hoy, la publicación y el estreno de la película El Código da Vinci, así como algunas otras acciones mediáticas y mercadológicas, parecen dirigidas a crear problemas intra e interculturales con base religiosa. Esto es negativo porque puede haber un afán de lucro por medio de socavar las creencias religiosas de las personas, o de afectarlas de alguna manera. Las preguntas obvias se refieren a cuáles son los beneficios de hacerlo, pero también a dónde queda la frontera entre el derecho a ganar dinero, el derecho a practicar la religión escogida y el derecho de las sociedades, analizadas como un todo, a no temer por ataques de gente con creencias distintas.
LA SECULARIZACIÓN del mundo es un avance de la sociedad. La religión y la vida no religiosa no deben estar mezcladas, como ocurrió durante muchos siglos. Pero eso es muy distinto a no aceptar la necesidad del derecho de cada uno a tener una base religiosa personal. Es muy distinto también a no aceptar, una vez abrazada una determinada fe, al derecho y la realidad de otras creencias, de una manera distinta de rezar. A lo largo de la Historia la tendencia ha sido distinta, con las consecuencias trágicas por todos conocidas. Por eso, un avance humano real se relaciona con esa aceptación. La literatura y el cine pueden convertirse en armas de acciones antireligiosas cuya conveniencia es sumamente difícil de justificar por quienes las esgrimen.
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