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PUNTO DE ENCUENTRO Niñez: llora sangre
“Una sociedad se conoce por cómo trata a sus niños”; Eduardo Galeano.
Por:
Marielos Monzón
Ayer fue el Día internacional contra el trabajo infantil. Se calcula que en el mundo hay unos 250 millones de niños, niñas y adolescentes trabajadores. En Guatemala, la cifra alcanza los 900 mil menores, que desarrollan tareas que van desde el servicio doméstico hasta la cohetería.
Las peores formas de trabajo infantil, como se le ha denominado a las labores que ponen en grave riesgo la vida de los menores, se dan permanentemente a nivel mundial con la anuencia de los Estados y sus gobiernos; y con el auspicio de grandes corporaciones transnacionales que utilizan la mano de obra infantil barata, para recibir cuantiosas ganancias.
La ceguera de los niños y niñas provocada por pesticidas en el trabajo agrícola, la pérdida de partes de su cuerpo o la muerte de quienes trabajan en las coheterías; las infecciones respiratorias de los pequeños mineros o caleros; o el abuso sexual de las niñas y niños para pornografía y turismo, son sólo algunos ejemplos de las monstruosidades que ocurren en el mundo sin que se les ponga freno.
En Guatemala el trabajo doméstico de niñas a partir de los 8 años se suma a estas labores que denigran no solamente a la niñez sino a la conciencia colectiva de nuestra sociedad.
En la mayoría de casos investigados, éstas pequeñas trabajan 16 horas por día y reciben como pago un lugar donde dormir y dos tiempos de comida.
Organizaciones que trabajan en la promoción de los derechos de la niñez consiguieron después de innumerables esfuerzos la aprobación de un reglamento que penaliza algunas de estas formas peligrosas de trabajo infantil.
Sin embargo, las multas previstas que no alcanzan los US$100, resultan irrisorias para un problema de la magnitud del que se quiere abordar. Desde hace por lo menos una década en el Congreso se viene impulsando la aprobación de una agenda legislativa a favor de la niñez, que incluye modificaciones al Código Penal para sancionar a quienes abusan de las y los pequeños.
Pero las leyes no caminan, entrampadas en la maraña de intereses y presiones, de grupos e individuos, que lucran con nuestros niños y niñas: los venden por US$25 mil, los emplean por la mitad del salario mínimo o los explotan sexualmente para fomentar el turismo sexual.
Y aunque claramente el problema no termina con la aprobación de leyes, un marco legal es necesario, para iniciar acciones concretas en defensa de la niñez y la adolescencia.
La formulación y ejecución de políticas sociales de empleo digno para padres y madres de familia y la promoción de estrategias para la erradicación del hambre; son sólo algunas de las fórmulas que podrían empezar a solucionar el problema; a la par del impulso de una agenda legislativa a favor de la niñez.
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