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EDITORIAL Sociedad con niños esclavos
La cifra de un millón de niños guatemaltecos que trabajan jornadas de más de ocho horas al día en actividades peligrosas, en una población de sólo 13 millones de personas, y el bajo rendimiento escolar en primaria y secundaria, dibujan un panorama cercado de incertidumbre acerca del futuro del país.
Aunque a muchos les parece un estribillo desgastado decir que el mañana de un país está íntimamente ligado al presente de sus niños, este es un acierto probado hasta el cansancio en sociedades como la nuestra, que permanecen aprisionadas por el subdesarrollo a causa de haber descuidado la formación de los líderes y dirigentes del futuro.
Pese a algunos avances en el nivel de asistencia a la escuela primaria, cientos de miles de niños siguen privados del derecho a recibir educación y trato digno acordes a su edad y a su condición humana, porque padres incultos y despiadados los obligan a laborar desde temprana edad, luego de procrearlos con la idea de usarlos como herramientas de trabajo, sin medir las consecuencias de dejarlos perdidos en la oscuridad de la vida a cambio de unos cuantos centavos para la subsistencia hogareña.
La insensatez se confabula con la pobreza para colocar a Guatemala en el vergonzoso primer lugar de Centroamérica en el trabajo infantil forzado, el cual es una suerte de esclavitud, porque se les obliga a ello y porque se les despoja del miserable ingreso que genera esa explotación inhumana y perversa.
Otros pequeños menos desafortunados tienen oportunidad de ir a la escuela, pero se les somete también a tareas extenuantes y riesgosas, que sumadas a la nutrición deficiente y a la mala calidad de la enseñanza, especialmente debido al empleo de maestros sin vocación y sin mística, repercuten en que más del 50 por ciento repruebe en materias fundamentales para su acervo, como lenguaje y matemática.
Estadísticas recientes acerca de esta problemática son elocuentes: sólo el 50 por ciento de niños de primaria ganó pruebas de lectura y 30 por ciento de matemática. Esa pobre formación se proyecta a todos los niveles educativos, hasta la universidad.
En el estudio aludido, sólo 40 por ciento obtuvo resultados satisfactorios en lenguaje y matemática en el ciclo básico, y en pruebas de graduandos, apenas 18 y 17 por ciento aprobó, en su orden, aquellas materias.
Como se ve, hay una correlación multicausal en relación con el futuro de los niños y, consecuentemente, del país. Ese amplio abanico de circunstancias demandan una acción integral de todos los actores sociales involucrados en las soluciones, si se desea que cambie el sino de fracaso y hasta de involución que gravita sobre la sociedad.
El primer esfuerzo debe orientarse a dignificar al niño, porque aunque haya avances en los otros factores, la desmotivación por la forma humillante en que ahora se le trata puede llevar al fracaso esas otras iniciativas.
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