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HORIZONTES San Isidro Labrador
Los aguaceros del martes por la noche vinieron a confirmar aquello de que nos está lloviendo sobre mojado.
Por:
Francisco Beltranena.
Hace apenas unos días, cuando todavía nos encontrábamos en mayo, esperamos con ansias el inicio del período de lluvias. No en vano todavía decimos: “Te esperaba como agua de mayo”.
Después de seis meses de clima seco, y luego de los calores de marzo y abril, las lluvias de mayo refrescan nuestro ambiente.
Si en la ciudad nos sentimos agobiados por los calores de la temporada, en el campo, también la lluvia es esperada con ansias, la ven llegar con alegría, es sinónimo de vida, de trabajo en la siembra, de futuras tortillas y atoladas, de esperanza.
Pero este panorama ha ido cambiando en el último año. Ahora las lluvias son motivo de angustia para decenas de miles de familias en condiciones de pobreza, que viven apiñadas en las colonias marginales, barrios populares, laderas de los ríos, zonas costeras y del litoral tanto del Pacífico como del Atlántico.
Los daños causados el año pasado por el huracán Stan aún pueden ser vistos hoy en día. No fueron pocos los puentes que se llevaron las correntadas provocadas por el increíble volumen de agua que llovió durante el fenómeno meteorológico.
Las lluvias generan correntadas de agua sin control que inundan humildes viviendas y destruyen escasas pertenencias. Pero la angustia crece cuando en la mente de los guatemaltecos todavía vienen a la memoria la irreparable pérdida de vidas humanas que provocó.
Los aguaceros del martes por la noche vinieron a confirmar aquello de que nos está lloviendo sobre mojado. Eran eso de las 6.30 de la tarde y la tormenta eléctrica acompañada de una tremenda tronada anunciaban los aguaceros.
A eso de las 7 de la noche, me tocó cruzar la ciudad de oeste a este por la Roosevelt, Liberación y Próceres. Llovía tanto, que los tragantes no se alcanzaban para absorber el agua que caía.
Seguro que el sentimiento de angustia que yo sentía por los daños que los aguaceros podrían causar se repitió entre muchísimos ciudadanos que nos percatamos de la violencia del fenómeno. Lo que quizá, como a mí, confundió a muchos otros fue el hecho de que nos pusimos a pensar en el altiplano y la costa sur y no en el Atlántico.
La mañana puso al descubierto el grave hundimiento de la carretera al Atlántico. Las imágenes que pude observar por medio de los telenoticieros locales pusieron de manifiesto el enorme daño que los aguaceros hicieron en tan vital vía de comunicación.
Se suman los daños del martes a los ya acumulados por el Stan. Cuánto uno quisiera que la temporada de lluvias que con tanta ansiedad esperábamos en mayo, se regularizara y normalizara para limitar daños aún mayores. Recuerdo que de niño me enseñaron que la intersección de San Isidro puede ayudar. ¡San Isidro Labrador, quita el agua y pon el sol! ¡Hasta la próxima!
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