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FARO Humanismo responsable
El humanismo responsable debe reemplazar al humanismo liberal.
Por:
Rodrigo Castillo Del Carmen
El proceso de valoración de lo humano en relación con la libertad, la naturaleza y la cultura comenzó en la antigua Grecia. Sobre esos conceptos se estructuraron la filosofía, el derecho, las ciencias, las artes y la política.
Durante la República, en Roma, se consagró el humanismo como la cara opuesta de lo bárbaro. Posteriormente, el cristianismo incorporó a esos conceptos un nuevo y fundamental elemento: la vinculación del hombre con un Dios único.
Durante la Edad Media, se abandonaron las concepciones griegas y romanas, considerándose lo humano sólo a partir de ideas religiosas y morales.
En el Renacimiento se volvió a estimar el humanismo, entendido como todo lo que se desarrolla en el hombre integralmente considerado, teniendo presentes sus obligaciones con la sociedad e independientemente de consideraciones religiosas.
La reforma protestante y la contrarreforma católica hicieron sus aportes en relación con la posición del hombre frente a Dios, en lo que se denominó humanismo cristiano.
A fines del siglo 18, se fue estructurando la sociedad moderna. La independencia de Estados Unidos, su Constitución, que garantiza los derechos individuales; la Revolución Francesa, que consagró los derechos del hombre y el ciudadano, y la revolución industrial marcaron un cambio fundamental que dio paso al humanismo liberal, que quedó definitivamente instalado en la sociedad occidental durante el siglo 19.
El siglo 20 fue el tiempo del materialismo, cuya máxima expresión fue el comunismo, que terminó en 1990, consolidándose el humanismo liberal, basado en la democracia como sistema político y el capitalismo como sistema económico estructurado alrededor del mercado.
En el siglo 21 hay que diseñar un humanismo responsable que reemplace al envejecido humanismo liberal priorizando ciertos valores.
Para consolidar ese nuevo humanismo es necesario construir la paz, promoviendo el diálogo y combatiendo al fundamentalismo fanático que genera el terrorismo, así como el relativismo ético que desecha los valores fundamentales.
Ante un capitalismo de mercado se debe replantear el problema del desarrollo, concibiéndolo no como un tema exclusivamente económico, sino también como una concepción integral al servicio del hombre y destinado a reducir las diferencias y las desigualdades existentes.
Los bienes están destinados a todos los seres humanos para una vida digna, cualquiera sea su condición, raza o religión, por lo que debemos estimular el trabajo y profundizar la caridad, concebida no como la limosna humillante que dan los que tienen, sino como un acto fraternal de justicia.
Sólo a partir de ese nuevo humanismo responsable es posible pensar en erigir un mundo mejor, en paz, justicia y equidad.
Píldora de humor
–¡Señora, debe iniciar una dieta urgentemente!
–¿Por qué doctor?
–Porque la báscula marcó “Continuará”.
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