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FISCALIS LUSTITÍA ¿Cambiamos leyes o sistemas?
Por:
Gladys Monterroso
Opinión
“De pequeños principios resultan grandes fines”. - Alejandro Magno.
Siempre he creído firmemente que los problemas que afronta la colectividad son producto de los sistemas creados por ella misma, y que dentro de los sistemas de convivencia, la ley es un elemento para lograr el desarrollo de la sociedad.
Se ha vuelto costumbre que muchos comunicadores sociales, personajes del mundo político y cultural, así como funcionarios públicos, al analizar la situación del país, identifican como la principal responsable de todos los males a la legislación, y como resultado de esta responsabilidad, la única solución a la problemática nacional que encuentran, es la modificación de la ley.
Es cierto que la legislación debe modificarse constantemente porque la misma es el reflejo de la sociedad, pero no es responsable de los males que sufrimos.
¿Por qué digo lo anterior? Porque podemos tener la legislación más perfecta, pero si la población es analfabeta, ¿cómo la va a conocer? Si existen deficiencias en su aplicación, ¿Cómo se lograrán los objetivos que se tenían al emitirla?
En el campo tributario sucede exactamente lo mismo, pero en esta área del Derecho es más constante el problema.
Por ejemplo, con el argumento de mejorar la recaudación, en lo que va de la presente Administración, se han modificado las leyes, mínimo cuatro veces. De las primeras tres, aún no se ha podido probar que la decisión de modificarlas haya sido la mejor.
Hoy nos enfrentamos a un nuevo reto, pues recientemente fue aprobada por el Congreso de la República la Ley Antievasión, llamada así porque con ella se pretende frenar la evasión de tributos.
Está comprobado que existe evasión en una gran cantidad de impuestos, especialmente los que gravan la importación de bienes y servicios y el IVA en las ventas internas.
¿Qué sucede con los mismos? No es problema de legislación, sino del sistema, pues aunque no exista exención legal alguna, la SAT no fiscaliza la economía informal, que va mucho más allá que la pobre economía de barrio. Si no, basta con caminar a las siete de la mañana por la sexta avenida o la dieciocho calle para comprobarlo.
Otro elemento importante se encuentra en que aunque la SAT ha anunciando que se ha superado la meta de recaudación, la población no percibe un cambio sustancial en el Gasto Público.
Se habla de cultura tributaria, pero no se habla de cultura de inversión, reconociendo a la inversión no solamente como construir carreteras o edificios públicos, sino la más importante inversión, la que se realiza en el ser humano, por medio de servicios públicos de calidad.
En la actualidad nos encontramos con que los hospitales no cuentan con insumos, no se avanza en educación y la justicia no es pronta y cumplida.
Creemos que antes de pedir hay que dar, y que la población necesita reglas claras en cuanto al pago de los tributos y a la ejecución del gasto público.
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