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EDITORIAL En la senda de la ley superior
Uno de los ideales más preciados de toda sociedad humana que aspire al respeto y la fraternidad reside en la formación integral de los niños en torno de virtudes que en su edad adulta los lleven a actuar con responsabilidad.
Hay en la sociedad guatemalteca un perceptible consenso respecto de que muchas de las conductas reprobables de las actuales generaciones tienen su raíz en el abandono de principios morales en la formación en el hogar y en la escuela.
Ese resquebrajamiento moral de las generaciones activas se manifiesta en el pandillerismo, la delincuencia, el irrespeto a la vida, a la propiedad privada y al derecho ajeno, pero también en la conducta de sujetos con protagonismo en las esferas del poder público, y quienes, a causa de su conducta licenciosa, son peligro y afrenta ante las necesidades de servicio de los ciudadanos, así como para el pleno ejercicio de sus derechos y obligaciones, y para el logro de una convivencia fundamentada en la ley.
Frente a esa desvalorización, son encomiables las iniciativas orientadas a cambiar ese entorno de miseria moral, como la que auspicia en estos días la Corte de Constitucionalidad, de llevar a los niños de Guatemala una versión de la Carta Magna adaptada a su edad.
Dos viejos proverbios dan la razón a ese esfuerzo cívico. Uno, bíblico, habla del acierto de instruir al niño en su camino, para que cuando sea viejo no se aparte de él, y el otro, de la conveniencia de corregir al niño de hoy, para no tener que castigar al adulto del mañana.
Evidentemente, hay necesidad de procurar virtudes éticas en los niños de hoy, para que esa formatividad se manifieste en su vida adulta en solidaridad, veracidad en el trato, valentía en el deber, identificación con la Patria y búsqueda y auspicio de justicia social.
Esa orientación ética en la edad temprana propiciará una praxiología con fundamento para criticar a las instituciones vigentes, y mediante ese enjuiciamiento, cultivar el ideal de transformarlas, para corregir sus deficiencias.
La guía adecuada de padres y maestros acerca del contenido de la Constitución abrirá el entendimiento de los futuros dirigentes del país a la actividad moral del ser humano, para que comprendan que su vida adulta estará determinada por reglas de conducta, como patrimonio común de la Nación, y que su valía como ciudadanos dependerá de su conciencia social normativa.
El fomento en los niños de una ética de acentuado carácter social es ineludible para cambiar el derrotero pesimista de irrespeto de la ley y para prescindir del liderazgo social de sujetos perniciosos cultivados en el hedonismo y el utilitarismo, y divorciados de la transparencia y de la honestidad.
La posibilidad de cultivar ciudadanos responsables depende de la posibilidad de concienciar a los niños acerca de que el ser humano avanza moralmente a medida que pone más fines individuales al servicio del bien común.
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