|
EDITORIAL Es urgente salir de las armas
Se desarrolla esta semana un esfuerzo comunitario loable para tratar de cambiar la mentalidad del guatemalteco respecto de la posesión, uso y hasta la deificación de las armas de fuego.
Esa cruzada debe ser el inicio de medidas torales y profundas por parte del Estado y de la escuela, para comenzar a revertir el ambiente violento y confrontativo en que ha discurrido la vida de las actuales generaciones, por un cúmulo de circunstancias relacionadas con resabios del conflicto armado interno, la violencia y la inseguridad y por aspectos de índole socioeconómicos.
Por carecer de fuerza jurídica específica, la sociedad civil es poco lo que puede hacer en términos de coerción y permanencia para garantizar la efectividad de las medidas que considera necesarias para combatir el armamentismo, y por eso corresponde al Estado recoger esta bandera y respaldarla con medidas que desde hace mucho tiempo exige la sociedad y en especial las personas afectadas por el empleo irresponsable de la inmensa variedad de pertrechos.
Por ejemplo, al margen de la legislación propuesta al Congreso, el Gobierno debería ser más selectivo en el otorgamiento de licencias, diseñar una estrategia para desincentivar el mercado de las armas y hacer eficientes los controles sobre el mercado negro.
Se debe desalentar, asimismo, los juguetes bélicos, ya sea por medio de prohibirlos, como se hace en diversos países, o mediante gravámenes como los que se aplican al alcohol o al licor.
Obviamente, a iniciativas de la naturaleza enunciada les debe anteceder el mejoramiento sustancial de la seguridad pública, para que los ciudadanos no se vean desprotegidos y orillados a aprovisionarse de armas para su defensa, aunque esto último es justificación banal, porque está comprobado que cuatro de cada 10 armas poseídas legalmente son empleadas en actos ilícitos.
Al sistema educativo, tanto público como privado, también le asiste alta responsabilidad en la sensibilización de los niños y jóvenes de hoy para cambiar la tendencia guerrerista y violenta por una cultura de la paz que sea cultivada desde tres vertientes: el fomento del valor de la vida humana, el respeto a los intereses ajenos y la tolerancia.
Sin duda, los resultados de ese trabajo de la escuela no son para ahora, pero si se sigue posponiendo, la prioridad de las armas como método para sentirse por encima de la dignidad de quienes no las posean seguirá su predominio en los adultos del mañana, con su incidencia nefasta sobre la vida en sociedad.
No obstante que es tan recurrente el daño ocasionado por las armas, es poco lo que se ha avanzado para erradicarlas. Ante esto, los primeros concienciados por la actual cruzada deberían ser los funcionarios irresponsables, que ignoran el clamor público porque, gracias a la seguridad pagada con los impuestos de los guatemaltecos, se sienten inmunes a las veleidades de quienes usan las armas para desfogar su vehemencia.
|