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LA BUENA NOTICIA Los Bartimeos de hoy
“¡Ánimo, levántate¡ Jesús te llama”.
Por:
Víctor M. Ruano
El Evangelio de este domingo no es ajeno a los hombres y mujeres de hoy. La situación en la que se encuentra Bartimeo, antes del encuentro con Jesús, es paradigmática para comprender la realidad de todo ser humano; sobre todo, de aquellos que viven excluidos de la sociedad o han quedado tirados a la orilla del camino como mendigos y ciegos, consecuencia de la injusticia institucionalizada que ha marcado secularmente la historia de nuestros pueblos.
Jesús, acompañado de sus discípulos y de una muchedumbre, abandona la ciudad de Jericó y continúa su camino hacia Jerusalén, donde culminará su misión con el ofrecimiento de sí mismo al Padre y la manifestación de solidaridad y amor con todo hombre y mujer que viene a este mundo.
La alegría de aquella multitud y la esperanza que Jesús les infunde se ve interrumpida por los gritos de Bartimeo, cuyo nombre probablemente significa honrado o persona muy apreciada. Su clamor es una llamada a la compasión y a la reconstrucción de su dignidad humana ultrajada.
Quien para Dios es el hijo apreciado, la sociedad en la que vive lo desprecia. Su condición de mendigo expresa su extrema pobreza y su no autonomía; también la condición del que no ha logrado desarrollarse como persona y vive de limosnas dependiendo de los demás.
A esa situación se suma su ceguera, expresión de su condición pecadora y de la no posibilidad de disfrutar de la vida como los demás. Además, nunca podría visitar Jerusalén ni el templo, pues le cerrarían las puertas; así que está excluido de la comunidad civil y religiosa, por eso vive en la calle.
Aquella sociedad que, con sus leyes y sistemas, lo ha hecho ciego, mendigo y excluido, ahora también quiere quitarle su voz y su palabra. Su presencia les resulta incómoda, por eso, “muchos lo regañaban para que se callara”. ¿Cuántos hoy en nuestra sociedad y en nuestras iglesias siguen sin poder hablar?
Sin embargo, la reacción de Jesús es distinta. Se detiene, y una vez más se demuestra que el Dios compasivo y misericordioso nunca es sordo al clamor de su pueblo ni al grito de los pobres. Jesús no puede seguir su camino, ignorando el sufrimiento de aquel hombre. Incluso, hace que toda la multitud se detenga y llamen al ciego.
Es importante esta actitud para significar que los seguidores de Jesús no pueden caminar tras él sin escuchar las llamadas de los que sufren y viven marginados. Entonces, cuan importante es ser discípulo del Señor y ser solidario con los pobres, una misma vocación con dos dimensiones.
No hay evangelización ni vida auténticamente eclesial sin escuchar a los que sufren. Los pobres están en nuestro camino. Ellos interpelan tanto a la Iglesia como a la sociedad. La interrogante que compromete es: “qué quieres que haga por ti” y la opción válida es “ánimo, levántate”.
Sólo así los Bartimeos de hoy arrojarán el mando de la ignominia, darán el salto de la fe y recorrerán el camino de la libertad.
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