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EDITORIAL Lula, ejemplo de la nueva izquierda
La segunda victoria electoral de Luiz Inácio Lula da Silva como presidente de Brasil, además de ser un triunfo personal, ratifica una corriente de izquierda acorde a las necesidades actuales del mundo -en particular, de Latinoamérica- y demuestra que aquí sigue pesando más la figura del político que la del partido postulante.
En efecto, Lula derrotó al ex gobernador paulista Geraldo Alckmin, pese a que el oficialista Partido de los Trabajadores se vio envuelto en escándalos de corrupción que evidentemente le costaron el triunfo en la primera vuelta y obligaron a la renuncia de varios políticos cercanos al presidente, quien no estuvo relacionado con los casos. Entonces, se debe pensar en qué provocó que los brasileños confiaran de nuevo en el ex dirigente sindical para encabezar el Poder Ejecutivo de Brasil.
Las razones para la reelección deben buscarse en el equilibrio con el cual el presidente brasileño ha realizado su tarea, sin inclinarse demasiado hacia las clases populares que le dieron el triunfo, pero al mismo tiempo con cuidado de no caer en políticas populistas o mentirosas de las que han causado tantos problemas a otros países latinoamericanos.
Por eso se le puede calificar como perteneciente a una izquierda madura, no delirante, como las que se colocan en posturas recalcitrantes y, sobre todo, anacrónicas respecto del papel crucial y, por tanto, necesario que desempeñan las inversiones privadas en la economía.
Desde el punto de vista de Brasil, aquel triunfo electoral le significa beneficios para su relación con sus vecinos del continente y con el primer mundo. Lula tiene el respaldo del 60 por ciento de los votantes y ello será, sin duda alguna, tomado en cuenta por la comunidad internacional.
El resultado del domingo demuestra que se solidifica la tendencia a victorias electorales de gobiernos de izquierda. En los casos de Chile y Brasil, son gobernantes serenos, adaptados a la realidad de hoy. La izquierda radical tuvo dos reveses fuertes en Perú, Colombia y en las primarias de Ecuador.
Falta ver el resultado de Nicaragua, donde hay pocas razones para creer en la madurez de Daniel Ortega, quien ahora tiene relación muy cercana con Hugo Chávez, de Venezuela, y a la vez hizo una vergonzosa alianza con el corrupto ex presidente Arnoldo Alemán, en un acto que constituye afrenta a los caídos en la lucha contra Anastasio Somoza.
Muy posiblemente, la razón para la nueva muestra de confianza de los brasileños es que Lula ha tenido la habilidad de no plegarse con exclusividad a determinado sistema económico-social, sino ha intentado aplicar las ventajas de la economía de libre mercado, con una política social de apoyo a las clases necesitadas, para facilitarles su incorporación a la economía capitalista, todo aunado a un gran apoyo a la inversión extranjera y a un estabilidad económica pocas veces conocida en un país tan complicado.
Por todo ello, lo más importante de lo ocurrido en Brasil es la posibilidad de que las ideas puestas en práctica puedan ser adaptadas y aplicadas a los demás países latinoamericanos, tan desiguales socialmente.
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