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LA BUENA NOTICIA Todo lo ha hecho bien
Curaciones como estas creaban una onda expansiva de esperanza.
Por:
Mario Alberto Molina
Los evangelios dan cuenta de las numerosas curaciones que Jesús realizó. Eran curaciones, que Jesús hacía como signo de la cercanía de Dios y como acreditación de su propia misión. La salud corporal es uno de los bienes que más apreciamos, especialmente cuando nos falta.
Es uno de los bienes que más agradecemos, cuando la recuperamos. Su posesión o carencia condiciona en gran medida el talante con que nos situamos en la vida. En algunos evangelios, como el de Marcos o el de Mateo, Jesús realiza tal cantidad de curaciones, que da la impresión de que esa era su tarea principal, y que la curación del alma, el perdón de los pecados y la liberación del miedo y la tristeza fuese un componente secundario de su misión.
En los escritos de san Pablo notamos ya un desplazamiento del foco de interés. En sus cartas, el apóstol afirma que el objetivo principal de la misión de Jesús fue liberarnos de la esclavitud de la Ley, del pecado y de la muerte. Pablo raramente alude a las curaciones corporales como consecuencia de la fe en Jesús.
¿Qué significa este corrimiento de lo corporal a lo espiritual? Pienso que puede ser indicio de un desplazamiento cultural. Jesús se mueve en un ambiente eminentemente popular, en el que la salud corporal, todavía hoy, es signo de la bendición y de la cercanía de Dios.
Pablo es el teólogo que expone y explica en categorías conceptuales el significado de la obra de Jesús. Desde un punto de vista teológico, la realidad que nos distancia de Dios no es la enfermedad, es el pecado.
El mal que sólo Dios puede reparar no es el dolor físico, es la culpa. Pero el hecho de que ambas presentaciones tengan su lugar en los libros sagrados del cristianismo es un testimonio de cómo el mensaje cristiano tiene que ver con las dimensiones corporales y espirituales, temporales y eternas, individuales y sociales del ser humano. La salvación que anuncia el cristianismo es integral.
El pasaje que se lee hoy en las iglesias católicas narra la curación de un sordo tartamudo. Jesús lo toma aparte, le toca con poder los oídos y la lengua, y el hombre recupera su capacidad auditiva y el habla.
Aunque Jesús conmina a los presentes a que mantengan en secreto lo ocurrido, la fama de Jesús se extiende como la luz por el valle cuando amanece. Curaciones como estas creaban una onda expansiva de esperanza. La gente se admira: “¡Todo lo ha hecho bien! Hace oír a los sordos y hablar a los mudos”.
Esa fama ha llegado hasta nosotros, los creyentes de hoy. Ha sido capaz de crear futuro, de abrir esperanzas, de sostener ilusiones de que la vida vale, porque la presencia salvadora de Dios hace realidad el anhelo humano de sentido y felicidad.
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