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DIÁLOGO CRÍTICO Reorientar el mercado (III)
La síntesis de su queja podría ser: “La democracia es la que lo jode todo”.
Por:
Álvaro Velásquez
El mundo se ha liberalizado en lo eco-nómico, bajo la férula de los organismos financieros internacionales y la égida de EE.UU. Siendo parte de un conjunto de reformas económicas que, bajo una concepción negativa del Estado, se han venido realizando desde finales de los años 70 del siglo XX.
Esto, junto con el fin de la confrontación entre el capitalismo y el socialismo, ha dado lugar a la Globalización, o, el triunfo global del mercado. En este lapso muchos regímenes políticos autoritarios se democratizaron, donde los pueblos, asociaciones civiles y partidos, han venido adquiriendo poder como debe ser en las democracias pluralistas.
Pero tras casi 30 años de estarse impulsando, las reformas -a pesar de la evolución en las fuerzas productivas y el comercio- han comenzado a ser cuestionadas dado sus escasos resultados donde prometieron: rápida movilidad social para la gente y sacar de la pobreza a los países del Tercer Mundo.
Las clases medias han descendido vertiginosamente al tener ahora que hacer grandes inversiones en educación, salud, vivienda y transporte con escasas o ninguna mejora en materia salarial. De los trabajadores ni digamos.
La estabilidad macroeconómica de varios países de América Latina, ha estado soportada por las remesas familiares, no por las inversiones extranjeras o disciplina fiscal. Mientras que la presión social hacia los gobiernos, es apenas sofocada por las migraciones.
El narcotráfico es ahora otra fuente de la liquidez en economías caóticas. Para muchos gobiernos, la opinión de las empresas multinacionales importa más que las de los propios ciudadanos.
Las privatizaciones no sirvieron para elevar la calidad de los servicios sociales sino para fortalecer oligopolios privados. Y estos demostraron que pueden ser tan mediocres o arbitrarios como cuando las empresas públicas prestaban servicios.
Ante tal evidencia, los libertaristas están diciendo: “La culpa de que las reformas estén fracasando la tienen los políticos que las implementan”. Cúlpese a los gobiernos o a congresos por igual.
Pero también culpan a abstracciones tales como el “Mercantilismo”; al “Estado de Bienestar”; o al “Socialismo”. Dicho sea de paso, Guatemala no tiene ni por asomo un Estado de Bienestar y menos un socialismo, como algunos por ignorancia, malicia o prejuicio quieren hacernos creer.
La síntesis de su queja podría ser esta: “la democracia es la que lo jode todo”. Ojo: si la democracia, cuyo orden espontáneo riñe contra el desorden consciente que es el mercado, se ha constituido en una contradicción activa del propio sistema, no sería raro que, cual placas tectónicas que tienen diferente rumbo, eventualmente se suceda un terremoto.
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