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CATALEJO Consideraciones sobre las sectas
La sociedad tiene derecho a defenderse de falsos profetas causantes de innecesarias divisiones religiosas.
Por:
Mario Antonio Sandoval
CREO JUSTO FELICITAR al Congreso de la República por su decisión de no autorizar la presencia en el país de quien se autonombra el Anticristo, y con ello agregar a Guatemala a la serie de países donde se le ha impedido presentarse. El asunto tiene una serie de facetas igualmente necesarias de ser tomadas en cuenta, pero la primera es el derecho de todos los ciudadanos profesantes de cualquiera de las religiones derivadas del mensaje de Cristo, quienes son la abrumadora mayoría de la población guatemalteca, a no ser molestados en lo más profundo de sus sentimientos religiosos. Es éticamente correcta la decisión del Estado guatemalteco de impedir una nueva forma de división y de molestia en una sociedad ya suficientemente dividida.
DESDE EL PUNTO de vista religioso, me parece necesario señalar la diferencia entre religión y secta. Esta última tiene la particularidad de ser falsa. Como puede verse fácilmente, se entra en terrenos complicados, porque el concepto de falsedad no sólo es relativo siempre, sino en especial al aplicarlo en el campo de la religión, basada en verdades reveladas o en dogmas de fe, los cuales son creídos independientemente de tener o de carecer de lógica. En un país donde se respete la libertad religiosa, no se puede llegar al extremo de llevar esa libertad al punto de permitir acciones ofensivas para los sentimientos religiosos de la mayoría de la sociedad, incluso de quienes, sin profesar abiertamente un credo, sí aceptan el respeto al de los demás.
EL ASUNTO TIENE RELACIÓN también con un punto fundamental: cuándo se puede considerar religioso un movimiento iniciado por alguien a causa de una supuesta inspiración divina. Existe una constante en los casos de quienes se autonombran jefes espirituales de la noche a la mañana: todos tuvieron un sueño, una revelación o algo parecido y se les presentó Dios en persona -¡por favor!- para ordenarles ir por ahí predicando una nueva interpretación, sacada de la manga, de un mensaje cuya profundidad exige estudios teológicos profundos. Peor aún, cuando Dios les permite usar aviones privados o sacarles la plata a los incautos para organizar centros de oración y, de paso, darse una buena vida porque no pagan impuesto alguno.
LA SOCIEDAD TIENE EL derecho y la obligación de prohibir o al menos dificultar la posibilidad de confrontaciones innecesarias. En este caso, el hecho de impedirle al personaje autodefinido como Anticristo, a la vez no impide a los guatemaltecos noveleros la posibilidad de enterarse de sus ideas, porque su agrupación ya tiene sitio en la Internet. Suficiente, y sobre todo, con potencialidad más grande de llegar a incautos. Este asunto no se debe analizar desde la simplista perspectiva de convertirlo en un problema de libertad, porque ésta solamente tiene sentido cuando se le otorgan límites, a fin de no convertirla en libertinaje. Tampoco se debe ver a los anticristeros como víctimas de persecución. Se trata de simple y mínimo orden.
CREO NECESARIO PEDIR, a las autoridades eclesiásticas de cualquier religión, guías para saber cuándo se puede considerar a un grupo como serio, desde el punto de vista religioso. Cómo pueden los ciudadanos saber si los supuestos profetas pueden ser tomados en serio y cómo actuar cuando surge un merolico panderetero cualquiera. La proliferación de grupos supuestamente religiosos no necesariamente es beneficiosa para una sociedad, como no lo es la uniformidad en las creencias según lo expresado por una determinada religión. Por eso creo importante no dar más vueltas a este asunto y establecer las condiciones para impedir la repetición de la presencia en el país de personajes abiertamente sacados de alguna caja de Pandora en este siglo.
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