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COLABORACIÓN ¿Cicig?
La barbarie es inherente a cada persona.
Por:
José Miguel Argueta
Guatemala es un país de alta barbarie. Esto queda evidenciado en una serie de acontecimientos históricos que se han sucedido desde la época pre-hispánica, el colonialismo, vida independiente, el conflicto armado interno y la década posterior a la firma de la paz.
La alta barbarie no es una característica aislada de cuerpos ilegales, aparatos clandestinos, fuerzas paralelas al Estado. Por el contrario, está enraizada en cada una de las actividades que diariamente desempeñan los guatemaltecos.
La barbarie se manifiesta en la familia, en las relaciones entre hermanos, entre padres e hijos, entre compañeros de aula en cualquier esfera de la actividad educativa, entre maestros, entre maestros y alumnos, en la empresa privada, entre jefes y subalternos, en las relaciones como pareja. En suma, la barbarie es inherente a cada chapín, a cada persona.
El gran etólogo vienés Konrad Lorenz sostenía que la naturaleza humana se define como agresión innata. Él afirma que los seres más débiles se tornan más violentos. Sin embargo, la educación y la cultura, según Lorenz, no es una garantía de que el mecanismo de agresión humana no se active como consecuencia del hambre, el miedo, el sentimiento de huida, entre otros.
Parece ser que aquellos que abogan por el aparecimiento de la Comisión Internacional contra la Impunidad creen que las tendencias agresivas son sólo resultado de narcotraficantes, delincuentes, mareros, etc.
Sin embargo, no toman en cuenta que esa acción que se persigue está presente en la naturaleza de cada uno de los guatemaltecos, como lo evidencia el enorme proceso de descomposición social en el que estamos inmersos.
No estoy seguro de si los parlamentarios que aprobaron la Cicig lo hacen con plena conciencia de su acción y relevancia dentro de un país de la eterna barbarie o lo hacen movidos por fuerzas ocultas de la razón de Estado de organismos internacionales.
Muchas veces se persigue lo que se evidencia como nocivo a intereses ajenos, y no los nuestros. Creo que existen necesidades mucho más urgentes para paliar la agresión, la impunidad dentro de muchas familias y sectores de la sociedad guatemalteca.
Mi voto no es a favor ni en contra de la creación de la Cicig. Reconozco la impunidad y la impotencia del Estado de hacer frente al desarrollo, y con ello mina que los guatemaltecos busquen cualquier medida para progresar.
Por el contrario, sí celebro la elección de Edmun Mulet como secretario de la paz al seno de las Naciones Unidas. Es más importante reconstruir una nación que permitir a los organismos internacionales que nos digan qué se hace y no por qué se hace.
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