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HORIZONTES Mentirosos
Una de las formas de embaucar es la propaganda, y Goebbels enseñó cómo hacerlo a través del decálogo de principios que desarrolló.
Por:
Francisco Beltranena
Hace más de una año que escribí que del régimen nazi no son muchas cosas las que quedan hoy en día; sin embargo, una de ellas, y quizá la que más efecto ha tenido, es el manejo de la psicología social que desarrolló el ministro de propaganda de Adolf Hitler, el doctor Paul Joseph Goebbels.
Una de las formas de embaucar es la propaganda, y Goebbels enseñó cómo hacerlo a través del decálogo de principios que desarrolló.
El primero es el de la simplificación y del enemigo único, que recomienda adoptar una única idea, un único símbolo, e individualizar al adversario en un único enemigo.
El segundo es el del método de contagio, que recomienda reunir a los diversos adversarios en una sola categoría o individuo, de cuenta y forma que los adversarios han de constituirse en una suma individualizada.
El tercero lo denominó de la transposición, es decir, cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con ataque; “si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que los distraigan”.
El cuarto lo denominó de la exageración y desfiguración, y se trata de convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave.
El quinto lo describía así: “Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuánto más grande sea la masa por convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental por realizar.
La capacidad receptiva de las masas es limitada, y su comprensión, escasa; además, tienen gran facilidad de olvidar”. ¡Qué tal!
El jueves de la semana pasada, a eso de las 10.30 de la noche, recibí un correo de la dirección de mi colega columnista Rodrigo Castillo del Carmen. Interesado, lo abrí inmediatamente, y de sorpresa me encontré con que se trataba de un supuesto comunicado del Partido Patriota que, en su parte izquierda, contenía el logotipo del puño cerrado.
No me habría extrañado nada, si en la segunda línea no me hubiera encontrado con mi nombre. ¡Chispas!
El comunicado decía así: “Por este medio hacemos de su conocimiento que el licenciado Francisco Beltranena se ha integrado al equipo de trabajo del Partido Patriota como ‘coordinador de estrategas de campaña’ por sus capacidades y conocimientos en el campo de la estrategia política, manejo de escenarios y negociación en las distintas áreas del actuar social”.
Ayer por la mañana, chateando con Alfred Kaltschmitt, me contó que habían estado platicando con mi otro buen amigo, Pedro Trujillo, sobre mi nombramiento.
Llamé a Pedro para preguntarle el rollo, y me dijo que se lo había pasado otro columnista, amigo y colega profesor de la Universidad Francisco Marroquín, a quien también le había llegado por medio de correo electrónico.
Por supuesto, semejante comunicado no es más que una de las tantas mentiras que se han vertido en esta campaña.
Gracias a Dios, no es de aquellas que dan asco, sino que a cualquier inocente hasta le harían sentirse bien. Pero da el caso que lo que pretende es comprometerme ante el Consejo Directivo de Prensa Libre por mi supuesta participación partidaria, lo que no es compatible con ser columnista.
“Miente, miente, que al final algo quedará... Cuanto más grande sea una mentira, más gente lo creerá...”, decía Goebbels. Pues acá los mentirosos han sacado a relucir el decálogo. Desde esta columna aclaro públicamente que no pertenezco, por de pronto, a ningún partido político; que hasta ahora, ningún partido político me ha ofrecido puesto alguno; que hasta ahora, no tengo compromiso político alguno para trabajar en el próximo gobierno.
Dejo claro que hasta ahora, porque, a lo mejor, en el futuro este académico apolítico se vea ante el compromiso de servir a nuestro país desde otra posición.
Tengan la seguridad, amigas y amigos lectores, de que ustedes serán los primeros en enterarse.
A los que la hicieron: mentirosos.
¡Hasta la próxima!
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