|
COLABORACIÓN Chávez Frías & Amin Dada
No quedó claro de dónde procedían ni el destino de US$800 mil.
Por:
Danilo Arbilla
Ni en sus mejores épocas; ni cuando hacía y deshacía a gusto y gana, y perseguía y asesinaba opositores, desafiaba y provocaba a reyes y poderosos del mundo, y hasta se “deglutía” a algún compatriota, soñó Idi Amin Dada que iba a ser rehabilitado 28 años después de haber huido de Uganda, y mucho menos que sería resucitado cuatro años después de haber muerto. (Sobre esto último no se conoce ningún otro caso en la historia, con tanto tiempo de haber permanecido en el más allá).
Fue una de las tantas cosas raras que pasaron durante el reciente y sorpresivo periplo del comandante bolivariano por ambos márgenes del Río de La Plata y las alturas de Ecuador y Bolivia.
Por supuesto, el intempestivo visitante repartió bondades -léase dinero de los venezolanos- a siniestra y siniestra (la diestra quedó para otra ocasión); seguramente impartió instrucciones a Morales y Correa, se metió en los asuntos internos de Argentina, vaticinando el triunfo de Cristina, sin que los Kirchner hicieran asco por ello, y hasta, aparentemente, les cedió pozos de petróleo (por lo menos uno) a los uruguayos, cuyo presidente, Tabaré Vázquez, permanentemente se deshizo en elogios y dio todo su apoyo y el de su gobierno a su colega caribeño. Fue el propio Vázquez quien anunció en Montevideo que Chávez puso “a disposición del pueblo uruguayo un pozo petrolero”.
Entre tantas extrañezas, no quedó muy claro de dónde procedían ni el destino de US$800 mil que la aduana argentina incautó a un ciudadano venezolano que llegó a Buenos Aires en un avión privado contratado por un organismo oficial argentino (Enarsa), y en el que viajaban tres altos funcionarios sureños y cuatro altos funcionarios venezolanos de PDVSA.
Había un octavo pasajero, el incautado y el único de los ocho sin pasaporte oficial, que se apresuró a reclamar como suya la maleta sin identificar, donde estaban las divisas norteamericanas y en la que, al principio, dijo que había libros, tratando de disimular su “liquidez”.
Según “suspicaces versiones” consignadas por el diario argentino Ámbito financiero, tanto dinero era para subsidiar a “la multitud de organizaciones y sellos que en la Argentina dicen admirar por amor al jefe venezolano”.
Por suerte, Chávez aclaró todo: se trató de una patraña urdida por el Gobierno de los Estados Unidos para desacreditarlo. No explicó cómo hizo Bush para que su hombre, el que pocas horas después no tuvo ningún problema al salir de Argentina, lograra una plaza junto a los siete burócratas que viajaban en el avión contratado oficialmente.
También, el comandante (vice, si pensamos en Fidel) fue claro y enfático en afirmar que uno de los “más grandes problemas que tiene la humanidad hoy son los medios de comunicación social”.
Fue entonces, en su conferencia de prensa, en la que periodistas no pudieron preguntar, que nos desayunamos con que lo de Idi Amin Dada en Uganda fue todo un invento de los medios de comunicación.
Auxiliado por sus asesores, informó que el ugandés aún vivía en Francia, y estimó que estaba muy anciano. Hay quienes especulan que en realidad lo resucitó para compensar lo de Noam Chomsky, al que dio por muerto un año atrás.
Chávez dijo que Idi Amin, al igual que él, había sido una víctima más de las “satanizaciones” que hacen los medios mandados por el imperialismo.
Sin duda, quedan en el tintero otros elementos por consignar que sirven para analizar y entender este costoso “paseíto” de Chávez por el sur.
|