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PLASTICA César Méndez Galería Woods
Su protesta, cruda y dura, es parte de su pacto con lo absurdo
Por:
Irma de Luján
La nueva figuración se nos revela en la obra del pintor salvadoreño como una especie de informalismo dotado más que de argumento, de argumentos. Se vale de formas representativas resueltas con las mismas características de la informa. Se vale de un contenido que alude y se apoya en la imagen del hombre y del mundo constantemente.
Pero contenido y forma los toma como vehículo para establecer una comunicación más asequible. Sin embargo, no es “narrar” lo que Méndez pretende, sino argumentar, es decir argüir. Y lo hace incorporando los matices actuales del pensamiento humano a las soluciones estéticas importándole más aquellos que estos. De allí esa vital pureza, y sus colecciones literarias sin dejar de lado el humor, “hasta que la muerte nos separe”.
Su protesta, cruda y dura, es parte de su pacto con lo absurdo. No me extrañaría que detrás de estas obras esté Kafka o el Teatro de lo absurdo de Ionesco ó Beckett y algunos tópicos fundamentales del pensamiento de hoy.
En su obra surgen dichos pensamientos. Méndez busca una especie de realidad tenebrosa –no tenebrista– en sus figuraciones como delirante o caótica, No es la luz, sino la sombra lo que activa a la “oscuridad”.
En su obra crea una humanidad entre vencida y actuante y en su pintura hay deseos y ansias de argumentar, pero hay, sobre todo, un impacto de extrañeza que se manifiesta plásticamente y que pertenece al reino inequívoco de la pintura.
Méndez, en cierto sentido, se revela más íntimo, subcutáneo. Pintor de técnica poco ortodoxa, se vale de ella para levantar la piel de unas raras anatomías. Hay algo en la carne descubierta en las obras de Méndez que causa una sensación de íntimo malestar, de realidad descarnada, incrédula y testaruda.
Talvez en ella explore las causas de ciertos fenómenos de desanimación vital que conforman al mundo de hoy. Toma del expresionismo de última instancia figuraciones pastosas que, en amplios trazos rítmicos emergen del fondo de las telas. En algunos otros, como El día en que yo nací, las figuras y las formas son finas y de un delicado cromatismo.
Figura o desfigura desde dentro, hay casos como las monstruosas sutilezas, unos seres imposibles de seca claridad y de impresionante eficacia. En algunas obras pareciera que existe una teoría de la relatividad entre la forma y el espacio.
Consiste esta teoría en dotar de especialidad abierta y de clara entonación a una zona expresiva de la parte mayor del cuadro, son grandes espacios o zonas cromáticamente acumuladas masivamente, o inmoderadamente exaltadas por pinceladas bruscas.
Estos lienzos se sustentan, sobre todo, en las grandes condiciones del pintor que sabe extraer del color las manifestaciones más furtivas y fuertes. Por la agudeza del concepto de la existencia de los bruscos cambios en la pincelada o empaste.
Esto sería el misterio del funcionamiento de la pintura en sí misma de Méndez y la función de la distorsión. Pero sobre todo la creación del misterio.
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