|
ALEPH Temperatura y poder
Las esposas de los candidatos fueron ninguneadas.
Por:
Carolina Escobar Sarti
Afortunadamente, nada es para siempre. A escasos 10 días de las elecciones, la temperatura política sube varios grados y ya queremos que todo termine. Miles votarán al ritmo del tin-marín-de dos pingüé-cúcara-mácara-títere-fue, con tal de terminar de una vez por todas con este teatro del absurdo.
A estas alturas, las únicas personas que saben con certeza por quién votarán son: los familiares cercanos de los candidatos y candidatas, aquellos que tendrán chance por los próximos cuatro años, los financistas de las campañas, que no son precisamente filántropos, y los entusiastas de siempre que apoyarían con la misma vehemencia y lealtad a Hitler que a Gandhi, dependiendo de las circunstancias.
Aunque tuvimos indicios de ráfagas de aire fresco en el sistema de partidos políticos gracias a participaciones como la de Rigoberta Menchú en las elecciones actuales, todo va decantándose por la misma ruta de siempre. Yo situaría el poder como elemento central de mi análisis.
Aquí ganan los que más poder tienen, no los más capaces para gobernar a Guatemala. ¿O acaso no sabemos que los dos partidos punteros están ya casados indefinidamente con el poder económico, político, militar y/o religioso de este país? ¿Acaso no se han montado estos candidatos en las estructuras determinadas por los grupos de poder fáctico, tanto legítimos como ilegítimos, que manejan a Guatemala?
Dime quién te financia, con quiénes te juntas, quién te da el apoyo político y qué discurso manejas, y te diré si vas a ganar o no. Así se hacen las cosas en Guatemala. El ejercicio del poder se ha dado históricamente a partir de esas coordenadas, y veo lejos que las cosas cambien con una elección.
Así que no hay por qué sudar calenturas ajenas, porque esto que tenemos hoy es más de lo mismo. El poder económico está partido, como lo están nuestra derecha y nuestra izquierda, tratando de no poner todos los huevos en una sola canasta. Y el apoyo político que llega de países como Estados Unidos a los candidatos parece amarrarse más a la agenda de ese país que a la nuestra.
Quizás la única variable de estas elecciones es que el narcotráfico parece tener cada día más injerencia en la vida nacional, redefiniendo desde distintos escenarios las relaciones de poder.
Que conste que a ellos, como a aquellos empresarios de viejo cuño que afortunadamente son cada día menos y a algunos militares, les sirve bien un país de pistoleros y mafias, sostenido conservadoramente sobre obedientes guetos familiares y religiosos.
Ningún candidato llegó a estas elecciones con propuestas realmente innovadoras, y hasta parece que clonaron sus discursos en temas relativos a la seguridad, el rubro social y los valores familiares, sólo para mencionar algunos. Los que encabezaron las encuestas se cuidaron en todo momento de responder al discurso hegemónico actual: establishment, patria, Dios y autoritarismo.
Discurso que encaja perfectamente con una sociedad patriarcal que no termina de sacarse la bota de la cabeza. Es más, creo que de la época supuestamente democrática, han sido las elecciones más “machas”.
Las esposas de los candidatos fueron ninguneadas por una sociedad a la que no le interesa realmente verlas participar en política. Relegadas a un plano secundario, no entraron en debates necesarios para el país, no hicieron contrapeso en las campañas de sus maridos, como sí sucede en otros países; no dijeron ni pío, y ni siquiera representaron lo suficiente a la tradicional mujer-madre-esposa que tanto gusta a los grupos de poder.
La esposa de Colom quedó marginada en esta sociedad de castas, que ve con malos ojos a una “provinciana” con opinión; la esposa de Pérez Molina, ni vista ni oída, y no sabemos ni quién es.
La esposa de Giammattei apareció únicamente al inicio de campaña, reproduciendo la imagen de la mujer ejemplar, hasta con cuello de encajes. Pregúntenme por el resto.
Así que los cambios que presagian estas elecciones son de forma, pero no de fondo. La sociedad de Guatemala no parece lista aún para equilibrar las relaciones de poder y permitirnos elegir, no sólo votar.
|