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Guatemala, sábado 01 de diciembre de 2007

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Opinión

EDITORIAL
El poder del clamor popular

La Junta Directiva del Congreso de la República y los jefes de bloques parlamentarios se vieron obligados ayer a enmendar el tremendo error que cometieron los diputados el recién pasado martes, cuando intentaron, a espaldas del pueblo, recetarse una serie de prebendas, entre las que se incluye la indemnización para los que no fueron reelectos.

En conferencia de prensa se informó ayer que dichas medidas han quedado “sin efecto”, aunque está claro que hace falta que se lleve a cabo un proceso interno para corregir lo actuado, toda vez que ellos mismos reconocieron que se dijo que se reformaban los decretos 63-94 y 44-89, cuando en realidad se referían al 63-94 y al 44-86, lo cual les permitió encontrar una salida a la encrucijada en que se han visto envueltos.

Lo importante en todo este debate ha sido la respuesta general o, si se quiere decir de otra manera, el clamor colectivo, que finalmente es el que ha originado que los diputados tengan que reflexionar y reconocer que es necesario dar marcha atrás con una medida que a todas luces resulta impopular.

Claro que se ha tenido que encontrar un argumento legalista para obtener una salida que impidiera que la crisis llegara a mayores profundidades al interior de los partidos políticos, principalmente, en la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), que no desea principiar su gestión en enero próximo con un señalamiento de esta naturaleza.

Lo ocurrido el martes, ya lo hemos señalado, es algo que avergüenza a los buenos congresistas, aunque –como ya se vio, por declaraciones de algunos parlamentarios–, lamentablemente, enorgullece a los mediocres y corruptos.

Es claro que el “error” no es más que la excusa que la Junta Directiva y los jefes de bloques han encontrado para salir del embrollo en que se metió la mayoría de diputados de la actual legislatura, porque ya es vox pópuli que la decisión de autorizar la jubilación e incrementos salariales y otros beneficios se había dispuesto de manera consensuada desde hace varios meses.

¿Qué habría pasado si la reacción de la opinión pública hubiera sido pasiva y complaciente? Ninguna duda. Los “honorables” diputados que dejarán el Congreso, en enero próximo, habrían cobrado su indemnización, y los que permanecen, jubilosos recibirían su sueldo “indexado” y demás prebendas.

Los partidos políticos tienen ahora un reto muy grande. Por un lado, pueden hacer lo mismo que la directiva y los jefes de bloques, y pensar que todo se resolvió favorablemente o, si de verdad están comprometidos con la transparencia y el bienestar del país, proceder a la depuración de los malos legisladores, que intentaron burlarse del pueblo otra vez.

Entendemos que no es fácil, porque la tentación de pensar que “los votos cuentan y dan poder político” es muy grande para ganar espacio en el corto plazo, aunque en el largo debilita a las instituciones políticas, por carecer de visión nacional.

Es un triunfo del clamor popular que se alzó. Es un triunfo de la democracia, en donde la voz del pueblo se ha hecho valer.

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