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Guatemala, martes 04 de diciembre de 2007

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Opinión

EDITORIAL
Lecciones del “no” venezolano

El resultado del referendo realizado el domingo último en Venezuela ofrece lecciones que no deben ser dejadas por un lado, tanto entre el perdedor oficialismo como entre la victoriosa oposición, como suele ocurrir cuando los electores de un país expresan con claridad su mandato en una dirección específica, que para algunos puede resultar inesperada.

Hugo Chávez necesita asimilar la magnitud de la derrota. El abstencionismo fue de 44 por ciento, por lo que el porcentaje del total de ciudadanos que votaron en contra es, en números redondos, un 28 por ciento del total. Esto significa que, de los venezolanos, el 72 por ciento no estuvo de acuerdo con los planes de reforma a la Constitución, pero al votar en esa forma demostraron que, de algún modo, ya no apoyan al mandatario.

Chávez también debe entender que de ninguna manera lo retrata como demócrata el hecho de haber aceptado la derrota. Su verdadera personalidad política hay que encontrarla en las numerosas acciones autoritarias cometidas en el pasado y que, de haber sido aprobadas las reformas, lo habrían convertido en un monarca absoluto.

Por aparte, su fracaso vino como resultado de una serie de factores, entre los cuales no se pueden dejar de tomar en cuenta sus recientes actitudes en el terreno internacional, que provocaron en algún porcentaje del electorado venezolano una explicable reacción de preocupaciones y de vergüenza.

Los hoy victoriosos, hermanados y agrupados por su rechazo al “no”, deben comprender también las lecciones del referendo: la victoria solamente es posible cuando se presenta un frente unido, se abandonan los personalismos, y se tiene una participación basada en un objetivo general.

Pero ello no significa que Chávez se quede con las manos quietas y que no intente recuperar el terreno perdido a causa, fundamentalmente, de sus propios errores y actitudes personales. En otras palabras, es verdad que los venezolanos han ganado una batalla, pero las amenazas que afrontan en demasiados campos son patentes.

Los ausentes de las urnas también deben extraer conclusiones correctas. La mayoría de ellos se abstuvo de votar por desconfianza del respeto a los resultados; pero, al no presentarse a sufragar, en realidad propiciaron la posibilidad del triunfo de unas reformas políticas que afortunadamente no nacieron.

También la comunidad internacional precisa comprender las lecciones que le atañen. Los países latinoamericanos, sobre todo, deben ver la evidente sabiduría popular que florece en momentos de urgencia, como pueden ser calificados los días previos al domingo último. Los pueblos poseen sabiduría y, por la vía del voto, logran -sin violencia, pero con firmeza- algunos resultados beneficiosos.

El plebiscito del domingo puede ser considerado, con toda razón, como el inicio de un cambio beneficioso para Venezuela, aunque ahora esté dividida y polarizada de manera peligrosa. La participación política de Chávez se puede dividir en antes y después del 2 de diciembre, e igual cosa sucede con la oposición. De la comprensión de esto depende que ese país se mantenga dentro del orden y no haya sacrificios de vidas inocentes.

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