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DE MIS NOTAS Pulso entre la FAG y Aeronáutica Civil
Estamos en riesgo de perder la categoría 1.
Por:
Alfred Kaltschmitt
El viernes recién pasado, un grupo de pilotos estábamos almorzando en las instalaciones del Aeroclub. Nos percatamos de que un gigantesco avión de American Airlines estaba en “final largo”, término que significa que seguía el procedimiento estándar de descenso, y había enfilado hacia la pista para efectuar el aterrizaje.
Nos sorprendió que un escuadrón de aviones de la Fuerza Aérea estuviera en fila en la pista 1, listo para despegar, pero, a pesar de que la nave de American Airlines seguía en descenso y se acercaba, los aviones no despegaban.
Sorprendidos, nos levantamos de nuestras sillas, pues esto es totalmente anormal. “¿Por qué no les ordena la torre de Aeronáutica que despeguen inmediatamente?”, preguntó un invitado.
Alguien le respondió que cuando los aviones de la Fuerza Aérea hacen prácticas, como era el caso en ese momento, cambian a la frecuencia militar, y no pueden escuchar a nadie.
La tensión aumentó. La aeronave de American Airlines se acercaba, y los aviones no despegaban. Al llegar a la distancia crítica, el enorme jet suspendió el aterrizaje y se volvió a elevar. Todos nos miramos perplejos.
Un avión comercial siempre tiene preeminencia para aterrizar; no sólo por cuestiones de seguridad, sino por el alto costo de operación, que asciende a cientos de dólares por minuto. En este caso, algo inaudito había pasado: por hacer prácticas de vuelo para el Día de la Aviación, una aeronave comercial corrió un riesgo innecesario, y no se le dio la prioridad requerida.
Hubo tiempos durante la guerra fría en que el aeropuerto La Aurora estuvo bajo férreo mando militar. Hoy, la situación es diferente. Se firmó la paz, y ha cambiado su papel. De hecho, esa institución no está pasando los mejores momentos de su historia.
Tiene muy pocos aviones, pocos recursos para mantenimiento y partes, y una luna política menguante, con promesa de futuro muy incierto. Hace poco, su comandante declaraba a los medios “que la Fuerza Aérea no saldrá jamás de La Aurora”. Como si percibiera que el eventual traslado a la base de San José fuese inminente e imparable.
El acoplamiento con las autoridades civiles del aeropuerto ha sido lento y doloroso. Se resisten a aceptar que los tiempos han cambiado y que las normativas y restricciones impuestas por la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) y la Administración Federal de Aviación (FAA, en inglés) deben ser atendidas o se pierde la categoría 1, alcanzada con gran esfuerzo hace algunos meses.
En vez de respetar las nuevas disposiciones internacionales, las han resistido. Y como si siguieran un plan de relaciones públicas, la Fuerza Aérea ha organizado seis conciertos en la rampa de estacionamiento y hangares.
Eso implica tener tráfico de personas a 60 metros de la pista. Hace unas semanas, algo más inaudito sucedió: organizaron un campeonato de vuelos de aeromodelismo, o sea, que estos avioncitos de motor estaban volando en el espacio aéreo del aeropuerto (¿?).
¡No contentos con este despliegue de audacia, organizaron, hace unos días, competencias de barriletes! No se necesita ser experto para calcular el riesgo, si falla el mecanismo de radiotransmisión y uno de estos aparatos se sale de control, o si a un barrilete se le rompiese la pita.
¿Qué está pasando? ¿Un pulso político con mensaje implícito? Yo diría que ambos. Lo aconsejable sería que se desarrollara una convivencia profesional, acorde al honor, a la tradición y a la gloriosa historia de la Fuerza Aérea.
Hacer lo contrario, sólo agilizaría su fin.
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