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Guatemala, domingo 16 de diciembre de 2007

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Opinión

ESCENARIO DE VIDA
¿Ve usted la similitud?

Érase un reinado donde sin una clara visión hacia dónde dirigir el desarrollo económico podía llevarnos a un encarecimiento y escasez de la comida, y la hambruna sería la orden del día.
Por: Vida Amor de Paz

“Saquen más piedra caliza”, decía un cacique emplumado; “Enciendan más fuego”, gritaba otro vestido con una capa de piel de Jaguar. “Corten más árboles que estos no son suficientes”, vociferaba un hombre con voz ronca y piel oscura en el período Preclásico Tardío. “Apresuren el estuco de cal, arena y agua para levantar otro templo” finalmente decía el rey.

Todas eran órdenes provenientes de los antiguos mayas en la época en que llevaron a esta grandiosa civilización a un declive por sus excesos.

Arrasar mil 600 hectáreas de árboles para levantar una pirámide era normal y justificable si se trataba de que el rey sintiera que su poderío era el más importante de todos y que sobrepasaba su imperio al de todos los demás. Las paredes se construían cada vez más y más gruesas, lo que era sinónimo de poder. El “consumo desmedido” y la competencia entre unos y otros llevó a los mayas a la hambruna, al cambio climático y a su desaparición.

Hoy en día nos reproducimos a una velocidad impresionante hasta haber llegado a seis billones de habitantes. Quemamos combustibles fósiles y emitimos 5.5 billones de toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera. 1.5 billones de esas toneladas corresponden al cambio de uso de suelo: la deforestación. ¿Ve usted la similitud?

“No quiero que mi hermanastro tenga mejores cosechas”, decía un príncipe. El rey era polígamo y los príncipes se peleaban entre sí, por poder y riquezas. “Destruyámosles su sistema de irrigación”. “¡Vayamos a la guerra!” Y en el proceso invadían tierras fértiles y se concentraban en zonas boscosas, pero todos con la avaricia de poseer más.

“Vámonos al Petén” decían los agricultores y algunos azucareros de nuestros tiempos, sin recordar la responsabilidad social empresarial. ¡Botemos árboles y sembremos caña para hacer etanol y mostrar nuestro poderío!”. “Ganemos más dinero y de paso reduzcamos las emisiones con biocombustibles”, decía un hombre no necesariamente emplumado, sino metálicamente equipado. “Superemos los ingresos económicos anteriores”, vociferaba uno de ellos.

Los que se alejaban sabían que si la producción de biocombustibles se usaba como una opción energética sin planificación, sin medir el impacto ambiental o social, podía dañar la producción de comida misma.

Érase un reinado donde sin una clara visión hacia dónde dirigir el desarrollo económico podía llevarnos a un encarecimiento y escasez de la comida, y la hambruna sería la orden del día. Sin un rumbo, también nosotros vamos directo al precipicio. Nuestra civilización debe, entonces, despertar a tiempo, porque la civilización maya no lo logró. ¿Ve usted la similitud?

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