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EDITORIAL La misión de un presidente
Bolivia está actualmente dividida y al borde de enfrentar una secesión, mientras que Venezuela se muestra como una nación dividida y confrontada. En ambos casos, sus gobernantes han olvidado que representan la unidad nacional y pretenden imponer sistemas políticos contra viento y marea.
Hugo Chávez, en Venezuela, empezó con abrumador mandato popular, pero pronto empezó a dirigir el país a su sabor y antojo, y anunciaba un gobierno socialista, pero sin respetar ni tomar en cuenta la opinión de lo que en su momento parecía una minoría.
El camino que utilizó, lamentablemente, fue el de buscar la confrontación de clases, para obtener así el apoyo de los sectores populares, sin medir el daño que le ocasiona a todo un pueblo que está profundamente dividido, pero que además muestra crecientes reacciones de un enorme resentimiento social.
Evo Morales intenta repetir el camino de Chávez, y lo primero que ha intentado es reformar la Constitución, pero lo ha hecho de una manera tan anómala que ha llevado a su país al borde de una guerra civil. Parte del país desea separarse políticamente e incluso dividir el territorio y declararse autónomos.
Habría que ser ciego para negar que tanto en Venezuela como en Bolivia existen grandes diferencias sociales y que la desigualdad, como ocurre en Guatemala, es uno de los principales problemas que deben enfrentar los mandatarios.
Sin embargo, al tratar de imponer cambios y restringir libertades sin que exista respeto al estado de Derecho y a las garantías individuales de todos los ciudadanos, se está violando principios elementales del sistema político que a ambos gobernantes les permitió llegar al poder: la democracia.
La forma atropellada en la que se ha aprobado la nueva Constitución boliviana es, a todas luces, antidemocrática. La concentración de poder que Chávez ha logrado para gobernar con mano férrea corresponde más a un concepto de dictadura militar, que al de democracia representativa.
Sin embargo, los populistas muchas veces llevan a este tipo de confrontaciones a los países. Si no, basta recordar los discursos del ex presidente Alfonso Portillo y las actitudes de los eferregistas que con él gobernaban: tales mensajes siempre estaban dirigidos para dividir a la población.
“Divide y vencerás”, reza un viejo decir que jamás debiera ser puesto en práctica por gobernantes que están llamados a unir y no a fragmentar a los países.
En Guatemala estamos por iniciar un nuevo gobierno. No importa la corriente ideológica del partido ganador o la del futuro presidente.
Álvaro Colom se ha declarado socialdemócrata y eso no debe representar ningún problema para el sistema, siempre y cuando se respeten los principios democráticos.
Chile, Argentina y Brasil son países que también se definen como socialdemócratas, pero en ninguno de esos países se ha visto que los gobernantes originen la polarización que sufren Venezuela y Bolivia, y que se anticipa en Nicaragua y Ecuador.
La gran diferencia es la actitud de los gobernantes que saben cumplir su principal misión: representar la unidad nacional.
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