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Claro y Conciso Sólo un privilegio: Los principios
Por:
César García
Opinión
La vida sería tan distinta si los seres humanos se convencieran solamente de una cosa: hacer lo que deben... y también lo que quieren, siempre que ello coincida con lo que deben hacer.
Pero eso no pasa en todos los casos, por una simple razón: se han atropellado los valores, sustituyéndolos -trágicamente- por los antivalores.
Son a los antivalores fundamentados en la codicia los que vemos todos los días apoderándose de muchas instancias privadas y públicas, las cuales justifican la transa, el soborno y tráfico de influencias, confiriéndole -a la malandanza- epítetos de “competitividad, modernidad, equidad, visión”, etcétera.
Las caídas de todos lo imperios que han dominado el mundo, de las economías más prósperas, así como de dictadores, han tenido un común denominador que ha sido, la agresión -continuada- a los valores.
Pues esa actitud destructiva socava indefectiblemente las bases de la sociedad, la institucionalidad y promueve un entorno hostil para la persona decente y para el emprendedor que desea competir con una escala de valores correcta, dentro de un clima que repudia los valores y principios fundamentales, y fomenta la proliferación del crimen, en cualquiera de sus formas, pues no es únicamente criminal quien hurta o asalta, sino -también lo es- todo aquel que burla la ley.
Traicionar los valores y admitirlos -como una normalidad- dentro de la cosa pública, o peor aún fomentarlos, mediante el soborno, la compra de leyes en beneficio propio o en detrimento de la competencia o las mayorías tarde o temprano será el equivalente a construir una bomba casera que nos explotará en la cara.
Guatemala no ha logrado salir del tercermundismo, y no lo logrará si continúa soslayando privilegiar, lo único que merece privilegio: la inteligencia y los principios y valores.
El reino de los antivalores pues, tiene implicaciones políticas, económicas y de desarrollo humano.
El Congreso -cerrando con broche de oro su año “laboral”- nos dio una muestra ejemplar de la agresión a los valores, al fomentar -en medio de la miseria, la ignorancia y la desnutrición crónica infantil- el empobrecedor mercantilismo, a la vez que demostraba su complacencia a variopintos grupos de presión.
Cito los casos
1. Etanol: se tramita una ley para que todas las gasolinas se cuarteen con etanol, es decir, que -por ley- en el caso de que esta aberración jurídica pasara, usted se verá imposibilitado a comprar gasolina pura para su vehículo, deberá consumir -forzosamente- etanol.
Esa ley atropella no solamente los principios, sino también los derechos del consumidor.
2. Fumar en lugares públicos: Existe una iniciativa para terminar con esta costumbre que afecta a los comensales no fumadores, incluidos niños, lo pernicioso del humo del cigarrillo está ampliamente demostrado. EE.UU. se adelantó hace mucho en aplicar esta prohibición, pero -paradójicamente- la Amcham -a la tortrix- se opone a la prohibición en nuestro país, al esgrimir el argumento de que la ley “no puede limitar lo que hagan los restauranteros”.
2. Cerveza: Próximamente quienes quieran degustar una cerveza importada, ésta les costará más, pues -dentro del marco de la globalización y el “libre” comercio- ésta resultó con un oneroso impuesto, en beneficio de las cervezas locales.
Estos casos aislados son solamente algunos ejemplos -entre muchos- de doble estándar moral, proteccionismo y mercantilismo, llevado a niveles de legislación.
¿Será el rol de los diputados proteger particularidades, o propiciar una legislación de beneficio para las mayorías, en pro de la libertad, el crecimiento, el estado de Derecho y los principios morales? Respóndase usted.
Estas épocas que discurren entre meditación, nostalgia y juerga, también son propias para hacer un alto en el camino y proponernos ser leales, defensores, propugnadores, de la virtud y la decencia, sin las cuales ninguna nación tiene futuro promisorio, ni economía próspera, ni erradicará la corrupción, el hambre o la miseria ¡Piénselo!
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