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EDITORIAL Transición pudo haber sido mejor
Por primera vez desde 1986, cuando se restituyó la democracia en el país, el gobierno saliente preparó un amplio programa de transición, con el fin de facilitar el cambio de autoridades y hacer que el funcionamiento del complejo aparato burocrático no se viera afectado como ocurre cada cuatro años.
Después del triunfo electoral de Álvaro Colom y de la Unidad Nacional (UNE) de la Esperanza, el 4 de noviembre, se esperaba que se integrase el Gabinete y se conocieran los nombres de los principales funcionarios del nuevo gobierno, con el fin de aprovechar ese proceso de transición que tanta falta hizo a todas las administraciones anteriores, desde Vinicio Cerezo, pasando por Jorge Serrano, Álvaro Arzú, Alfonso Portillo y el propio Óscar Berger.
En esta ocasión la labor empezó primero con equipos de trabajo de los dos candidatos finalistas en distintos ejes temáticos, siempre con la finalidad de hacer que el acceso al poder fuera mucho más fácil y que los lentos engranajes de la administración pública no fueran obstáculo adicional a los que siempre se encuentran en el inicio de cualquier gestión.
El propio Colom declaró que anunciaría su gabinete de ministros el 1 de diciembre, lo que permitía suponer que después de ello se conocerían los nombres de los integrantes de los cuadros medios y, entonces sí, el esfuerzo de la transición daría buenos resultados.
En la práctica no ha sido así. El presidente electo ha tenido que sortear problemas internos para integrar su Gabinete. En algunos casos se busca cumplir con cuotas étnicas y de género, mientras que las distintas corrientes que hay dentro de la UNE tratan de influir para llevar a determinadas personas a los puestos que consideran clave.
A este complejo panorama se ha sumado el que ahora se espera que los ministros sean de la corriente socialdemócrata, un término que en la campaña electoral se utilizó poco, pero que ahora se ha convertido en el estandarte de lo que será la administración Colom.
Todo ello ha impedido que la transición sea más fluida y a la vez profunda, con el efecto negativo de que al fin y al cabo se verá después del 14 de enero, cuando muchas decisiones principiarán a tomarse en todos los ministerios sin el conocimiento preciso sobre la forma en que se tiene que trabajar en la administración pública.
Colom debe recordar que de la calidad de sus funcionarios dependerá el resultado de su gestión.
Si los resultados no son buenos, poco importará que los funcionarios cumplan con los requisitos de ideología, género o etnia que el futuro gobernante desea. Lo que la población quiere es que éstos sean capaces y probos y que estén al servicio de los intereses populares y no particulares.
La tarea de gobernar no es fácil, pero gran parte de la respuesta que hay que dar a las expectativas de la población se basa en la capacidad para entrar de lleno en la solución de los problemas de cada área, y para conocerlos mejor, la oportunidad era efectuar una eficiente transición.
El tiempo perdido siempre se llora. Ojalá no se siga desperdiciando la oportunidad de empezar con más fuerza.
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