Guatemala, 31 de diciembre de 2007
Género Enseñan corte y confección a niñas y adolescentes del área rural
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) proporcionó máquinas manuales de coser para las alumnas.
Se espera que evite migración femenina.
• 250 niñas y adolescentes, de entre 7 y 17 años, participaron en la capacitación.
• El objetivo es capacitar a las mujeres de familias humildes, para que no tengan que abandonar sus aldeas en busca de trabajo en áreas urbanas.
• Al emigrar, son empleadas como domésticas, en muchos casos son explotadas.
“En el curso me enseñaron que podía dedicarme a coser y bordar para ganar dinero, con el objetivo de seguir estudiando”.
Marta Rutilia, beneficiada, de la aldea Chipel.
Por Aroldo Marroquín
San marcos
Comitancillo. Niñas y adolescentes de este municipio participan en talleres de corte y confección, a fin de capacitarse para involucrarse en el sector productivo y así contrarrestar la migración hacia la capital y otros centros urbanos, donde tienen que trabajar como empleadas del servicio doméstico.
También aprenden a bordar huipiles, como parte de un programa que lleva a cabo el Ministerio de Trabajo.
De esta manera se evita que las niñas y adolescentes se empleen en tareas que no son propias de su edad y en sitios donde son explotadas.
“Como son indígenas y humildes, quienes las contratan abusan de ellas al imponerles tareas sin límite de horarios, por sueldos miserables. Es más, se ha comprobado que muchas son maltratadas, y abusadas sexualmente”, señaló Karla Arreaga, instructora del proyecto, que concluyó la semana pasada.
Agregó que al menos 250 niñas y adolescentes, de entre 7 y 17 años, formaron parte en el aprendizaje.
Como un incentivo, la organización internacional del Trabajo (OIT) les ha proporcionado máquinas de coser, para que puedan agenciarse de fondos en sus propias comunidades.
Marta Rutilia Gabriel, participante de 15 años, dijo que sus padres le dieron permiso para integrarse al proyecto de prevención del trabajo doméstico. “Aprendí a utilizar la máquina de coser y a aplicar bordados a los huipiles”, manifestó.
Ahora tiene la intención de abrir un taller de corte y confección, para ganar dinero y continuar con sus estudios. “Vengo de la aldea Chipel, y soy de una familia pobre”, expresó.
Según Karla Arreaga, el programa involucró a madres, niñas y adolescentes, a quienes se les regaló un cerdo para que lo críen y así generen ingresos familiares.
En Comitancillo, 80 por ciento de la población vive en la pobreza, y los niños y niñas abandonan la escuela en agosto, para trabajar en la agricultura.
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