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EDITORIAL Tragedia causada por crisis bancaria
La crisis de la banca nacional tuvo ayer un giro dramático al conocerse el suicidio del señor Roberto Lemus Alvarado, un piloto aviador retirado que perdió en el Banco de Comercio todo el dinero ahorrado en su vida de trabajo.
Luego de haber afirmado a la prensa escrita y televisada, en las instalaciones del Congreso, que estaba dispuesto a quitarse la vida por haberse quedado sin nada, se fue a una granja cercana, de su propiedad, y se quitó la vida de un pistoletazo. Cumplió su amenaza.
Este caso identifica como pocos el drama humano que se esconde o a veces sale a luz, en los casos como los ampliamente conocidos cierres de los bancos guatemaltecos. Aquí no es asunto de hablar de falta de entereza para enfrentar la adversidad, ni de ninguna otra posible explicación derivada de los conocimientos de Psicología, Psiquiatría o Medicina.
Es la desesperación derivada de saber que no se ha hecho nada incorrecto, que se ha confiado en el sistema y que, de pronto, por malos manejos y abusos de determinadas personas, desaparece de la noche a la mañana, literalmente, el fruto de toda una vida de esfuerzos arduos.
Lo ocurrido debe servir para que quede clara la necesidad de enfrentar la crisis de manera directa e institucional. No son uno, dos o tres los bancos que han tenido problemas. Es el sistema financiero el que se ve afectado porque con toda razón los ciudadanos empiezan a desconfiar y a -según ellos- poner a buen recaudo su dinero dentro de sus casas. Lo que hace algunas semanas calificamos en este mismo espacio como el “efecto colchón”.
Cada vez es más urgente dar explicaciones claras acerca de las verdaderas causas de todo lo ocurrido en los tres meses que de hecho ha durado la crisis bancaria. Parece como si las altas autoridades del Gobierno, de las finanzas nacionales y de la banca no se dieran cuenta exacta de la gravedad de una crisis que está lejos de terminar y, lejos de ello, es válido y justificado pensar que pueda explayarse.
Las autoridades realizan acciones inexplicables. En vez de actuar de inmediato, hasta ayer hicieron 13 allanamientos para buscar culpables, pero esa acción casi resulta ridícula por lo tardía: obviamente no encontraron a nadie.
Son demasiados los casos de gente que ha estafado a los cuentahabientes y luego se va al extranjero para gozar de los dineros mal habidos, sin que las autoridades de este y del anterior gobiernos hayan hecho nada por intentar siquiera extraditarlos. Es una demostración de que existe certeza de la impunidad hasta en los niveles más altos del mundo de los negocios.
El conocimiento popular de todo lo ocurrido provoca la justificada reacción de enojo y muchas veces de desesperación. Es allí donde el problema se vuelve político, porque muy pronto será el Gobierno el que, con razón o sin ella, sea considerado responsable. En un año electoral, esto afectará sin duda alguna al candidato oficial y a todos los que sean vistos como representantes de un sistema político y económico que es capaz de causar semejantes tragedias.
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